20 enero, 2008

La linterna de Flan (o Anyone would have said you were jealous)

… mientras que una diosa espera la reacción,
con entereza y solvencia pero no con sobriedad...
F en el fotolog de la hermaníssima



Flan, el hombre de luz, me ha regalado un farol precioso. Es de cristal pero imita los de papel, y es azul, uno de mis colores favoritos. No sé si Flan tiene simplemente buen gusto o si ya ha radiografiado mi forma de ser. El caso es que ha acertado perfectamente: tanto la forma de su linterna como su uso me han venido al pelo. La he colocado en mi habitación al ladito de la lámpara de aceite que me regaló Arancha Putin…

… ¿cuántas veces digo te quiero a la semana? ¿Y al mes? ¿Al año? Una buena cantidad. No sé si demasiadas, aunque creo que muchas más que el ser humano medio.

¿Por qué? Porque creo que en mi vida el amor es la emoción predominante. En toda su escala de grises desde el blanco hasta el negro.

No quiero llamar al amor de ninguna otra manera, por muy fuerte que suene.

Por mucho que queramos disfrazar sus variedades y graduaciones de estar obsesionado con, ser feliz con, estar bien con, estar enamorado de, ser amigo de, ser cómplice de, estar inspirado por… Para mí es todo el mismo sentimiento, con matices y duraciones distintas, claro.

Cuando una persona llega a mi vida, primero tengo que ver si hay blanco o negro. Si la quiero o no. Una vez obtenida la respuesta, y si es positiva, empiezan a entremezclarse todas las escalas del amor, todos esos grises, blancos y negros. ¿Te quiero? Sí.

Ahora queda lo siguiente. Lo verdaderamente complicado.

Decidir cuánto y cómo.

Cuando todo es perfecto, es casi imposible saberlo.

Pero cuando no me escuchas,
y yo me repito,
(vitalmente desconectado de mí, de lo que te rodea).

Cuando te miro de cerca y te veo las costuras,
el pelo de bebé,
y a mí se me ven las mechas
y las pestañas de muñeca.

Ahí se llega al punto de decisión. Del cómo y del cuánto.

Me cayeron dos lágrimas en dos momentos.

Las dos del ojo izquierdo.

(Una creo que no se vio. Me la recogí como pude mientras fingía un ataque de grafomanía. Yo, otra cosa no, pero dignidad tengo a litros. La otra fue imposible de ver, estoy segura. Porque en la habitación había alguien más pero nadie podía verme. Gracias al cielo no acerté con el misil húmedo y me cayó en la pernera izquierda del pantalón.)

Saqué la linterna de Flan, encendí la vela y miré alrededor. Todo se veía mucho más claro.

Ahora sé cuánto. Y cómo. Me he pasado una semana diciendo que sabía dónde estaba, era verdad, pero la posición era imprecisa. Hoy las coordenadas están claras.

¿Cuánto? Mucho.

¿Cómo? Pues quizá no como yo pensaba.

Me gusta.

(casi puedo escuchar tu alivio)


Flan… gracias por el farol. Y para que no digas que no sabes nada de acordes, hoy la cita con la que empieza el post es tuya, en lugar de venir de una canción…gracias otra vez…

Lo siento… por el inexistente estilo. Si me pillan los escritores del taller…

6 comentarios:

NáN dijo...

Un estilo fantástico para decir lo que hay que decir.

Otra cosa sería vaciedad (que no es lo mismo que el potente vacío: la vaciedad acaba por tragarle a uno).

Kika... dijo...

Muchísimas gracias.

Miles de besos, NáN, leyéndote me quedo más tranquila... tal y como escribes tú (maravillosamente)... me quedo luchando por no caer en ese vaciedad que podría tragarme...

Besos y magia,
K

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Los kamikazes somos así, tenemos el "te quiero" en el cerebro todo el rato. Tanto que hay que hacer el esfuerzo de no transmitir la orden a la boca. Pero yo no necesito certezas, ese es el problema. Las certezas me inmovilizan la mayoría de las veces, así que soy más de decir "te quiero" cuando aún no estoy seguro. Cuando aún es posible.

Kika... dijo...

Lo dices cuando hay que decirlo.

Besos,
K

Lara dijo...

Los del taller estamos encantados contigo, Kikakikakika.

Kika... dijo...

Yo también estoy encantada de estar en el taller. Encantada, orgullosa, bueno, todo. Paralizada de emociones...

Besos,
K