05 enero, 2008

Tratamiento de choque

Puede que los tratamientos de choque sean lo mejor para algunos temperamentos. Lo que no tengo del todo claro es si son positivos para el mío.

Mi madre dice que tengo resistencia a la autoridad: me dicen que haga algo, y lo hago. Pero para hacerlo bien (nótese la diferencia entre hacer las cosas y hacerlas bien) tengo que estar convencida. Tengo que autoconvencerme: un trabajo que es complicado que alguien haga por mí. Y aunque puedo confiar, puedo dejarme llevar, nunca sé si cualquier pequeña imprecisión al administrar la terapia de choque no terminará causando el efecto radicalmente opuesto al que se buscaba en un principio.

Hace poco hablaba de las consecuencias no esperadas, de los efectos secundarios, de los daños colaterales. Sé bien cuáles serán, si es que se producen. Todos esos dan igual ahora mismo, porque me siento ingrávida, como si siguiera a los delfines, ora convencida, ora despistada.

A veces incluso, llevada por la corriente.

No sé cómo funciona mi cabeza. Sólo sé que se resiste a lo que no ve claro. Se resiste. Mucho. Podría darme instrucciones en contrario, pero no sé si quiero.

Necesito gradualidad, si es que la palabra existe. Y si no existe, necesito su significado.

Paso de objetivos y de agendas aunque sea el principio de un año nuevo.

Puede que sea mercancía frágil, ya lo dice Lady K. O que esté haciendo de la confusión un estado pasajero y perenne.

(Hace unos días soñé que era un pez. Supongo que fue porque en lugar de un mal cuento, conté una historia de amor, la del compositor Enrique Granados y su esposa. Hay pocas muertes tan trágicas y a la vez tan bellas. De vuelta de un recital ante el presidente Wilson, el barco en el que viajaba el matrimonio fue alcanzado por el torpedo de un submarino alemán. Granados estaba ya a salvo en un bote, cuando vio con desesperación que su mujer se debatía entre las olas y, sin pensarlo dos veces, se arrojó al mar. Los dos desaparecieron entre las aguas fundidos en un abrazo.)


Following Dolphins, Najwa


La foto… Najwa Nimri también, en Lucía y el sexo...

Inaudito… me acabo de quedar sin regalo de Navidad para la hermaníssima… mi madre ha perdido la bolsa… a ver qué me invento yo ahora…

5 comentarios:

Lady K dijo...

El post me ha encantado. Ah, y la conversación de ayer me recordó algo que tenía en algún lugar indeterminado de la memoria, esas salvaciones a punta de pistola. Si necesitas ayuda con el regalo, dame un toque y ya se nos ocurrirá algo.

Besitos

La hermaníssima dijo...

Con que me regales ese post de amores lácteos me vale
jijijijij
Uy qué malita estoy hoy!!!!Creo que es del atracón de salsa de ayer

vega dijo...

por algo no lo ves claro... yo creo que hay que hacer caso al instinto, porque si te equivocas con algo que no veías claro te tirarás de los pelos...

Pero hablo sin saber de qué va el asunto...

Y me encanta Najwa... no sé por qué pero me encanta...

Besos electrónicos!

Ignacio dijo...

O todo o nada, la gradualidad es la antesala de la mente plana.
Medicina: los Stars canadienses y su disco In Our Bedromm After The War (no puedo evitar mi querencia anglosajona).
Sin efectos secundarios, Ignacio

Kika... dijo...

Lady K... gracias. Y gracias por tu re-post...

Sisteríssima... marchando una de amores lácteos!!!! A ver si puede ser para ya!!!!

Vega... yo soy muy arrojada, incluso con aquello que no veo claro, lo que pasa es que me resisto a la autoridad, me resisto, me resisto...

Ignacio... la gradualidad (para mí, como me he inventado la palabra, la cargaré de significado) no es para mí una especie de agua tibia, un nifrionicalor... es más bien dejar discurrir las cosas a su ritmo. Un ritmo que puede ser vertiginoso o a ralentí...

Besos y magia,
K