13 marzo, 2008

Ya no me verás dormir

- ¡Hey, modelo! ¡Rubia!
- ¡Fotógrafo! – así lo digo, entre exclamaciones de sorpresa – Apareces mágicamente, como siempre. No sabes lo que me alegro de verte.
- Mi KikaCanastera… ¿qué tal estás? Con líos, ¿verdad? Como siempre. Líos de trabajo, líos emocionales, líos de vida. Tus cositas…

El Fotógrafo mira como si llevara dentro un objetivo que le dijera cómo nos sentimos. Es un tipo moderno, creo, o directamente un tío raro. Está lleno de teorías fotográficas casi psicoanalíticas, según las cuales el maquillaje no es importante, sino que lo es la luz, en las que el PhotoShop existe sólo lo imprescindible. Dice que la ansiedad se refleja en las fotografías. Lo afirma un tipo que me tuvo un buen rato desnuda a tiro de cámara – desnuda, sí, con mucho pudor, con muchos nervios – y se dedicó a sacarme las caras que ponía mientras decía que era lo más interesante, que no lo mejor (menos mal, que si no me lo habría tomado fatal). Recuerdo de esa sesión es mi actual avatar. Tiene algo de gitano, algo de vividor y mucho de artista, pero de artista bueno, de vividor bueno, de bohemio bueno. Algo de los bares de La Latina donde voy a desayunar los sábados un café con churros llevando el compás en la barra mientras alguien canta. Y donde me llaman laclaudiachifer, y a mi madre… lamadredelaclaudiachifer.

- Tómate un café conmigo, Fotógrafo – creo que mi voz sonaba casi implorante, sobre todo cuando añadí - Por favor.
- Me siento, Rubia, pero mejor me tomo una copa. Que si no, soy mal hablador. Y tú hoy no necesitas hablar, necesitas que te hablen, porque eres Kika, la canastera, rubia como las candelas, que se mezcla con el aire y no sabe dónde la lleva…

Me mira con sus ojos de lente.

- KikaPoeta. Ay, que a ti no te gusta que te llamen poeta. Que no te lo consideras, que no vives de ello, que eres y quizá no quieres ser KikaEscritora, ni KikaDiseñadora ni KikaNadadenada, y al final eres más KikaArtista que todos nosotros juntos. O menos KikaArtista. No sé. Pues he estado pensando. En eso sobre lo que escribes, en las realidades paralelas, y en cómo contamos las historias. Tú trabajas con palabras. Las palabras pueden herir plasmando verdades o mentir. Mienten muy bien las palabras. Las imágenes también, pero son más obstinadas. Me cuesta más que digan lo que yo quiero que digan, pero al final también se consigue.
- Ya sabes que odio las conversaciones sobre la mentira.
- Lo sé. Y no mientes, o mientes poco, o mientes una infinitésima parte de lo que miente cualquiera, Kika. Quizá porque Dios te dio la habilidad…
- No me saques a Dios en la conversación – le interrumpo, como siempre.
- … bueno, pues la autoridad competente te dio la habilidad de saber decir la verdad, de saber decirla minimizando daños. A lo que iba, porque como me meta en un debate contigo, me ganas. Seguro. Yo he reflexionado sobre cómo las cosas de la vida, especialmente las de amor y las de desamor, no son como son, sino como las contamos. Vamos por la vida contando historias que no son cuentos, que no son inventos, que son material sensible como una película a punto de velarse, y las positivamos constantemente desde sus negativos. Lo hacemos por muchos motivos. Por dejarnos bien, por enmendar errores, por repetir cien veces una mentira para que acabe haciéndose verdad. Y un buen día nos damos cuenta de que lo que pasó ha sido engullido por nuestra historia, y al final nadie sabe demasiado bien qué ocurrió en realidad. O mejor aún, el acontecimiento real ha sido suplantado por lo que hemos contado, queda fosilizado, como los motivos de las guerras, de los que nadie se acuerda jamás. Sólo existen las guerras en sí mismas, igual que sólo existen las historias.
- Yo no hago eso, ya lo sabes. Bastante tengo con contar las cosas de mi vida, o con inventármelas, que también lo hago cuando tengo que ir al taller o cuando escribo sin rumbo. ¿Pero contar así la vida? No.
- Claro que lo haces, como todo el mundo. Haz examen de conciencia, a ver si alguna te suena familiar. Cuántas veces habré contado que yo no era el otro, que jamás ella me tiró los tejos porque tenía novio, o que siempre me trató bien, o que siempre me trató mal, o que… En fin, que estoy segura de que también pululan por tu memoria algunas historias de esas. Quizá lo que te distinga es que lo harás menos, que lo harás con más dolor, y que lo harás para proteger a otro.
- Sí. Alguna vez he tenido que contar una historia… no como fue, ni siquiera como me gustaría que hubiera sido, sino como debería haber sido para minimizar los daños. O para que alguien que cree en otra persona no vea su imagen deteriorada por nimiedades del pasado. Por mucho que piense… sólo se me ocurre un caso. Fue estas Navidades, Fotógrafo. Y lo hice por eso. Por mantener la fe en alguien que veía en los ojos de otra persona. No me costó. Aunque me quedé pensando en qué lugar me dejaba mi propio cuento. Y no me dejaba bien. O no me dejaba bien del todo. Supongo que calculé pros y contras y eso fue lo que decidí hacer. Contarlo así, entregarlo para que sea mascado, regurgitado y vuelto a masticar por otros, que nunca sabrán lo que ocurrió en realidad.
- La realidad la conocerás tú – me mira fotográficamente – ¿Recuerdas aquella foto? ¿Una que se llamaba Verme dormir? Te conté que la imagen que te entregué era una de las fotocomposiciones que hicimos con dos tomas distintas, una de tu cabeza y otra de tu cama con un balón sobre ella. Te dije que las fundí, y te escuché contar la bella historia de la foto por todas partes. Pues no. La que tienes es la foto de prueba. Es tu cabeza sobre la cama, pero me dio pena haber trabajado tanto en balde, así que te conté lo otro. Y dejé mi trabajo fotográfico mucho mejor. Ya ves. Todos lo hacemos.

- Sí, Fotógrafo, pero a mí no me lías. Que sé que eso, igual que lo que yo hice, se llama mentir.


Lo de la canastera, rubia como las candelas, que se mezcla con el aire y no sabe dónde la lleva…es precioso, aunque no es suyo. Se llama Cathy Claret, la canastera, y se la compuso el Tío Bastian a la artista francesa. Se puede escuchar aquí
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5 comentarios:

Kika... dijo...

Y hay cambio de header, pero prepararos: voy a aprender a usar el FotoChó, qué peligrooooo...

besos y magia,
K

Ignacio dijo...

¡Qué párvulo soy! Hace un rato te dije que era tu mejor post y lo superas en un momento.

Sigue contenta y no cambies más el header....

Jaco dijo...

jejeje, este post me ha encantado.

Me han entrado ganas de sentarme con el Fotógrafo y tomarme una copa con él, pero no para que me analice, no. Simplemente porque me ha caído bien.

P.D: Precioso el nuevo header. Además, así no repites la foto de tu avatar.

vega dijo...

eh kika, q ayer con todo el jaleo me fui sin despedirme, porque me despedí d guille y estabas hablando con nosequién...
lo siento.
pero besos desde aquí (yo tb tengo una historia con fotógrafo, pero es muy larga y él no dice casi nada: carga el objetivo, apunta y dispara sin avisar...)

Kika... dijo...

Heyyy, gracias por los parabienes al nuevo header, de momento se queda...

:)

Ignacio, gracias de nuevo!!!! voy a esmerarme por seguir contenta (soy la única persona que conozco que no se deprime por decisión propia ji ji ji)...

Jaco... pues te lo presento cuando quieras... como ves, es alguien interesante, como todas las personas que pueblan mi vida...

Vega... no problem, hija, yo quise saludarte pero hablabas con Paco, luego hablabas con Guille y al final supongo que nos cruzamos... pero como dice tu madre (creo que era ella)... hay más días que panes!

besos y magia,
K

Jaco