01 junio, 2008

Baila, baila, baila, pequeña hermaníssima

…Now the man in the back

Is ready to crack as he raises his hands to the sky

And the girl in the corner is ev'ryone's mourner

She could kill you with a wink of her eye…



Voy a empezar la noche del viernes por el final. Chandler, el Caballero Llerai, mi madre, el Caballero español, Mrs Chandler, Almu, Javi, el Campeón de salsa y un largo etcétera gritándole de todo a la hermaníssima, que bailaba ayer para ver si se ganaba el título de profesora de bailes de salón. La discoteca donde acontecía el evento era de lo más hortera, butacas de skay incluidas. Como decía el Caballero Llerai, el lugar más raro donde había estado en su vida.


- Y estás bailando salsa conmigo, y me dejo llevar… – le digo – Eso no es un sueño. Es un colocón lisérgico, directamente.


La hermaníssima baila, y nosotros gritamos sobresaliente, sobresaliente, para que su profesor se lo ponga, y las dos mesas que ocupamos son dos trozos de nuestro pasado, de esa parte del pasado que te pone delante de los espejos del callejón del Gato. Esos que distorsionan pero no mienten.


Digamos la verdad. Porque yo, por lo menos, estoy aquí diciendo la verdad. A veces no toda, por no hacer daño, pero la verdad al fin y al cabo.


Digamos la verdad, decía. Anoche no me apetecía nada ir a la cena que organizaba Chandler para entregarnos sus invitaciones de boda. Como diría Lady K, me apetecía lo que depilarme las ingles con pinzas, que para quien no lo haya hecho nunca, es una tortura que si la pilla Amnistía Internacional, pide que prohíban las ingles y las pinzas. Pues eso. Que no me apetecía. Motivo número uno y excusa evidente e irrefutable: ya tenía la invitación, porque Chandler es un amigo de los buenos, de toda la vida, y vino a entregármela una tarde en la que los dos acabamos emocionaditos perdidos recordando toda nuestra vida por fascículos. Me conoce bien, este Chandler.


Motivo número dos: lo de ponerme delante de una buena parte de mi clase de la Facultad me daba pereza. Bueno, no, pereza no sería el sentimiento. ¿Mal rollito? Tampoco. A lo mejor era un poco de vergüenza. Sí. En estos momentos es cuando te pones a pensar sobre tu vida, a hacer balance (o algo así), y te das cuenta de lo poco que has hecho, y de que los demás ya tienen pareja, piso y cosas por el estilo. Y que tú – es decir, yo – no tienes nada más que lo que llevas dentro, que puede ser interesante o no en un momento dado, pero que no es nada más que eso.


¿Por qué fui entonces? Pues por amistad, claro. Queens tenía que recoger su entrada (perdón, su invitación) y no quería ir sola a reencuentro universitario. Mira que la entendía, porque yo sola sí que no habría ido. Así que me prometió que nos sentaríamos en una esquinita apañada, que estaríamos encantadoras y saldríamos muy monas en las fotos. Y con puntualidad absoluta, llegamos al lugar convenido.


La frase de la noche fue ¡cuánto tiempo!, repetida con diversos grados de convicción. Yo esperaba que las personas siguieran como las recordaba. Que hicieran lo que yo pensaba que harían. Que preguntarían sobre lo que yo pensaba y que nadie me diría eso de bueno, Kika, ¿y tú qué haces con tu vida?. Porque temía la pregunta, la temía de verdad, porque yo no tengo piso, y no tengo pareja, y me obstino en hacer lo que me da la gana, y oposito y no tengo trabajo, vamos, que ni siquiera puedo decir que me putea el jefe, eso que une tanto.


Lo que pasa es que ayer volví a comprobar que me equivocaba, como casi siempre en estos casos. Claro que me preguntaron que qué hacía, y yo, que sé muy bien cómo hacer para ganarme el último trozo de pastel con la historia más, como en la peli Notting Hill, podría haber contestado… sí, mira, pues estoy opositando todavía, yo que podría haber trabajado donde me hubiera dado la gana. O sí, mira, no tengo piso porque como no apruebe voy a vivir con mi madre hasta que tenga cuarenta años. O sí, mira, en el amor me han dado cuarenta y ocho palos últimamente y estoy valorando seriamente hacerme del Hare Krishna y pasar de todo.


Pero no. Ninguna de las anteriores. Empecé a contar lo que hago, y… ¡magia! De pronto, se dibujó el interés en las caras. Sigo estudiando, nada, que no apruebo, pero tengo un blog que ya es más largo que una novela, y he escrito sobre música en una web, y he publicado un libro con fotocopias, y voy a un taller literario, y colaboré en el lanzamiento de un disco…


Queens apostilla que salimos en los agradecimientos del CD. Un amor, mi Queens.


Salí corriendo mientras todos decían que soy una artista – ya veis qué majos mis amigos – y recordaba las fiestas de fin de curso, míticas y divertidísimas, sobre todo emocionantes. Recordé todas las relaciones cruzadas de esa mesa. Recordé que todo es como es, pero podría haber sido de cualquier otra manera. Y sobre todo recordé que mi vida me gusta, que no es perfecta pero me encanta, y que no la cambio por nada. Ni por un piso, ni por llegar a fin de mes, ni por dejar de vivir a salto de mata, ni nada de eso.


Porque toda la gente buena – y hay mucha – de mi vida está aquí por algo, digo yo. Aunque sólo sea porque tengo buena suerte.


Gente buena, decía. Como Queens, que dijo la frase definitiva de la noche porque me ve con buenísimos ojos:


- Kika, es que tu vida es la más interesante de todas, pero no se puede contar…


(sonrisa enorme)



La canción… Ballroom Blitz, original de Sweet, pero esta es la versión que hizo la actriz Tia Carrere para la película Wayne’s World… es la peli friki por excelencia… de antes de que se inventara el concepto de friki…


5 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

Balances... ¡que peligro!

En cualquier caso, es más peligroso hacer balance cuando cumples todos los estereotipos y has conseguido todos los estándares que te arrojan a la monstrenca burguesía. Te das cuenta de la zafia recompensa a tu inútil esfuerzo.

Kika: sigue contándonos tu vida y, mientras, voy a buscar el single de The Sweet que lo debo tener por ahí. No creo que haya nada más divertido que bailar esa canción en una fiesta o en una discoteca de skay...

Besos de salón, Ignacio

en tierra de nadie dijo...

Uff, reuniones con compañeros de colegio o de facultad, eso es un género (cinematográfico, literario o blogero) en sí mismo, jajaja, sí, las sorpresas que se lleva una.

En cuanto al post (menos mal que lo has arreglado al final), leo:


y te das cuenta de lo poco que has hecho, y de que los demás ya tienen pareja, piso y cosas por el estilo. Y que tú – es decir, yo – no tienes nada más que lo que llevas dentro, que puede ser interesante o no en un momento dado, pero que no es nada más que eso


Y me da qué pensar. Tener pareja, piso y trabajo no es necesariamente mejor que no tenerlo ni hace a las personas más felices, aunque cuando lo cuentan parezca que sí. Es simplemente un modelo de éxito social que nos han impuesto. Y algunos serán felices con eso, pero no es el único camino.

Y discrepo de la parte final del párrafo que he copiado. Lo que llevamos dentro ES LO ÚNICO QUE REALMENTE TENEMOS, la única herramienta con la que construir nuestra felicidad (¡horror, parezco un manual de autoayuda!).
¿Cómo que "no es nada más que eso"?

Y además, añado, aplicado a tu caso creo que es mucho.

En fin, divertido post y qué bien lo cuentas, jajaja.

bss

Kika... dijo...

Bob... claro que sí... viva el skay y las fiestas y los grupos con melenas con mucha laca... y paso de balances...

:)

besos, Suze

ETDN... nada más, ni nada menos, supongo. Y no es una cuestión de cerril autoafirmación, pero me gusta mi vida. Y si no se le aplican los estándares sociales... pues lo siento (o no), pero que no se le apliquen...

besitos y magia!
K

Anónimo dijo...

Como dice L.E.Aute en una canción
"Cierto que no precindí de ningún laberinto que amenazara con un callejón sin salida,
ante otro "más de lo mismo" creí en lo distinto
porque vivir era búsqueda y no una guarida" "porque vivir era más que una reglas de juego"
Besos carlos

Kika... dijo...

bravo carlos!

(me la cantaré cuando tenga que reunirme de nuevo...)

besos y magia,
K