07 abril, 2008

La Javanaise

Anoche prometí que soñaría algo bonito. Pero no debería prometer sobre mi cerebro, porque siempre hace lo que quiere, con esa maldita costumbre que tiene de dejarme en la estacada cuando le pido algo en concreto.

Además, creo que desear soñar algo es una contradicción en sus propios términos.

Dormí y soñé, eso sí. Malo habría sido no soñar después de todo. Pero me ocurrió algo muy raro. El recuerdo quedó fragmentado, como un espejo roto en añicos, que refleja lo que quiere sin ningún tipo de ritmo. Un trocito de reflejo, vacío. Más reflejo, otro vacío. Y lo que normalmente me causaría pena, ese espejo roto, me ha encantado esta vez.



El sueño. Sólo recuerdo que sonaba La Javanaise. No sé si la cantaba yo o era él. Había un él, pero no sé quien era. Imposible de reconocer tras el humo – porque el sueño estaba lleno de humo – simplemente estaba. Creo que ese él me debe gustar, porque estaba ahí, porque quizá cantaba, y porque yo era feliz cantando (o no).

La versión de Madeleine Peyroux. Toda la mañana sonando en esta cabeza de espejo roto, de sonrisa fácil, de ganas de lluvia y pies descalzos. La Javanaise que alitera la uve una y otra vez. Como buena anglófila, adoro las aliteraciones.

Puede que no sea una canción de amor, sino una canción de amor a la uve.

Como mi sueño, en el que todo daba igual menos las letras que resbalan de los versos cortos.

Disfrutad…

… y que alguien prometa que se va a dormir. Ya no pido promesas de sueños. Esos vienen solos.

2 comentarios:

Queens dijo...

Dormire, sola o acompañada, de día o de noche, y soñare mucho aunque luego no recuerde los sueños.

Besos cielo y un gran abrazo

Q

Kika... dijo...

Exacto. Está demostrado que soñamos, aunque después no recordemos nada...

... así que duerme, y si hace falta, sueña despierta. Porque se traba de soñar. Y ya está.

Besos y magia,
K