23 junio, 2008

Juernes (primera parte)

Ha nacido un nuevo día de la semana. Tiene una duración variable entre veinticuatro y noventa y seis horas, vamos, que empieza el jueves y puede llegar hasta las doce de la noche del domingo. Se llama juernes, o así lo llaman. Un buen juernes puede ser farra ininterrumpida, dormitar en el trabajo, comer en una terraza mientras te da el solecito, echarte la siesta y volver a salir de juerga.


Mi juernes empezó el jueves, como debe ser. Tenía que llevar el coche al taller a hacer la revisión anual, así que ahí me tenéis, con la legaña pegada, con un incipiente ataque de nervios – había hecho el examen oral el martes y la nota se esperaba para el viernes – y muy pocas ganas de hacer nada. Para pasar el tiempo hasta que me llamaran del taller, decidí irme a desayunar con Miss Sarajevo. Nada de ir en metro, que me agobio. La ansiedad pre-resultados-examenticios es muy mala. Así que me fui andando, tardé más de una hora, pero no me importó. Si alguien me entendía los nervios, los agobios, las ganas de gritar, la piel escocida por un sol inexistente, era Miss Sarajevo. Me invitó a descafeinado con churros, y fui feliz por primera vez en la semana. Porque era una semana de mierda, seamos sinceros. Empezó a torcerse el martes y pasé casi tres días esperando algo peor.


La dolorosa del taller ascendía a más de ciento setenta euros. Por no hacer nada, o hacer muy poco, porque mi coche apenas tiene kilómetros. Encima me dicen que de la presunta revisión pre-ITV, no me han podido comprobar ni las emisiones ni los frenos porque no tienen máquina. Pensé que se reían de mí: para mirar el nivel del líquido lavaparabrisas y la presión de los neumáticos ya estoy yo.


Salí del taller con el saborcillo inequívoco de que me habían timado. Y de ahí, a casa, porque venía Heavy a probar el previo de mi guitarra nueva. Segunda estafa de la semana: el previo no funciona. Me cago en todo, me cago en todo. Mañana me suspenden, fijo. Como esto no se enderece, me vuelvo a la cama hasta que tenga cuarenta años. La guitarra la compré por internet, así que a ponerme en contacto con la tienda, que está en Francia. Fui muy educada, dadas las circunstancias. Me abstuve de decirles que son esos animales que nos vuelcan los camiones de fruta cuando se cabrean. Pero tuve ganas, de verdad. Primero me cobraron sin enviarme la guitarra, cuando finalmente la enviaron tardó un siglo en llegar, y finalmente no funciona bien. Uf.


Viernes por la mañana. Menos mal que he pedido cita previa para la ITV. Esto va a ser un paseo militar porque el coche está recién salido del taller y me han cobrado un riñón que no tengo. Pago la tasa y paso la inspección. El mejor momento, cuando el tipo me dice que ponga el coche a 3.000 revoluciones, y yo le digo que si quiere lo hago de oído, porque cuando me compré el coche el tacómetro era opcional, y yo no tenía el presupuesto para opciones. Al final, la sorpresita. Recordemos las cosas tenían tendencia a retorcerse, y ese momento fue el escogido por el karma para terminar de darle una vuelta de tuerca al tema. Me dice el mecánico de la ITV que si me han cambiado el aceite del coche hace poco, y yo, mosqueada a más no poder, le digo que sí, blandiendo la factura del día anterior.


- Pues tu coche pierde una gota de aceite, señorita.


Estupendo. Me cago en todo. El lunes tendré que llevar el coche al taller otra vez. El mal juernes va directamente encaminado a ser un juernes de mierda.


Así que me puse a ver Supermodelo 2008, hasta que de pronto me llamó El Santo con la supernoticia. El primer ejercicio aprobado y con muy buena nota. Menos mal que algo sale bien, porque entre las llamadas y SMS de felicitación – me siento como si lograra haber vuelto viva de una guerra – el móvil vuelve a sonar. La hermaníssima y otra mala noticia. Fijaros si sería mala, que no me atreví a decirle que había aprobado.


Lady K, El Santo y yo decidimos irnos a celebrar mi aprobado al concierto de Pablo Ager, al que íbamos a ir las chicas de todos modos por el cargo que ocupamos en el staff ageriano. Y allí, en Aula 11, sacando fotos de una plaza de Tirso de Molina vestida de florido verano, empecé a tranquilizarme y a pensar que la recompensa era buena. Muy buena. Maravillosa. Así que mi optimismo personal empezó a teñirlo todo lentamente de sol.

El concierto, además, nos dio una alegría suplementaria a Lady K y a mí. Dentro del libreto del disco hay una foto nuestra, que ilustra la letra de El vuelo de tu falda… y de pronto la proyectaron a tamaño gigante detrás de Pablo, César y Alexi. La verdad es que me hizo muchísima ilusión, casi tanta como escuchar algún tema nuevo de Ager, y la voz de una cantautora con un futuro más que prometedor, Crixtina Copado.


Después del concierto, momentos duros de nuevo. A mí me sienta mal que no me saluden. Simple y llanamente. Más aún cuando es algo totalmente injustificado. Te sientes de sobra, tonta, qué digo tonta… totalmente imbécil. Y eso que no debería fastidiarme.


El Santo, Lady K y yo decidimos, por mor de nuestra dignidad, perdernos por La Latina, pasando por delante de la redacción de El Imparcial, periódico donde dice El Santo que escribía la Pardo Bazán. Si Emilia Pardo Bazán hubiera tenido mi juernes, a lo mejor habría terminado de redactora… vaya usted a saber dónde.


No quiero decir con esto que no esté contenta por haber aprobado. De hecho, es lo que me ha hecho inmensamente feliz. Si no llega a ser por eso, me habrían dado serias ganas de suicidarme vía la ingesta de cianuro de oro, como aquel personaje de El amor en los tiempos del cólera. Porque todo sería morirse, pero con glamour. Bueno, qué va. Ni la guitarra, ni el coche, ni las malas noticias, ni el mal rollito pueden conmigo. A ver si repitiéndolo con convicción…


[y todavía ocurrieron más cosas, pero eso, mañana]


4 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

Sencillamente, me gusta.

Sigue...Bob

en tierra de nadie dijo...

¡¡Enhorabuena por el examen!! Ya está el primero, los otros ya vendrán. Y si España ha pasado de cuartos, Kika aprueba esta vez seguro, jajaja.

Cuántos disgustos dan los coches. El retrovisor izquierdo del mío, efecto colateral de dejarlo aparcado en los aledaños de Gran Vía durante el partido España-Italia, jajajja.

besos y versos

Kika... dijo...

Bueno, Bob... ya está la segunda parte. A ver qué te parece...

besitos,
Suze

ETDN... gracias! gracias! Eres un amor. Y sí, los coches sólo dan disgustos... (si no, mira lo que pasó después)...

miles de besos y mucha magia,
K

Odisea dijo...

Algunos paralelismos le veo yo a esto que leo con mis circunstancias.
Sin ir más lejos, hoy he tenido un examen que, en sí no era ni por asomo como el tuyo, solamente que era el examen de un largo camino que ha estado a punto de ponerme de los nervios.
El sábado tendré que ir a arreglar una rueda de mi coche, espero que me baste con lo poco que me ha devuelto Hacienda hoy. Pues si, esta mañana tuve 2 citas importantes : Hacienda y un examen. Más bien Hacienda tenía que cumplir conmigo. Y entre uno y otro no hay nada tan relajante como un paseo mañanero por el Jardín botánico de la Complutense, entre cistáceas y betuláceas.

Mi amiga Rosa se quedó maravillada de tu cámara fotográfica. A ella le encanta hacer fotos (que se las hagan, nada de nada)
La luz que entraba por los balcones era preciosa, como dices más abajo, pero la vista que desde ellos se tenía de la Plaza de Tirso de Molina, no tenía desperdicio

Acabo de darme cuenta que me he pasaó de renglones (menos mal que esto de los comentarios blogeros no tiene un tope, iba apañá)

Sigo más arriba.......