25 mayo, 2008

Publicada

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Against All Odds, The Postal Service


Esta mañana encontré la foto que, si todo va bien, será la portada de mi segunda edición clandestina. La primera la hice con fotocopias (iba encuadernada en espiral) y si las cosas no cambian mucho a corto plazo, vamos, si no he ganado el EuroMillones que eché el martes pasado cuando pensaba que nada me podía ir peor, esta será igual.

Todavía no he comprobado si soy la única acertante y me han tocado quince millones de euros, que no sé ni cuánto son en pesetas, porque tengo el residuo de cálculo antiguo que hace que sepa si algo pequeño es caro en euros, pero que sea incapaz de imaginarme grandes cantidades si no es en la moneda desaparecida. Quince millones de euros sería una maravilla. Aunque yo, con quince euros, me autopublicaría en fotocopias (calculo una tirada limitada de cinco ejemplares).

Bueno, a lo mejor lo imprimo, le pongo una grapa y listo. Porque Un cierto calor, muy leve, es un poemario mayor de edad, tiene muchos versos, casi trescientos, tiene alguna foto, tiene un texto de eso que llaman prosa poética y que para mí es poesía de otro modo. Hasta tiene una dedicatoria y un prólogo. Un prólogo o algo así, aunque creo que lo llamaré nota previa o alguna otra cosa por el estilo. No sé.

El caso es que para poemario es largo, es presentable a concursos, pero para publicar es demasiado corto. Iba a parecer un pasquín o un folleto, el pobre. Así que me surgió la duda. ¿Recopilo todo lo que tengo y hago un tocho? Bueno, lo que en poesía es un tocho, que es bastante poco tocho, la verdad, especialmente ahora que a veces parece que los libros se publican al peso.

No sé qué hacer. Porque la portada que había elegido es preciosa, le va que ni pintada al título.

Y justo en ese momento, ha llegado el mal sentimiento que imaginaba. Me estoy arrepintiendo de haber terminado Un cierto calor, muy leve. No puede ser. Pues sí. Pero el humano – o humanos – que tienen como trasunto a esos versos no parece – o no parecen – dispuestos a darme más material de escritura. Y yo sé que no debo hacer un viaje interior para volver a recorrer lo que escribí, a ver si encuentro algún camino por el que tirar. No. Por muchos motivos: porque no quiero que me duela, porque no quiero recordar, porque quiero dejar fosilizado lo que ha quedado escrito, con su tono esperanzado, con ese Madrid levemente caliente de fondo. Y porque temo, solamente temo, porque no lo sé con seguridad, que la situación y las personas que tenía dentro esa situación han dejado de inspirarme.

No sé si siento esa última frase. No. Pero prefiero dejarla por escrito para ver si este año, el de las reincidencias, me da un poco de tregua. Un cierto calor, muy leve, fue una especie de esperanza escrita que brotó entre las grietas del asfalto. Era cuestión de tiempo, simplemente de tiempo, que cambiase el viento y las grietas volvieran a cerrarse.

Y lo hicieron sin clemencia, apisonando, con un entiende lo que quieras, con un ya está, con un no sé. Con una humillación, diría yo.

El caso es que ahora no sé si hacer que el calor, aunque fuera leve, sea un libro por su cuenta, si ampliarlo, si dejarlo arrinconado o directamente enviarlo al fondo de algún cajón, a la espera – todo podría ser – de una continuación. Es un poemario feliz, alegre, que sólo tiene tres poemas tristes. Uno está en el centro, el otro casi al final y el más terrible es el último. Me gustaría hacer como Sabina cuando corrigió el final de Pongamos que hablo de Madrid, reconciliarme conmigo, sobre todo, y autoenmendarme la plana, siguiendo con el poemario hasta que fuera feliz de nuevo. Pero de la misma manera que no elegí la poesía – cada día tengo más claro que ella me eligió a mí – me temo que no me equivoco si digo que muchas veces tampoco elijo lo que escribo.

Bueno, sí, podría. Pero no me da la gana, sinceramente.

Justo cuando iba a comenzar a escribir esto, ha llegado un correo electrónico de la gente del taller proponiendo publicar algo. No creo que sea en fotocopias, así que voy a ver si he ganado el EuroMillones y me puedo dedicar a otra disciplina artística un poco más cara y algo menos dolorosa. Yo que sé. La alta joyería, la fotografía profesional, la brujería ritual con sacrificios humanos o la cartelería de gran formato.

Este es el post número 551. Justo 50 después del 501.


¿No… han hecho una versión flipante estos chicos de The Postal Service?

4 comentarios:

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

que lindos ojos, que linda mirada, que lindas palabras...

Kika... dijo...

muchísimas gracias...

(sonrojada)

besos y magia!
K

cerillasGaribaldi dijo...

'Un cierto calor, muy leve' era y es una ilusión a partir de una chispa de vida. Nunca me gustó porque prefiero abrasarme en el fuego vivo. Esperaba que fuera corto y no termina de soltar pequeñas ascuas que se ahogan sin oxígeno.

A pesar de todo, es el único poemario tuyo que he seguido desde sus comienzos y le tengo mucho cariño.

Te dejo otra vertiente de Rilo Kiley que me gusta mucho:
The Elected - My Baby's a Dick.
Óyela entera, que te gustará.

http://www.youtube.com/watch?v=p8EyluHxzLc

"You can run, run, run.
But I'll be running next to you"

No sé si seré capaz de darle a las letras que me aparecen abajo porque es una mezcla de ruso y búlgaro, pero lo voy a intentar...

Bob

Kika... dijo...

Bob... ya te he contestado a todo más arriba...

besos desde el bulevar,
Suze