10 febrero, 2008

Standing on the shoulders of giants

Para Guille, por la autoría intelectual de la teoría kikeliana del bucle.


Si hubo alguien en el mundo que sabía de muelles, bucles, presiones y cosas por el estilo, ese era Robert Hooke, un verdadero hombre del Renacimiento en términos científicos: creó el microscopio y observó la célula por primera vez, descubrió la primera estrella binaria, formuló leyes sobre el movimiento planetario y hasta construyó edificios. Incluso algunos le atribuyen la formulación de la ley de la gravitación universal, en directa competencia con el físico más famoso de su época, Isaac Newton.

Decía que Hooke sabía mucho de muelles. Descubrió todo lo relativo a su elasticidad, y puso sobre papel la Ley que recibe su nombre, que viene a cuantificar un fenómeno sencillito que espero explicar bien (que luego viene la hermaníssima en mode científico y me pone a parir). Cuando se estira un muelle, éste acumula fuerza en el proceso, liberándola cuando se suelta. Cuánto mayor es el estiramiento, mayor es la fuerza.

A veces las personas somos como esos muelles de Hooke. Nos dejamos estirar, o nos estiramos por voluntad propia, tratando de eliminar las curvas de nuestro muelle vital, intentando desbuclear las rutinas que se repiten de manera invariable. Porque un muelle no es otra cosa que un bucle que trata de volver a su ser, pero que alisamos entre los dedos. Y al estirarlo sin piedad, al llegar a los límites de la personalidad, entramos en un territorio inexplorado.

Porque llevados al extremo, nuestros peores defectos se convierten en nuestras mayores virtudes. Y, lo que es aún más peligroso, lo que hasta entonces creíamos virtudes, llegan a ser nuestros peores defectos.

El final del bucle sólo llega cuando se suelta uno de los extremos del muelle. Chas. A hacer puñetas.

Salgo despedida con una fuerza que es un millón de veces la de la gravedad.

Dice la hermaníssima que no me estoy centrando en lo que es realmente importante. En el descubrimiento fundamental de nuestro amigo Hooke. Todas las fuerzas están relacionadas mediante una constante. Da igual que estemos sometidos a la gravedad, o a las fuerzas del movimiento armónico simple, como si fuéramos un péndulo. Todas están interconectadas y tienen relación entre sí. En definitiva, el bucle que me hace la vida imposible está inextricablemente unido a la gravedad que me mantiene – a duras penas, es cierto – sobre la corteza terrestre.

Y que esas fuerzas son independientes de la masa. Así que se puede ser pequeña, grande, liviana o pesada, que da igual.

Se suelta el extremo del muelle, se deshace el bucle y la luz vuelve a recorrer el mundo a la velocidad de la luz.

Creo que soy un muelle, creo que vuelo con mi propia fuerza.

Creo que incluso puede haber daños, pero no lo sé.

Le habría preguntado a Hooke, pero es que murió en 1703.

Y aunque su relación con Newton fue complicadísima, su importancia quedó reconocida por el propio Isaac, que en una de sus cartas escribió la frase:
Pigmaei gigantium humeris impositi plusquam ipsi gigantes vident.

O, lo que es lo mismo:
Si he llegado a ver más lejos, fue encaramándome a hombros de gigantes.

Siempre se ha dicho que la frasecita era un insulto a Hooke, que tenía escoliosis y parecía un jorobado, aunque creo que es un juicio de intenciones. Si me lo hubieran dicho de mí, me lo habría tomado como un cumplido.


La foto… es la placa que rinde homenaje a Robert Hooke en Oxford. Está al lado, al ladito de mi rincón favorito, el Monumento a Shelley. Pero de Shelley, de mi querido Percy, del poeta científico (estudió química), ya hablaré en otro momento…

3 comentarios:

Ignacio dijo...

Hay que vivir la vida como un muelle estirado al máximo y luego te la das, como siempre; pero bueno, salvo contadas ocasiones, no duele.

Los que no estiran el muelle te llaman radical o extremista, no en el sentido político. Será que respiran un oxígeno distinto, porque yo no entiendo como pueden sobrevivir.

Sobre la victoria pírrica, me da miedo que tu magia se vaya convirtiendo en brujería.... me quedé dándole vueltas y no lo cuadro.

En fin, gracias por dejar que nos volvamos a asomar a tu casa de cristal.

Agur, Ignacio

mensO dijo...

A veces los muelles ceden y se rompen...

(perdón)

Kika... dijo...

Ignacio... estoy en un mode muy reflexivo, de ahí sale la victoria pírrica y alguna otra cosa más que no he publicado para no aburrir, que yo soy muy intensa, pero por escrito... jajajaaaaa... y sigue respirando de ese oxígeno, porque todo lo que a veces duele no lo cambio por una existencia plácida pero plana... aburrida...

Mi querido mensO... me dice la científica, o sea la hermaníssima, que lo crucial es que el muelle no se dé de sí, es decir, pierda su elasticidad...

... si se rompe el muelle (esto ya te lo digo yo, que no soy científica), pues te salen dos muellecitos pequeños que te pueden servir para lo mismo. O para hacerte unos pendientes...

Ji ji ji ji (por cierto, tema resuelto :) gracias de nuevo)

besos y magia a los dos,
K