15 junio, 2008

CSI: Oposición

He vuelto. Y menos mal, porque no hay cuerpo que aguante la juerga que me he corrido este fin de semana. O las juergas, en plural. Porque hace ya cuarenta y ocho horas que no paro. Como si alguien me hubiera dado cuerda o me hubiera bebido un biofrutas adulterado.


Voy a tratar de contarlo todo, porque no tiene desperdicio, y por partes.


Viernes, 09:00: salgo de casa en dirección al examen. El tráfico de viernes, un horror. Me tiembla la pierna izquierda. El temblor se contagia a la derecha, así que parece que el coche acelera a trompicones. Quién me mandaría ponerme a conducir hoy. Menos mal que me he grabado un disco de canciones-arenga, creo que la número 21 es Manhattan de Morente y Lagartija Nick. Clic, clic, clic.


Y no suena la versión de Cohen. Que va. Suena esto.


No puedo reprimir una sonrisa mientras pienso que algo mágico suele pasar cuando eso de megustaspompompompom suena en mi vida. Se ha colado en el disco, la cancioncilla, beneficiada a buen seguro por mi manía de que los CDs hay que llenarlos enteritos, que no es cuestión de dejar megas libres ahora que nos cobran eso del canon digital. Berreo megustaspompompompom, racionalizo, racionalizo, la pierna me tiembla más, irracionalizo, acepto que me da miedo y mira, se me pasa. Además, estreno zapatos, porque al examen hay que ir de punta en blanco. No sé. Me da miedo esto del miedo porque está muy cerca de provocarme un estado de insensibilidad hiriente, no sé, algo brutal. Yo lo llamo el ánimo del yihadista.


Viernes, 09:45. Aparco frente a la Facultad donde nos examinamos. Un reguero de gente vestida de traje se diferencia forzosamente de los estudiantes. Dios mío, no conozco a nadie. Mis amigos han ido aprobando porque ya eran veteranos cuando yo llegué, o lo han dejado. Tampoco conozco a tanta gente. Diez metros más adelante, encuentro dos caritas agobiadas y conocidas. Esto es como un funeral, ¿sabes? Un acontecimiento social en el que todo el mundo se saluda, en el que se aparenta normalidad, pero no es normal. Les hace gracia el comentario.


Las diez menos diez. Tengo que ir al baño, más bien desfilo hacia el baño como todo el mundo. Me encuentro con un amigo y le digo que parece una pasarela. Los veteranos vamos al baño con calma. A los nuevos se les caen los papeles. No saben que al final, todo es tan aleatorio que las supermodelos – los que llevamos tiempo – pueden ser superados – faltaría más – por un aspirante procedente de un reality. Estoy viendo demasiado Supermodelo. Definitivamente.


El llamamiento empieza media hora tarde. Entramos, nos sentamos donde nos dicen, mientras todo el mundo ensaya su buenos días más hipereducado y su mejor sonrisa con el fin de causar una impresión indeleble en el Tribunal. Da igual: todos somos tan hipereducados que no se causa ninguna impresión.


De pronto… algo perturba la calma del pre-examen. Un opositor se cae justo delante de la primera fila de gradas, donde precisamente me sentaba yo. Le sangra el labio, se manchan las baldosas y la reacción no viene de los responsables, sino de los demás, que le damos un pañuelo y nos dedicamos a avisar a todos los que vienen detrás para que no se caigan.


Cada uno mira el rastro de sangre impertérrito, como si no hubiera pasado nada. Y en alguna parte hay un chico con un labio partido pensando que no es su día. Los profesores que nos cuidan miran la sangre como si fueran Horatio Caine o Gil Grissom, esos de CSI, pero no piden que nadie la limpie. No sé qué comentan. Bueno, ahora sí que lo sé, gracias a los poderes auditivos de un compañero. Mejor no lo voy a contar.

Todos sentados. Se reparten los exámenes y allí está milagrosamente el chico del labio partido (a la hora de comer se fue al Hospital y le dieron seis puntos de urgencia).


Viernes, 13:30. Fin del primer tiempo. Conduzco hacia casa pensando que siempre comía allí con Miss Sarajevo y el Soltero de Oro. Miss Sarajevo aprobó, el Soltero lo dejó. Llamada de rigor a mi madre y a Sun Tzu.


Mi móvil estalla de SMS maravillosos. Os amo…


Me siento un poco como los últimos de Filipinas.

Como. Me ducho. No puedo conducir.


Mi madre tiene que llevarme al examen de la tarde. No tiene CD en el coche, así que tengo que canturrear megustaspompompompom. Patricio, tu canción va camino de ser un gritisjí. Ya verás.


[continuará]


5 comentarios:

Jaco dijo...

No voy a esperar a que sigas contando la historia para desear que los exámenes fueran genial.

Ahora ya está todo el pescado vendido, pero aún así, mucha suerte, o mejor, justicia.

Un beso
Jaco

Henar dijo...

:-P!!! Me gustas tanto que je t'aime!!!

La canción ha superado, con creces, las expectativas.

¡Viva Patricio Fitzgerald!

Besos, linda

Queens dijo...

"Me gustas, pom pom pom pom" una gran banda sonora para el fin de semana.

Muchos besos a las haditas

Kika... dijo...

Jacooooo! cuánto tiempo!!!!!!! Muchas gracias por la suerte!!!!!!

Queens y Henar, creo que todo queda dicho un poco más arriba...

¡viva Patricio Scott Fitzgerald!
¡vivan las hadas!
¡viva la tarta de cerezas!

ME GUSTAIS POM POM POM POM

besos y magia,
K

Jaco dijo...

Estaba un poco apartado de la blogosfera en general. De hecho tenía tus últimos 9 posts sin leer (por eso te desee la suerte tarde) pero el otro día ya no pude resistir el no pasar por aquí.

Estoy de exámenes y seguiré un poco apartado, pero haré todos los días un hueco para ver si nos sorprendes con algo nuevo. ;-)

Un beso

P.D:Tanto habláis de patricio, que ya he escuchado la canción. :D