01 julio, 2008

La boda del Chele (o el especial de Nochevieja)

Bailando en la pista central de la boda del Chele, pensé en voz alta. Las bodas en verano son clavaditas a los especiales de Nochevieja de Televisión Española. Música hortera gran reserva (que me encanta), todos vestidos con las mejores galas y ese toquecillo que sólo tienen las grandes ocasiones. Me han dicho que los especiales de navidad se graban en agosto. De verdad. La gente me daba la razón, todos los amigos del Chele partidos de la risa. A la próxima boda, llevaré bolsas de cotillón para complementar el look nocheviejense con los matasuegras y collares hawaianos de rigor.

Todo había empezado horas antes, en una de las ceremonias más accidentadas a las que he tenido el gusto de asistir. Primero, se me desmontó el vestido: se descosió un tirante que mi madre arregló a toda velocidad con un providencial costurero de hotel que un invitado llevaba en su coche. No sé quién era el señor en cuestión, pero si no llega a ser por él, habría tenido que ir a la iglesia envuelta en el mantón de Manila en plan diva sicalíptica (adoro esta palabra) de los años veinte. Después, una vez hechas todas las presentaciones, firmada la tarjeta de regalo y cuestiones similares, entramos en la iglesia. Dios mío, aquello parecía el Templo del Sol, un millón de grados y sin aire acondicionado. Sólo faltaban los sumos sacerdotes indígenas sacrificando vestales. El novio, cerca de la combustión humana espontánea (con dos abanicos mientras yo cantaba lo de disco-ibizzzzzza-locomía), yo pensando que las medias se me pegaban a la piel sistema derretirse, Queens abanicándose como si le fuera la vida en ello, y Undeath diciendo que a los alérgicos, encerrados ahí con esa temperatura y todo lleno de flores, nos iba a dar un soponcio.


Y la novia que no llegaba. Aquello era más grave que el retraso de rigor: la organista y la soprano miraban con cara de preocupación. La madrina, ni os cuento. Al final, Chele se me acercó y me dijo que la novia, con los nervios de la ocasión, se había dejado el ramo en casa. Se había dado cuenta, por lo visto, cuando ya estaba cerca de la iglesia, así que había tenido que volver a toda velocidad. Ay, hermaníssima, cuánto te eché de menos. Si llega a ir contigo en el coche, el proceso habría sido rapidísimo (es una hacha conduciendo, mi sister), pero claro, no… y allí estuvimos esperando más o menos una hora. Mi madre y yo nos salimos de la iglesia, ella a fumar un cigarrito y yo a escapar del polen, así que terminamos siendo las que entramos diciendo que viene, que viene, todos a sus puestos. Mike a leer el salmo responsorial, nosotros con la sonrisa de somos los amigos guays, mi madre emocionada y el cura haciendo una homilía que más bien parecía un monólogo del Club de la Comedia… en fin, lo normal.


Al final, lanzamiento de arroz más o menos a traición… y cuando los novios se subían al coche, sale el sacerdote con algo en la mano…

- ¡La novia ha vuelto a dejarse el ramo!

Hago la nota mental de no pillar el ramo de marras cuando la novia lo tire. Por si acaso.


Más secos que una expedición al Sahara cuyo único alimento fuera un kilo de polvorones, nos repartimos en los coches y salimos hacia al ágape. A mí me tocaron mis chicos malos favoritos de la clase, el Dr. G y el Caballero Llerai, así que fuimos todo el camino muertos de risa. El cóctel (o cóptel como diría Tato) estuvo fenomenal, sobre todo porque Undeath se encargó de mantenernos bien alimentadas a Queens, a su chica y a mí haciendo aparecer mágicamente platos de jamón serrano. Hacía un hambre… y de repente decidimos que queríamos sacarnos una foto con los novios. Mike vino a decirme que a ver si podía supervisar la operación, un tema harto complicado, porque todo el mundo sabe que a los contrayentes de todas las bodas alguien les administra una pastillita que hace que tengan una sonrisa a prueba de bombas pero que anula totalmente su capacidad de raciocinio. Los pobres están tan nerviosos que ni sienten ni padecen. Así que yo, al grito de pillad una croqueta y poneros pa’ la foto, gestioné el tema y en un minuto nos estábamos colocando muy guapos todos ante el photocall improvisado en el que se convierten todos los bodorrios.


Hala, a cenar. Para la hora de la cena, yo ya era presa de un ataque de nervios considerable, porque en calidad de amiga, poeta aficionada o persona de confianza en general con el verbo florido (táchese la que no proceda), los novios me habían pedido que me dirigiera a la concurrencia dedicándoles unas palabras a modo de brindis. Y encima, en dos idiomas, ya que la novia es polaca. Menos mal que su hermana me ayudó gentilmente traduciendo simultáneamente lo que yo decía. Pero ¿cómo se hace para que los invitados se pongan un poco en silencio? Eso es pan comido. Con la cucharilla de la tarta y el vaso de tubo de la cocacola de Queens, improvisé una campanilla que me permitió hacer el discurso. Hala, a emocionarse todos. Levantemos nuestras copas…


Mientras, Queens resistía estoicamente una picadura de avispa que le había puesto el brazo como un tambor, Edward Triumphaleye confraternizaba con el resto de invitados de nuestra mesa (era la única en la que había personas españolas y polacas, nosotros siempre en la primera línea de la diplomacia internacional) y el Dr. G y el Caballero Llerai se encargaban de rememorar tiempos universitarios.


Los novios inauguraron el baile con una coreografía muy bonita, mucho mejor que el sempiterno vals, y los invitados nos incorporamos a ritmo de pasodoble. Mike y yo gritando lo de la española cuando besa, es que besa de verdad, bailando en plan superprofesional. Queens se arrancó por rumbitas, y pronto el grupo de los amigos de la universidad estaba animando el cotarro. Hay un vídeo de todos cantando Sufre, mamón que como lo suban al YouTube somos capaces de ganar Mr. Cantautor Revelación. Aquello no tenía desperdicio.


La cosa terminó sobre las cuatro de la mañana, Queens con ganas de más juerga, unos que se iban en autobús, otros que recogían el coche, y yo parándome un segundo para pensar.


Que os vaya muy bonito, señor y señora Chandler. Bonito de verdad.


(Eso es todo… y creo que soy el único blog de España que no ha hablado de la Eurocopa. Yo, siempre a contracorriente. Si me lo dice hasta mi madre.)



La foto... es cortesía de Queens (Bob, tengo cámara nueva, ya te contaré...)

4 comentarios:

cerobu dijo...

el tuyo no es el único blog en el que no se habla de ese asunto...ya somos (por lo menos) dos...

Un abrazo

Queens dijo...

Una boda como esta había que contarla no tuvo desperdicio desde el principio al fin.

Besos

Q

Jaco dijo...

Yo tampoco hablé de la Eurocopa. Creo que ni siquiera dije allí que quería que ganase Turquía ( y es lo único que he dicho durante este mes de exámenes)

Sin embargo, si tengo tiempo, pensaré en hablar de ella para poner esta viñeta de Mel:

Un beso

Kika... dijo...

cerobu... pues déjame un enlace a tu blog... y así lo leo!!!! Somos outsiders de la Eurocopa! Mola!

queens... y me he dejado algún detalle, ¿verdad? Qué bien nos lo pasamos!

jaco... muy buena la viñeta. De hecho, hubo un momento en el que le dije a mi madre... ¿esto no será "panem et circensis"? Y ella me miró y no dijo nada.

besos y magia a todos!
K