24 diciembre, 2007

La noche de la mujer pantera

Para Lady K, la única y original mujer pantera.


Supongo que anoche necesitaba abrazos y cama. Pero no sabía – quizá no lo sé aún – qué variedad de abrazos y qué variedad de cama.

Tenía la noche felina. La mala luna de la luna llena o casi llena, iluminada entre los tejados, terriblemente blanca, albina, incoherente como soy yo desnuda. No puede ser bueno ver en el cielo una réplica casi exacta de lo que hay sobre la tierra.

Da miedo.


Igual que decir no sé cuando somos pequeños. Me educaron en un mundo (bueno, en un colegio, al final para una niña pequeña el mundo se reduce al binomio casa-colegio) en el que contestar que no se sabía no era una opción. Para terminar aprendiendo que muchas veces el reconocimiento de la propia impotencia, de la propia ignorancia o de la propia ineptitud (incluso) es el principio de la solución de muchos problemas. Ahora reconozco que no sé, que desesperadamente no sé. Que absolutamente no sé.

Entonces me encontré, carambolas de la casualidad o de la causalidad, ante algo que no sé si llevo deseando un tiempo, definitivamente ante algo que me gusta y me atrae irremediablemente. Pero no sabía, claro.

Lo tuve tan fácil. Vestirme de lo que no soy, ponerme las pupilas de cristal de espejo para que yo pueda mirar hacia fuera pero nadie me vea por dentro. El vestido de charlatana insoportable, de dulce sin fondo, de domingo por la noche insustancialmente felino. Qué tramposa es la comunicación. Qué tramposa. Y todos lo hacemos. Todos. Ya lo dice la DiFranco (más o menos). Que todos contamos la mitad de lo que debemos para poder decir después que nos han malentendido.

Están verdes. Y la que estaba verde era yo.

Alguien que es capaz de llevarme a esos límites emocionales – no sé si voluntariamente, pero lo hace – es importante. Lo sé. Eso sí que lo sé. Y paralizaba saberlo. Mucho. Y más aún pensar lo que eso significa. Y más aún que sea una cuestión unidireccional.

Así vi, de golpe, un domingo de luna llena, cuál es el ritmo interior de mi vida ahora. La sensación de que todo vuelve a empezar a cada momento, de que la espiral vira cada minuto de lo autodestructivo al miedo y a la anestesia del alma. Una mala temporada donde, para más inri, no me dejo llevar. Que quizá sería lo que me gustaría. Caminar sin rumbo fijo y dejar de fingir que mi vida lo tiene.

Decidirlo yo sin pensar en las posibilidades de lo que ocurrirá después. Hacerlo sólo si se convierten en probabilidades.

Volver como los gatos, tarde, perdiendo el contacto con toda realidad, cruzándome con los que van a trabajar, despacio, con los pies almohadillados para no hacer ruido. Sin sacar las uñas porque ya no tengo ni fuerzas para eso.

Tenía la noche felina, lo he dicho y lo constaté. Un desconocido me miró en un semáforo, se bajó de su coche de lujo y me dio un papelito con su teléfono. No había poema de Luis García Montero. Probablemente, de haber sido así, habría deshilachado los pensamientos, me habría puesto el traje de mujer pantera y me habría subido a los tejados. A maullar desesperada a la luna. A saber sin dudas qué abrazos y qué cama necesito.


Las fotos… me las ha cedido María, y son de su felinísima gata Verdi… gracias…

Y si alguien se quiere reír… que lea el fotolog de la hermaníssima… a ella le escribe Papá Noel en persona… qué tía… ¡¡¡¡¡Un chupito de Polonio-210 a tu salud, querida!!!!! Lo que no nos mata, nos hace más fuertes…

9 comentarios:

NáN dijo...

¿Dices "volver como un gato"?

¡Ve como una gata! Y no vuelvas sin dos o tres heridas de las buenas. Soportamos mucho más de lo que creemos. (menos el aburrimiento).

Yo te veo ojos de gata de los buenos.

Irene dijo...

Vuelve o vuélvete como un gato, revúelvete como una felina salvaje, pero solo ante aquél que sea capaz de vislumbrar a través de tus lentillas de espejos, que lo que hay detrás es un alma humana, que siente y padece, que no está anestesiada...

Muak!

Lara dijo...

Me pregunto cómo seguirás ahora, apenas dos días más tarde, si te habrás quitado ese vestido y si habrás logrado regresar a casa, porque la luna sigue vacilando desde lo alto, más menguada pero no menos blanca, y no sé si tú estarás subida a una farola, escondida en un abrazo, no sé, arrancándote la parálisis de un susto, de un tajo.

Kika... dijo...

NáN... tú que me ves con buenos ojos... aunque sí, me voy a meter en un par de peleas de gatos callejeros y cuando vuelva me faltará un trozo de oreja, pero al final de todo eso ni se nota. Otro comentario directo a mi felino corazón... y a mis ojos de gata (me ha encantado eso de que son de los buenos).

Irene... por lo menos he constatado que no estaba anestesiada! Estupendo! Es lo que tiene frecuentar a los gatos, supongo... aunque sí, a veces se agradecería que alguien me dijera: "para, Kika, y cuéntame. Pero no lo que me cuentas, sino lo que te hierve dentro."

Lara... Touchée! Más de cuarenta y ocho horas después, hay resaca emocional y creativa. Y aunque no me he escondido en ninguna parte, estoy trantando de arrancarme la parálisis. Y puede que lo logre.

Y yo que pensaba que este texto era muy oscurito... (tengo que replantearme mis oscuridades)

Besos y magia a todos. Os quiero.
K

Ignacio dijo...

De mi niñez añado la variante calle al binomio casa-colegio.
La comunicación es tramposa porque puede ocultar la media verdad o puede enseñar más de lo que seremos nunca; yo nunca he buscado el malentendido.
Para mi, desde luego, es muy oscurito tu texto, pero llevo poco leyendo el blog por lo que simplemente espero que ... hayas vencido la parálisis.
Mi medicina, y eso que sufriré muchas más pérdidas de rumbo que tú, suele ser la música. Ahora me curo con Malajube y su disco Trompe-l'oleil. Cantan en francés y son maravillosos.
Maullidos de saludo, Ignacio

vega dijo...

oye Kika, pues yo te leo estupenda, la verdad. No creo que tengan nada de malo las noches felinas, no saber, pero saber que no se sabe (eso, después de todo, fue exactamente lo que dijo aquel hombre al que sus contemporáneos consideraron el más sabio del mundo)
Que la vida, a veces, nos parezca sin rumbo y a la deriva (porque casi nunca hay un rumbo claro, ni cartas de navegación, ni GPS, ni nada)

Besos gatunos (de los gatos canallas de los portales de Sabina...)
(y Feliz Navidad)

acróbatas dijo...

Jolín, jolín, jolín! En casa me funciona faltal internet y no me deja dejaros mensajitos a los de blogger!!!

Te quería decir que... cuando creo que va a ser imposible que te vuelvas a superar... lo vuelves a hacer. Estoy completamente enganchada a tu blog!

Un besito grande.

Kika... dijo...

Vega... pues sí, mira. Al final el rollo kika-gata, como dice Leo Minax, funciona muy bien. Y me encanta eso de que me lees estupenda... yo también te leo (y te veo) estupenda a ti... felices felicidades...

Acróbatas... pues viniendo de ti, me vale doble! Con las cosas bonitas que cuentas... eres un sol!!!!

Besitos y magia,
K

Kika... dijo...

Y por cierto Ignacio... me ha encantado el grupo... yo también utilizo la música cuan bálsamo medicinal de hierbas del Tibet...

(al final, esto de perder el rumbo es incluso recomendable)

Besos de mujer pantera!
K