24 mayo, 2008

Pues sí, me gusta… ¿y qué?

Esta noche es el Festival de Eurovisión. No puede ser casualidad que sea justo una semana d.B. (después de la Boda, evento aciago donde los hubiera, que actuó como tapa inestable de la caja de los truenos… pero eso ya lo contaré). Decía que no puede ser casualidad (el hombre gato afirma eso de que as casualidades não existem), porque adoro el evento político y pseudomusical. Sí, me gusta. ¿Y qué? ¿Es acaso delito ser un poco friki?

En mi casa se ha visto Eurovisión toda la vida. La hermaníssima lo llama EuroTostón, pero tampoco se lo pierde, aunque sólo sea para poner pingando los modelitos de las cantantes de los países que antes eran “del Este” y ahora se llaman “Europa Central”. Yo soy mejor comentarista que Uribarri, quiero decir que lo imito mejor de lo que se imitaría a sí mismo. Y mi madre afirma que no sabe qué está pasando, que entre los países escandinavos (la EscandiMafia, esos que se votan todos entre todos), los Balcanes (que nadie diría que se han genocidado entre sí porque también se votan) y la ex-órbita ex-soviética (otros que tal bailan) están en el festival con el único propósito de que los países “de toda la vida” no ganen. Bueno. Con el nivel de las canciones de los países de toda la vida, mejor es que no ganen.

Hubo un tiempo – cuando yo era pequeña aún era así – en el que cuestiones de alta política se ventilaban en el Festival. Hoy se dice, incluso, que Massielona ganó con el La, La, La porque Rosón y otros próceres franquistas se dedicaron a comprar votos (a saber con qué, me cuenta mi madre que dicen que fue mediante la adquisición de programas jamás exhibidos) por toda Europa. Yo creo que no. De hecho, estoy segura de que fue la mera visión de esos muslos españoles bajo el escaso (y puede que incluso algo amoral) vestidito de Courrèges lo que provocó que todo el mundo se olvidara del Congratuleisions (perdón, Congratulations) de Cliff Richards y votara por España. Yo siempre he pensado que el verdadero visionario del tema fue Raphael, que tras ir dos veces al Festival y quedarse con las ganas, dijo que España sólo ganaría con una canción que se llamara Fu, Fu, Fu… o La, La, La. Para que luego digan.

Alta política, sí. Por ejemplo, nadie sospechó cuando una cantante canadiense ganó el Festival por Suiza, que no se comía un rosco desde la fundación del evento. Ni nadie dijo nada cuando Yugoslavia ganó en 1989 con una alegre tonada llamada Rock Me, y al poco tiempo rockearon el mundo con una guerra fratricida. Nadie, nadie.

Y mientras tanto, España ha mantenido el nivel de Eurovisión. No. Todo lo contrario. Nadie recuerda ya a HorroRosa de España recorriendo las instituciones europeas a ver si pillaba televotos de los españoles expatriados. Tanta campaña para nada, porque la pobre salió a cantar eso de Selebreision (perdón, Europe’s Living a Celebration) y nadie entendió nada. Yo no creo que fuera por el acento granaíno, de verdad. Eso fue un fallo de marketing o de gusto, algo que no abunda en TVE desde hace décadas: recordemos a la (ahora maravillosa, entonces más que espantosa) Remedios Amaya cantando aquello de la barca, el peinado afro de Nina que ocupaba toda la pantalla, Patricia Kraus (otra que se reconvirtió en profesora de OT) maquillada como el Indio Cochize y la canción del año pasado, que nadie recuerda y que costó un dineral porque se la encargamos a unos hit-makers suecos a ver si ganábamos. No ganamos, claro.

Y no voy a comentar la elección de este año. Mirad si paso del tema, que ni una línea.

Ha habido también grandes momentos eurovisivos, y yo me quedo con esos. El Eres tú de Mocedades aún me pone los pelos como escarpias. Mi lado hortera está encantado con la intervención de Betty Missiego (ella sigue llevando ese moño con raya al medio repretado con la inequívoca intención de ahorrarse el lifting, viva Betty). El heroico cuarto puesto de Sergio Dalma y su Bailar pegados, probablemente el mayor gritisjí de bodas, bautizos y comuniones.

Mi madre y yo somos favorables – le escribiremos una carta al Director General de RTVE, o al de la UER, o a quien sea – a que vuelva el Eurovisión de toda la vida, sin democratizaciones ni nada. ¿Quién dijo que el mundo de la música era democrático? Que vuelvan los jurados (mi amigo Dominique de Villepoint fue jurado de la última edición en la que se votó así, demostrando el nivelazo del evento… aunque él mismo dice que sus compañeros daban miedito). Que vuelva la orquesta (nada de playbacks pregrabados). Que vuelvan el Maestro Leiva, Juan Carlos Calderón – compositor de grandes canciones como el Vuelve conmigo – y que vuelva Uribarri, porque sin su pelo teñido el festival no es lo mismo. Y, sobre todo, que quiten eso de elegir idioma. Ahora que Sarkozy quiere volver a la grandeur de la France y cargarse el legado de mayo del 68, no puede ser que hasta Francia cante en inglés. Bueno, a lo mejor es parte del efecto CarlaBruniSaludaALaReina (de Inglaterra), pero no, no nos convence nada.

Este año, Spain, zero points. Ya lo estoy viendo. Yo voy a votar por Portugal, que al menos cantan en su idioma. De verdad, el año que viene me hago británica. Si no fuera porque allí no hay oposiciones a lo mío, lo habría hecho hace tiempo. Eso sí que es un país de verdad. Ya lo dice mi madre.


El vídeo… gran momento eurovisivo (al Arquero le va a encantar)… la improbable Doris Dragovic cantando Marija Magdalena, con un modelito de alta costura, un tema heavy-folklórico en serbocroata… ¡y olé!


5 comentarios:

NáN dijo...

Uno: muchas muchas muchas gracias por tu relato (un encanto que ya leo a cualquier familiar que se cruza conmigo).

Dos: solamente me ha interesado Eurovisión dos veces, aunque L y su retoño son de los que en cuanto hay algo así y andan por la casa se ponen con cuaderno a hacer valoraciones y se lo pasan pipa, mientras yo refunfuño por el pasillo y recibo sus críticas a mi escaso sentido del humor.

Tres: la primera fue con "Quién maneja mi barca", nadie lo comentaba (salvo yo, y me miraban como a un marciano), pero recién salidos de un golpe militar que nos quiso llevar al pasado, que la TV dependiente de un gobierno civil y democrático sacara a una gitana cantando lo de "quién gobierna esto" me pareció de chapeau. Y la canción, me gustó.

cuatro: la segunda es el chiki. Pero ya he ganado. Yo quería que una parodia tan brutal del mal gusto, sin disimulo, llegara. Ya ha llegado, y los zero points me dan lo mismo. Me seguirá pareciendo menos ridícula que la pretenciosidad vulgar de otras.

cinco: 25 años separan las dos canciones que me han interesado: ya verás cómo nos reímos dentro de 25 años cuando me vuelva a interesar otra. ¡Será la bomba!

Peter dijo...

Estoy con Nán. A mi me gusta el chiki-chiki no porque sea una gran canción (no se si llega a canción), sino porque es una forma muuy clara de decir que pasamos muy mucho de Eurovisión.

Ya me enteraré el domingo de lo que ha pasado. Mira que de pequeño me gustaba Eurovisión, pero luego...

El próximo taller imitas a Uribarri. Esas cosas no se dicen sin probarlas.

hidden_angel dijo...

O vienes esta noche o tenemos que hacer una conexión contigo. Con lo cutre que puede ser este festival, necesitamos criticar a lo bestia. Lo cierto es que volvió a tener algo de nivel en la época en que ganaron Turquía, Grecia o Ucrania, pero ha vuelto a decaer. Por favor, que vuelva Sakis.
Besinos

PD: Estoy totalmente emocionada!!!!

Arquero dijo...

Genial post, genial Doris Dragovic.
Jurados ya!!!!

Kika... dijo...

Gracias a todos por los comentarios... y a mí me encanta Remedios Amaya... bastante tuvo la pobre con cambiar el vestido a última hora porque le dijeron que no quedaba bien sobre el fondo del escenario (por eso fue descalza)...

besitos y magia eurovisiva!
K