14 marzo, 2008

Antes del terremoto

Me siento como los animales salvajes cuando presienten
un terremoto,
un tsunami,
una explosión de gas,
una bomba atómica,
una erupción volcánica.

O como los animales domésticos.

Como los animales en fin.

Mi lado alerta, telúrico, conectado con la gravilla
que es la cama del asfalto
que es a su vez la cuna de los coches.

Silencio.
Los demás no sospechan
y no soy el ejército de salvación.

A mí ya se me han erizado las raíces de la melena
y puede que obtenga un placer perverso
mientras observo cómo caen
y se retuercen
las convicciones.

Aún no estornuda el mundo,
pero ya percibo su creciente picor de nariz.

No sé si quedarme o correr. O quedarme y correr.

O quedarme y escribir(lo).



El cuadro... mi cuadro - ya veis - favorito de la historia del arte: Stier (Toro) de Franz Marc. Qué tranquilo está, no parece esperar terremoto alguno... Lo vi en una exposición de maestros del Museo Guggenheim de Nueva York en Madrid cuando en este país ni se soñaba con un Guggenheim en Bilbao. Pensándolo bien, es una historia bonita... pero es otra historia...

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