16 enero, 2008

Misión rescate

Step one you say we need to talk
He walks you say sit down it's just a talk
He smiles politely back at you
You stare politely right on through
How to Save a Life, The Fray


Cuando estoy triste, doy miedo. Lo sé perfectamente. B decía siempre que no, que mi tristeza no tiene sentido, que no puede existir, que esa inversión de fuerzas es imposible. Que mi alegría hecha tristeza es una especie de maremoto de destructivas consecuencias. La conclusión de B era que yo lloraba únicamente porque estoy guapa cuando lloro. Sí, hombre. Con la nariz congetionada y los ojos como pimientos estoy monísima.

La belleza está en los ojos del que mira. B siempre supo verla, creo. Escribió un poema en una servilleta que se llamaba M al sol (mi nombre del carnet empieza con esa letra) en el que hablaba de mi supuesto brillo al llorar.

Doy miedo porque no me comprendo, básicamente. Y porque me vuelvo incomprensible. O porque me vuelvo tan comprensible que doy miedo. da igual. Porque la melancolía no es un estado demasiado reflexivo.

Me doy instrucciones en contrario. Hasta que dejan de funcionar. Lo pongo todo en palabras. Hasta que dejan de tener sentido. Y el nudo en el estómago se hace nudo en la garganta, y el miedo, presión en los senos nasales, y cualquier pensamiento se convierte en un bucle melancólico condenado a repetirse mientras me absorbe las fuerzas que me quedan.

Me dejo llevar. Aunque dejarme llevar supondría una opción. Llegada a este punto, no hay opciones.

De pronto, la misión rescate. Mejor dicho, llega una misión de rescate que no sabe ni que lo es. Menos mal que enseguida se da cuenta, menos mal que deja a un lado las casualidades para analizar la situación. Y analizarla bien. Porque otro escuadrón de rescate habría hecho un mal diagnóstico reduciendo mi universo, haciéndolo mucho más pequeño de lo que lo es en realidad.

Nos ofrecimos nuestros respectivos atajos a la felicidad. Un vademécum de soluciones. Debería recetarnos la Seguridad Social: yo quito jaquecas sin medicación, tú arreglas la tristeza sin antidepresivos.

Y yo me quedé con su ventana, mucho más apta para cualquier suicidio, porque creo que desde ahí sólo me rompería una pierna (yo vivo en un noveno y desde ahí no hay quien falle).

Espero que la misión rescate no le haya dejado extenuado, o vuelto del revés, o muerto de miedo. Que sé que lo doy cuando estoy triste.

Así se salvan las vidas.

Gracias.

5 comentarios:

Lara dijo...

La tristeza de los que no quieren estar nunca tristes siempre da miedo.

Lo único que te digo, ya que he asumido mi papel y lo llevo con gloria, es que nada de carpetazos a ese poemario, con ese segundo título estupendo, que tengo muchas ganas de leer.

Un beso con/tra la tristeza, Kika.

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Cuando las palabras dejaron de tener sentido... te lo copio para la segunda parte de mi blog ;-)

Puede, simplemente, que como dijo Sabina:

"No hay ser humano que le eche una mano
a quien no se quiere dejar ayudar"

Y hay veces que tienes que elegir: te dejas llevar o no, pero si te dejas no preguntas ni adónde ni cómo, porque entonces no te estás dejando llevar, te limitas a ser un enano subido a la chepa de Zaratustra.

Pero ya te lo dije, de un bucle sólo se sale a una velocidad multiplicada, así que hay que tener un par de huevos para ponerse delante, porque todo el mundo tendrá la sensación de que te lo vas a llevar por delante, ¿no?

Todo el mundo sensato, quiero decir. Eso no cuenta a cantautores.

Un besito!

Guille

La hermaníssima dijo...

Oye que te mango el disco de Suarez un ratejo, eh?

acróbatas dijo...

Estaba leyéndote y pensando en algo parecido a lo que ha dicho Lara: "La tristeza de los que no quieren estar nunca tristes siempre da miedo."... pero claro, ella lo ha dicho mucho mejor de lo que podría decirlo yo.

"Nos ofrecimos nuestros respectivos atajos a la felicidad."... Yo también se algo de eso. No sé si son atajos directos a la felicidad, pero sí atajos al sentirse un poco mejor.

Te mando cien mil abrazos, uno detrás de otro...

:*

Kika... dijo...

Lara... es exactamente así... y prometo que serás la primera en leerlo...

Guille... no me estoy llevando a nadie por delante, al menos de momento, y hay gente muy inconsciente que se me pone delante porque le llega de golpe el cometido de salvarme la vida. Menos mal que no le dio miedo. No sé dónde estaría ahora. Bueno, dónde sí. Lo que no sé es en qué estado.

Mi acróbata favorita... ¡cuánto tiempo! Recuerdo que pasaste por una etapa parecida, y se prepararon mil millones de misiones rescate directas a tu corazón. Y sí, al final, si se es un poco más feliz, aunque sea mediante un atajo, aunque sea artificio, eso que te llevas...

Besos y magia a todos...
K