13 enero, 2008

Hacer algunas cosas por primera (y segunda) vez


Me perdería de pie...
Esa sensación de encontrarme
con las cosas por segunda vez.

Esperando nada, Antonio Vega

Voy a hacer lo que se supone que tengo que hacer.

Llorar.

Una lágrima tras otra, todas calientes, irritantes, impermeables a lo que ocurre a su alrededor. Las lágrimas son gotas de agua, lípidos, sales y proteínas que hoy lloro en balde. Mi abuela siempre dice que si lloras por llorar, quedas condenada a guardar las lágrimas en una botella para cuando puedas darles un mejor uso. Un mejor uso. Habría sido mejor hablar algo más de motivaciones y algo menos de usos.

Una tras otra. Una cadena transparente, llorada por obligación.

Porque no hay lágrimas de pena, ni de rabia, ni de impotencia. No. Lo que tengo dentro no tiene nada que ver. Tengo ganas de matarle, ganas de gritar, ganas de decir la verdad hasta sus últimas consecuencias. Ganas de morirme. De esas, menos que de las otras. Pero también están.



Escribí esto hace algo más de un año. No lo publiqué en ese momento por una especie de autocensura estúpida. Estúpida porque el texto se queda muy corto y no retrata ni un uno por ciento (mis porcentajes y yo, como diría Guille) de lo que sentía entonces. Recuerdo claramente – aunque he hecho mucho por olvidar aquel momento – las ganas de morirme, el sentimiento de haber hecho el ridículo, el sabor amargo de la equivocación.

Claro que desconocía todo lo que vino después.

Lo hice por primera vez. Ponerme el revolver en la sien y disparar. Dispararme un trallazo de esos que le gustan al Arquero, y que sólo le inflijo a él porque es un guerrero y puede soportarlos. Había cosas que yo no había dicho nunca. Que no me había hecho falta decir, que no había necesitado hacer. Nadie ni nada me obligó, aunque parezca una obviedad decir que lo hago todo porque me da la gana.

Primeras veces: ayer fue un día de primeras veces. De las de verdad. Nada de ver algo viejo con nuevos ojos, que es al final lo que termino haciendo todos los días porque, de no ser así, me tragaría el sumidero de la ducha. Y yo me dejaría tragar.

Por eso, porque era un día de primeras veces, me sorprendí haciendo algo por segunda vez. Y por hacerlo me llamaron caprichosa, dije que no lo soy, que la caprichosa oficial de mi familia es otra persona. Me fastidia, porque yo no me autojustifico, ni hago melodrama barato de lo que considero importante (aunque, claro, puede que mi criterio acerca de lo que es importante en la vida no coincida con el del común de los mortales).

Así que miré hacia abajo y acepté lo inevitable. Acepté que siempre hay una segunda vez, segundas veces de lo que no queremos, segundas veces de lo que odiamos, segundas veces de lo que juramos que no volverá a ocurrir. Y esas segundas veces vienen precedidas de otras segundas veces, por muy tautológico que parezca.

No debí haberme expuesto de nuevo, se ve que no aprendo. Al principio me salió muy bien el rollo de kikagélida, la mujer de hielo, la que está pero no está. Causando confusión, tirando bombas de racimo hacia cualquier parte mientras trataba de decidir qué ocurría conmigo. Qué quería que pasara, cuáles serían los costes y los beneficios. Y al final, tanta reflexión para que me venciera el miedo. Por primera vez.

Todo lo que has hecho está bien si has hecho lo que te ha dado la gana, me dices.

Sin duda. Otra cosa es que, por segunda vez, lo haya hecho todo mal. Pero no me arrepiento, recojo los bártulos y me recoloco en otro sitio.

El único problema es dónde me clasificarás tú, supongo. Espero que no sea donde las caprichosas, aunque tendrías derecho. Lo que no puede ocurrir es que dudes acerca de mis intenciones, porque no ha habido dobleces, sólo emoción.

La primera vez me ocurrió por falta de oxígeno.

La segunda ha sido por exceso de electricidad.
Por eso hoy no lloro. Por eso hoy, paradójicamente, soy feliz. Hay diferencia, por tanto, entre las primeras y las segundas veces. O entre las personas de las primeras y de las segundas veces.

¿Y ahora qué? Pues tendré que volver a aceptar que eres como perseguir el horizonte. Sé que es una línea imaginaria que se aleja a medida que me acerco, así que nunca llegaré.

Sí, claro. Así son las cosas. Si no han surgido, no van a ocurrir.

Pero no puedo evitar que me joda.

9 comentarios:

Lara dijo...

Cuánto derroche de cosas, de emociones, de amenazas, de sacrilegios y de Kika. Y yo sin enterarme.

Perseguir el horizonte es hermoso, pero el horizonte tiene que dejarse alcanzar alguna vez, aunque sea con los ojos cerrados, aunque sea para coger fuerza, para tocarlo, de lejos, y soltar algo de toda esta electricidad.

Un beso fuerte.

Espero que tengas las justas ganas de llorar, esas que son necesarias.

La hermaníssima dijo...

Según las normas iso, din y bs, yo soy la caprichosa oficial de la familia jijiji!
Es que no puede ser,eh?

Anónimo dijo...

kikita, como tú misma contabas en "cosasquenoentenderédelamor..."
no pasa nada!
y así nunca te quedaráscon la duda
"por qué no dije..."
besos, de L

Lady K dijo...

EStoy de acuerdo con el anónimo. Arriesgarse es lo que tiene, que puede no salir como tú quieres pero así nunca pensarás que quizá, que si tu hubieras. Y no tendrás cuentas pendientes.

Ánimo, valiente

mariona dijo...

Lara lo ha dicho como se dicen estas cosas, y corroboro: al horizonte hay que pillarlo, tarde o temprano. Y si no se deja, está bien que se quede ahí, como horizonte bonito y etéreo e intangible para contemplar como cuando se mira una postal. Para acordarse que hay otros, muchos y cercanos, horizontes.
un beso grande (qué estupenda estabas ayer, llevabas con mucho disimulo la deshorizontación!)

Irene dijo...

Sea lo que sea, Kika, solo te puedo decir que TODO pasa. Y que para bien o para mal, todo da muuuuuuchas vueltas. Y que hay horizontes que se evaporan por sí solos como espejismos en el desierto. No sé... En fin!!

Por cierto, pasando del rollo kikagélida, eh...

Muchos besos y a mantener esas lagrimitas ahí encerradas, acompañando a esa felicidad que esta vez sí que conservas...

Muak!

Ignacio dijo...

Como no tengo nada nuevo musical te recomiendo un comic, por si quieres empezarlo: Adolf de Osamu Tezuka.
Lo tienes en un pequeño paraíso que es el Espacio SinSentido de la calle Válgame Dios.
Te abstraerá de la confusión durante unos días.
Saludos, Ignacio

vega dijo...

no sé lo que pasa exactamente ni puñetera falta que hace... sólo sé que no me gusta nada ver así a la gente, que como dice Mariona no se te notaba nada (la boina de los reyes te queda perfecta, por cierto)
Y que ya sabes que yo creo en el Karma, así que paciencia.
Besos de ánimo

Kika... dijo...

Gracias a todos... qué raro es esto de ser tristefeliz...

Besos desde el horizonte.
K