15 febrero, 2008

Conté hasta tres

Sé que no fui apenas la mitad de lo que debía
y aun así,
conté hasta tres y me perdí por la Gran Vía...
Como la pinta Klimt, Leo Minax


El miércoles es el típico día en el que todo da pereza a pesar de que se sabe perfectamente que la semana ya está vencida. Todo menos un buen concierto, claro.

Y el miércoles lo había. Leo Minax, nada menos. No me lo pierdo por nada del mundo, y eso que coincidía con un concierto de Marwan en Clamores... esta misma semana hemos inaugurado su nuevo MySpace (digo hemos porque la programación es mía)...

Yo, en la cola del DNI, bailando. No me llegaron los números para la renovación, tengo el carnet más caducado que los yogures de la nevera de casa de mi padre. Y me dio igual.

Conté hasta tres y ya estaba en el coche, camino del Búho Real, camino, quizá, de una sesión de bálsamo para el alma.

Porque creo que la música de Leo Minax no aspira a la catarsis, a arrancar entrañas ni nada por el estilo. Pero remueve por dentro, vaya si lo hace, alejándose del efectismo fácil...

... sus canciones casi piden permiso para entrar en el alma a golpe de pura sensibilidad.

Sensibilidad que reverdece acompañada por una voz increíble, precisa, y una guitarra que parece sonar sin el más mínimo esfuerzo.

Y, aunque pueda parecer una paradoja, los conciertos de Leo siempre son participativos. Tanto que decidió cantar Um sertão ao lado em todo lado. Hasta nos grabó - y hay que tener valor, porque las buenas intenciones no hacen que el público afine - haciendo los coros. Vaya por delante que no hemos triunfado como coristas. Pero lo seguiremos intentando tras la debacle...

Cantautores entre el público (ellos no desafinaban, todo sea dicho), junto con los habituales LeoMinaxistas. Canciones que ya son clásicos: Causa e efeito, Rojo y blanco, y la bellísima Ritmo, junto con nuevos temas como Me llamas por favor y Como la pinta Klimt. Algunos, incluso, eran rigurosos estrenos. Qué suerte escucharlos por primera vez, en estado embionario, como Huellas borradas, una canción maravillosa escrita con Diego Vasallo.

Y la preocupación de mi madre. Que Leo componga en portugués. Fuimos testigas de la magia de ese idioma en Da boca p'ra fora. Todo se entendía. Todo. Ojos brillantes.

Después del concierto, conté hasta tres y me perdí por la Gran Vía. Bueno, no. Era Sagasta. Pero qué importa. Porque lo mejor son las caras pintadas por Klimt en un día de resaca.

Bravo, Leo. Gran artista y mejor persona. Y que nadie se plantee que este panegírico se debe a que carezco de criterio. Se debe, más bien, a que tengo un criterio perfectamente formado.

(el concierto puede escucharse aquí)

1 comentario:

Henar dijo...

Una cadena de cadenas... ¡Te tocó!
http://chezhenar.blogspot.com/2008/02/cadena-de-blogs-premio-al-blog-clido.html