18 marzo, 2008

Perdónanos nuestras deudas

clic a la banda sonora del post...



Me debes una.

Una muy grande. O dos.

Las deudas de los amigos no se deben tener en cuenta. No te haré pagar, ni siquiera te la reclamaré, pero creo que al menos deberías reconocer que existe y firmarme un pagaré. No hace falta que incluyas al pie de página el habitual texto de autoflagelación y promesa de pago futuro. Que no. Que no hace falta. La diferencia entre el reconocimiento y el pago se puede esfumar porque no la necesito. Mejor dicho, porque renuncio a ella.

Yo debía tres besos desde hacía quince días, pero los pagué la semana pasada, y me fui de los bares (o de los sitios que no son bares) como hay que irse:
llorada
meada (nunca se sabe dónde se puede terminar)
y besada.

Porque la que paga, descansa. O eso dicen. Yo no termino de tener claro si es así: quizá es preferible la tensión de tener algo pendiente. No sé si es eso lo que me hace despertarme a las cinco de la mañana, o es él, que me sigue llamando desde alguna parte y hace que se me caigan las llaves.

El Santo dice que él, un él que comienza a desdibujarse, es capaz de provocar que se me caiga el coletero, las llaves, un paquete de chicles… Y yo sé que lo hace, y no lo reconozco, y al minuto termino por reconocerlo, porque no me queda más remedio que aceptar que no es la gravedad la que llama a los objetos, sino que son mis descuidos provocados por él, que los provoca a su vez sin darse cuenta. O no. Quizá le divierte verme recogiendo los objetos caídos como muestra de algo, no sé de qué, pero de algo.

Porque lo importante – quizá, y sólo quizá – no sea tener deudas o no, ni siquiera pagarlas o no. Lo importante probablemente sea sentirse en deuda. Al menos a veces.

Porque eso pone muchas veces las cosas en otra perspectiva, y nos hace estar un poco más agradecidos a esas personas que piensan que les debemos una y al minuto, condonan lo que se adeuda.

Si hasta le cambiaron el contenido al Padrenuestro. Ya ni siquiera le pedimos a Dios que perdone nuestras deudas.


La banda sonora del post… pues la BSO de Twin Peaks…


Actualización... la banda sonora podría haber sido, perfectamente, Deme su boca de Carlos Chaouen... (clic aquí)


Y cuando se atuse el pelo

allá en el sofá rojo

prefiero no ver sus ojos

al decirme qué le debo

Mientras abrocha sus males

voy recogiendo despojos

tengo en el vientre animales

y el corazón loco y rojo...


La imagen... Desnudo en un sofá rojo, de Felix Vallotton...

4 comentarios:

El cumpleañero adeudado dijo...

Anótate que me adeudas una celebración de cumpleaños, ¿eh?

Hasta entonces no te pienso perdonar.:-D

Y ahora si quieres puedes sentirte en deuda conmigo durante unos días ;-)

Si te desvelas de madrugada, llama al guardián de la noche. Estará esperando tu luz para soñar.

Magia y fulgor.

Sibila dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sibila dijo...

me da mejor buen rollo la segunda banda sonora...

y me ha encantado lo de ... llorada/meada/besada

:)


más besos!

Anónimo dijo...

La gravedad, que gran mentira... Tienes razón, las cosas se caen porque el recuerdo coincide con la llamada al teléfono móvil. Mientras tanto siguen ahí, estúpidamente en nuestras manos.