25 enero, 2008

Caer de pie/La casa de cristal


… y ayer da igual
si hay un día más…

Caí de pie, mensO

Llenazo en el Zanzíbar. mensO en acústico con su banda del viernes. Precioso concierto: un repertorio contundente con toque rockero, esperanzado, a veces triste, a veces ingenuo. Pero siempre con el detector de emociones activado. Sé por qué lo digo. Nos reímos con la historia de la Ex (esa con letras mayúsculas), viajamos en metro, hablamos con el filetito que está guardado en la nevera al lado del tupper de sonrisas… y yo, yo sola, Caí de pie. Mi canción favorita. Qué narices. Mi himno.

Queens dice que el acordeón le da un aire melancólico a las canciones. No sé.

Es que algunas canciones tienen un aire melancólico.

Es que quizá su día tenía un cierto aire melancólico.

Su día. Y por poderes, el mío.

Yo creo que era eso. Que una cierta tristecilla leve venía pegada a su chaqueta, y así vio al mensO, y así me dio la mano. Yo la tuve en la mía, y al final no se sabía quién daba fuerzas a quién.

Yo no estaba melancólica ayer. Cansada, probablemente sí. Como si acabara de llegar de un viaje y el jet-lag me forzara a hablar un poco más lento, a coordinar un poco menos mis movimientos y a conducir más despacio con las ventanillas bajadas. Cantando una canción, no por la alegría extrema, sino con una cierta hemiplejia facial: una mitad de la cara sonríe y la otra sólo acierta a adoptar una cierta expresión de sorpresa.

Hoy mi mundo está de viaje, o se ha ido de viaje, o se va mañana de fin de semana. Está metiendo las maletas en el coche con rumbo desconocido, sólo carretera por delante, la cinta de alquitrán infinita y llena de espejismos.

Mi mundo se va de fin de semana y yo vuelvo de vacaciones.

Y lo escribo. Metida en este blog como en una casa de cristal. Ayer me di cuenta de que hay que estar hecha de una pasta concreta (no diré que especial, sólo que concreta) para escribir sobre la vida propia y la ajena. Aunar verdad y realidad, luz y oscuridad, es complicado. A veces se logra y otras no se consigue demasiado bien. Aun así, hay que tener cuidado. Se escribe, se publica, y nunca se sabe demasiado bien si un trocito de nuestra vida puede terminar atragantándosele a alguien a quien queremos. Caben dos opciones: contarlo con todo y con ello o decidir no hacerlo. No por autocensurarnos, sino por embridar muy levemente lo que se hace. La casa de cristal lo expone todo, es inmisericorde y democrática. Inmisericorde porque es fácil ser feliz en público, pero sufrir bajo la mirada del resto es muy duro. Democrática porque al final todos los cabos vuelven, todos los detalles terminan por casar y alguien junta dos más dos y obtiene un resultado. Como en las viñetas de 13, Rue del Percebe, un golpe en la cañería del ático es percibido alto y claro por las ratas del sótano.

Los textos no deberían ser palancas emocionales para los demás. Quiero decir que no deberían estar concebidos así. O al menos, eso creo. Porque de ahí pueden venir los efectos no deseados. Y si algo tengo claro en la vida es que no podemos esperar alterar el mundo sin que ello tenga efectos. Muchas veces, son efectos adversos.

Me muerdo la lengua muchas veces.

Me he quedado con las ganas de decirlo. Quizá incluso (no estoy segura)… de decírselo.

Hay que estar hecha de una determinada pasta para hacerlo bien. Y quizá yo no sea la mejor, ni la más perfecta, pero estoy orgullosa de cómo vivo en esta casa de cristal, porque es la vida que vivo fuera de ella.

Me dijeron que eso es lo que tengo que hacer. Nada de pedir perdón por existir.

Aquí estoy yo. ¿No era así?

He vuelto a caer de pie.

(leve sonrisa)



Hoy… si no os vais de fin de semana, Paco Bello en el Búho Real…

7 comentarios:

Irene dijo...

"Aun así, hay que tener cuidado. Se escribe, se publica, y nunca se sabe demasiado bien si un trocito de nuestra vida puede terminar atragantándosele a alguien a quien queremos..."

Ufff... pues eso. Y pensar que también se le puede atragantar a alguien a quien no queremos o no conocemos, y que no nos enteremos o yo que sé... Me parece un asunto complicado y yo no sé cómo manejarlo, se me escapa, se me hace grande...

Me ha gustado especialmente el post de hoy... no se si ha sido esa palanca emocional de la que hablas, pero sin efectos negativos, eh... Para bien, para bien!

Jaco dijo...

Me ha encantado este post.

El truco para no pensar que lo que escribes se le puede atragantar a alguien es muy fácil, y a la vez complicado. Consiste en no pensar que pueda atragantársele.

Yo tengo dos blogs. Uno en el que que vacío mis sentimientos y otro en el que cuento otras cosas, para la gente que tenga miedo de lo que se pueda encontrar en el primero.

Un beso

Kika... dijo...

Irene... cielo... es inevitable que lo que se escribe tenga efectos...
Y si algo tengo claro en la vida es que no podemos esperar alterar el mundo sin que ello tenga efectos.

Pero creo que es ingenuo, no sé si además peligroso, esperar lo contrario (ya sabes que no soy demasiado dada a juicios de este tipo). Ocurre. Y esos efectos los asumo y los gestiono, como puedo, pero siempre siendo consciente de que existen. No piso callos, no me gusta que me los pisen.

Creo que me has entendido bien (reconozco que la idea se las traía): no es una cuestión de escribir de más o de menos, es más bien escribir para uno mismo, sobre uno mismo, y si las palancas de los demás se mueven, tanto mejor.

Así son las casitas de cristal. Para bien y también para mal.
(sin haberlo deseado... en fin...)


Jaco... yo no tengo dos blogs, aquí está todo lo que hay, bueno, todo no, claro, porque no cabe. Pero no hay ni trampa ni cartón.

Como decía anoche mi amiga Queens "mira, Kika, te conozco hace un siglo, y todavía me pasa que hay días que te entiendo y otros que me gusta, pero no sé de qué me hablas". Porque mi vida está tan llena de cosas...

Besos y magia a los dos.
K

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Es que lo de los efectos de los blogs es un tema: efectivamente hace que el mundo se empequeñezca muchísimo y yo me pueda enterar más o menos de lo que hacéis todos cada día. Cada día. ¡Cada día!

O, lo que es mucho peor, y suele pasar, que crea que me entero. Es decir, leemos lo que queremos, que diría nuestro amigo Husserl.

Por eso, en nuestro grupo al menos, tenemos reglas de uso, y las dos principales son: lo que se escribe en el blog se queda en el blog (como los futbolistas marrulleros) y, si a alguien no le apetece enterarse de cosas, tiene una preciosa cruz en la parte de arriba a la derecha de su pantalla.

Yo, en mi casa -y entiéndase el símil- hay días que me apetece recoger y limpiarlo todo y días que puedo tirarme pedos y no ducharme y que me huelan los pies, y yo no espero que eso le guste a nadie, pero es mi casa. Si no les gusta, que no vengan.

Pero yo me quedo

(Y, por cierto, jeje, yo también tengo dos blogs)

Kika... dijo...

¿Lo que se escribe en el blog se queda en el blog? Pero es que lo que pasa en mi vida no se agota ahí, y el blog es la vida... precisamente de esa interacción y de sus efectos hablaba...

En fin, que no estoy aquí para hablar de la vida de nadie, sino de la mía y de mi blog (mi casa de cristal)... vamos, que esa reflexión era mía, sobre algo de lo que estoy orgullosa, tampoco es que eso me ocurra mucho...

Con lo que sí que estoy de acuerdo (por todo lo anteriormente expuesto) es que si a alguien no le gusta lo que lee, siempre le queda no leerlo. Si a alguien no le gusta, no si le hace daño...

Besos y magia (y quédate en mi casita de cristal, porfa)
K

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

No, lo que yo digo es que nunca explico lo que escribo en el blog. No hay nada que deteste más que alguien me pregunte: "¿Qué querías decir con...?" o que infiera cosas por lo que escriba.

Cuando escribo, incluso cuando escribo sobre mi vida, hay siempre un punto de la rabia, la alegría, la euforia, la depresión, la tristeza, la expectación, el nerviosismo... de ese momento, pero que pueden haberse pasado al momento siguiente.

La vida es así, y cuando literaturizamos sobre la vida -cuando yo literaturizo, quiero decir- no me guío por ningún patrón lógico, así que no puedo dar explicaciones. Me niego a darlas. Y ya digo: odio que me las pidan.

E, insisto, si alguien no acepta esas reglas, es su problema, no el mío. Que el diario esté sobre la mesa no quiere decir que los demás estén obligados a abrirlo y leerlo.

(Y me quedo, claro) ;-)

Kika... dijo...

Ah, vale, perdona, no te había entendido bien. En el tema de las explicaciones estamos de acuerdo.

Aunque creo que cualquiera puede pedirlas. La decisión de darlas o no está en el que escribe.

Lo que me suele pasar es que sólo doy explicaciones sobre el blog cuando las daría en la vida (muy pocas veces, trato de estar más o menos segura/convencida de lo que hago).

Pero vamos, que sí, que cada uno haga lo que quiera. Pero yo - y ahí no espero que los demás hagan lo mismo - soy consciente de los efectos que puedo causar.

Tengo mucho respeto por el sufrimiento humano (propio y ajeno).

Besos y más magia,
K