31 enero, 2008

Cinco tortugas en el baño

Tiene doce años y una vida que muchos calificarían de poco convencional.

Claro que la mía es muy poco convencional, y por lo tanto no sé dónde está el límite entre lo normal y lo que no lo es tanto.

Vive separada de su hermana, un año mayor. Tiene la mirada de sorpresa que acompaña constantemente a quien se sabe la pieza sobrante del puzzle, la que se queda de pie mientras que los demás nos sentamos. Nos mira, nos escruta, y sé lo que piensa. Que todos somos notas discordantes en esa reunión: la hermaníssima ante el ordenador, Flan espantando a los múltiples perros que viven en su casa para que no me ataquen, yo con cara de incredulidad. Sé lo que piensa porque la entiendo. Porque quizá yo haya sentido algo similar.

- Anda, enséñale la casa a Kika – le dice su padre.

Ella me lleva de la mano a ver la sala donde bailan su padre y su actual pareja. Sé que hace tiempo que no ve a su madre, aunque desconozco los motivos. Me dice que sólo hay cobertura del móvil si saco la cabeza por la ventana que da al patio, pero que su móvil – es rosa, Kika, mira qué bonito – se ha quedado sin batería. Vaya. Espero que no necesites usarlo, le digo con una sonrisa cómplice.

- ¿Quieres ver las tortugas? Están en el baño.

Mientras dice baño, pone cara de pedir disculpas, de tú ya me entiendes, de tú no me entiendes en el fondo. Y yo, claro, veo detrás de sus ojos permanentemente resignados algo de pena, algo de ganas de escapar. Un poco de quiero dejar de ser la pieza suelta.

- Son cinco. Pero esa pequeñita es el macho. Las otras no la dejan en paz.

Así que cuando nos marchamos, le di las gracias por enseñarme esas tortugas tan bonitas. Las gracias en una frase con su nombre, con mi voz llegando a lo más profundo.

Y un abrazo. Uno de verdad. Desplegando las alas.

- Kika, hueles igual que mi mamá.

Al cerrar la puerta, me sequé una lágrima.

3 comentarios:

Henar dijo...

Vaya historia bonita, Kika. me has puesto la piel de gallina.

Un beso,

H

Kika... dijo...

Fue un momento navideño un poco amargo. Ahora cuando me pongo perfume siempre me acuerdo de ella.

Besitos y magia,
K

Lara dijo...

Joder...