22 mayo, 2008

Dos camisas iguales


clic


you were fresh off the boat from Virginia

I had a year of New York City under my belt

we met in a dream

we were both nineteen

I remember where we were standing

I remember how it felt


two little girls

growing out of their training bras

this little girl breaks furniture

this little girl breaks laws


two girls together

just a little less alone

this little girl cried wee wee wee

all the way home

Two Little Girls, Ani DiFranco



Todavía no había hablado de Annette, Miss Sarajevo. Y es alguien, como poco, interesante. Mirándola desde fuera, es difícil saber qué edad tiene, a qué se dedica, qué hace que se levante por las mañanas. Yo lo sé porque la conozco desde hace tiempo, y recuerdo perfectamente que fue la única persona que me habló cuando atravesé la puerta de la Torre de Babel. Tiene algo de tradicional y mucho de errática, algo de inmóvil y mucho de vehemente. Otros dicen que está como un cencerro. Pero yo sé que no, porque el primer síntoma de cordura es no negar nunca la posibilidad de la locura.


El caso es que Miss Sarajevo se marcha. Creo que a Sarajevo. O a algún otro lugar en guerra. Poco le importa, porque sabe que lo suyo es una opción de vida, que las guerras existen y ella se las sacude del hombro con gracia y buena suerte. Dice que no me ve con las flores en el pelo en una guerra. Que como mucho me ve gritando que se calle todo el mundo… y el mundo sin hacerme caso.


Con Miss Sarajevo siempre se come en restaurantes orientales. De esos en los que no te ponen tenedor, y a mí lo de comer con palillos se me da fatal. No ha sido porque la hermaníssima y la Jefa no me hayan dado clases. Es que soy torpe. Pero he llegado a un nivel de palillismo en el que consigo comer sin ponerme demasiado perdida (bueno, hoy me he salpicado con la salsa de soja). Me encanta comer con ella, porque es como la Jefa, todo lo prueba, no mira qué hay dentro de nada con cara de asco y se lo pasa bien con el minirollo japonés, el helado de té verde o el sushi de anguila.


No se asusta por nada. Ni por las guerras, ni por comer cosas irreconocibles por su forma, ni por lo que le cuento. Creo que sólo conseguí asustarla una vez, y tenía razón. No se ha asustado hoy, mientras afirmaba que estamos hechas de otra pasta – y me incluía – mirándome convencida. Que nos va a costar mucho todo esto. Que quizá las guerras más cruentas, las que dejan más heridos y mutilados son las que se libran a cada lado de la cama, en los dormitorios, en los bares y oficinas.


Y que Choderlos de Laclos se quedó corto, muy corto cuando escribió aquello de Las amistades peligrosas.


- Tú no estás tranquila, y se te nota. Te falta tu nerviosismo habitual y te sobra nerviosismo del nuevo. No me gusta, Kika, no me gusta.


Y me ha dicho que ni se me ocurriera escribir ni una palabra sobre ella.


Pero claro, a continuación me ha mirado a los pies. Yo llevaba sandalias y hoy no hacía demasiado calor.


- ¿Qué pasa, Kika? Has decidido que hoy empieza el verano, ¿verdad? Si es que siempre haces lo que te da la gana. Anda, tómate una infusión de boldo, que es muy buena para el hígado.


El boldo huele a trementina cuando está seco. En infusión no es mucho mejor. Pero me lo bebo porque Miss Sarajevo me lo dice. Alguien que me da el poder de decidir cuándo empieza mi verano, que está dispuesta a ir sin miedo a los confines del mundo, se merece que me beba el puñetero boldo. Nos hemos comprado dos camisas iguales por 5,95.


Para que ella se la ponga en Sarajevo y yo aquí.


El cuadro… dos niñas juegan con linternas chinas en un detalle de Carnation, Lily, Lily, Rose, de John Singer Sargent…


Y para recordar la infancia… el último episodio de Cálico Electrónico, La generación de la Bola… lo que os vais a reír…

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