29 junio, 2008

La boda del Chele (los preparativos)

Clari lleva semanas empeñada en que mi amigo Chandler se llama Chele, como su primo. No hay manera de sacarla de su convencimiento, por mucho que le haya explicado que Chandler se llama así (más bien, le llamamos así), por la manía del Caballero Llerai de buscar parecidos razonables. Se tiró todo el tercer curso de la carrera diciendo que si ese era clavado a no sé quién, que si la otra se parecía mucho a tal… Nos trajo fritos. Su apuesta era que me parecía a Eva Sannum, la que era por entonces – vamos para viejos ya – novia del príncipe. Ahora, el Caballero Llerai reconoce dos cosas: que soy más guapa que la Sannum (menos mal) y que el apodo de Chandler se debe a un lamentable error. Kika, si es que es clavao al otro de Friends… sí, sí, al Ross. Tiene narices.

El caso es que anoche se nos casaba el Chele, como dice Clari. Se nos casaba, porque el concepto era ese, a medias conciencia de pérdida y a medias alegría. Y toda mi familia estaba invitada, porque mi madre quiere a la gente de mi facultad como si fueran un poco hijos suyos, y ellos la quieren a ella como si fuera un poco su madre. La hermaníssima siempre recuerda que Chele durmió una vez en su cama… sin ella dentro, que quede todo muy clarito.


Lo peor de las bodas son los preparativos. Queens y yo llevábamos semanas a plan salvaje para estar estupendas. Nos habíamos propuesto también realizar una cura de sueño con el fin de no tener ojeras, pero los acontecimientos de la semana, especialmente el concierto del Sahara, nos lo habían impedido. Los invitados tenemos que hacer nuestros preparativos, y las invitadas, aún más. Siempre digo que ser mujer es como tener una granja, así que hay mucho que rastrillar, colocar en su sitio, quitar, poner y todo eso. Así que el ritual de belleza comenzó el viernes por el Messenger. La conversación fue más o menos así, digna de una obra de Pinter o Ionesco:


Kika dice: tía, ya he pillado las medias, menos mal. me he comprado seis pares por si aca

Queens dice: 6 pares? ni que tuvieras doce piernas! no crees que exageras?

K: no, no, que siempre se me rompe alguna. además he ido al mercadona a pillar material… pedazo de sección de perfumería que tienen en ese super. ay qué pena poder aspirar sólo a la perfumería de supermercado…

Q: huy, yo también me he comprado un montón de cosas, me he dado un poco de autobronceador y tengo una buena cara que te mueres…

K: madre qué envidia. yo voy a pasar del autobronceador, porque me deja unos ronchones que no veas.

Q: oye, sabías que cruzar las piernas causa celulitis, varices y retención de líquidos?

K: y además cruzarlas en la iglesia es de mala educación… ya ves, el protocolo es bueno para la belleza

Q: pues te advierto también de que tocarse la cara es malísimo, por lo visto te la llenas de bacterias y eso…

K: pero queens… como vamos a estar llenos de bacterias? si siempre nos lavamos!

Q: que no, que no, que lo estoy leyendo en un artículo del 20 minutos… te paso el link


Y me pasó el enlace. Titular: EVITA LOS GESTOS QUE ESTROPEAN TU BELLEZA. Toma ya. Bajo tan impactante primera línea, una foto de la Preysler en la que sale más joven que sus propias hijas. Mal presagio. Isabel I de Porcelanosa nos lleva años de ventaja en términos de botox, cremas (no del Mercadona) dietas macrobióticas y levantarse a las doce de la mañana sin demasiadas preocupaciones a las que hacer frente. Que sé yo de muy buena tinta que ese es el verdadero secreto de su belleza.


A ver qué gestos arruinan la belleza. Según el artículo, no había que cruzar las piernas (nota mental: descruza las piernas, Kika, que esa no es posición para escribir, vas a terminar cerdulítica perdida, como dice la hermaníssima), ni restregarse los ojos (madre mía, ¿qué se hace si te pican?), ni tocarse la cara (por eso de las bacterias), ni morderse los labios (con lo sexy que queda). Nada. Ya me imaginaba yo metida en una cámara de oxígeno como Michael Jackson, que por cierto tiene una piel mucho peor que la mía. Fumar es malísimo, que también lo ponía (para ese viaje no necesitamos alforjas), y mordisquear bolis y lápices perjudica seriamente la dentadura.


Nos van a quitar todos los vicios. El tabaco, el alcohol (eso no lo ponía, pero ya lo sé yo), morder los bolis y hasta tocarnos la cara cuando nos salga de las narices. Cierro FireFox y vuelvo a mi conversación por el MSN.


K: madre mía, qué horror, no vamos a poder hacer nada. mira, yo me voy a depilarme. porque encima de cagarla con todos los gestos esos del artículo, no voy encima a tener pelos.

Q: yo voy a hacer lo propio. pero no lo pongas en el blog, que te conozco…

K: el qué? que nos tenemos que depilar? sí, la verdad es que no tiene mucho glamour, y nosotras somos bellas y perfectas y no tenemos ni un pelo fuera de su sitio. aunque la verdad es que las imperfecciones no importan: me he comprado una cosa en el mercadona que se llama flash, y que si hace todo lo que dice… hidrata, borra las arrugas, elimina las ojeras, pone buena cara, mejora el tono, permite una adecuada aplicación del maquillaje. y sólo vale dos euros y pico…

Q: te dejo, que me lo voy a pillar, el flash ese. aunque no nos haga falta.


No, si ya lo he dicho. Ser mujer es como tener una granja.


Aunque el Lobo siempre me recuerda que ser hombre es como tener un zoo.


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