28 noviembre, 2007

Historias de la puñetera oposición (XIII): Los libros del quinto

Esta mañana me han regalado un montón de libros. Una bolsa llena. No sé si ha sido porque la funcionaria me ha visto con cara de no llegar a fin de mes o si se los dan a todos. Si los pides, me imagino que te los dan. Pero yo ni siquiera los pedí.

Creo que le di pena. Porque iba con un compañero (quizá sea un exceso llamarlo compañero) que no me había dicho que me darían los libros. Que estaba allí delante preguntando por lo que necesitaba él, sin importarle lo que me hacía falta a mí. Supongo que estaba disfrutando con mi inocencia, con el susto que a veces me dan las gestiones ministeriales, con mi confianza en él. Con su frasecita de déjame hablar a mí, que yo trabajo aquí y voy a hacer mejor la gestión. Y yo le he dejado. Hasta fui a recogerle a casa para ir juntos. Juro que no soy masoquista. Es que no sabía que trataría de jugármela. Porque eso es lo que hacía.

Cuando ya estábamos a punto de marcharnos sin los libros, la funcionaria me ha llamado:
- ¿No necesitarás esto? Como no lo has pedido…

No son poemas ni novelas. Más bien son leyes, manuales y cosas así. Pero me ha hecho mucha ilusión que me los diera, con olor a papel nuevo. Hala, de regalo. Para que prepares el quinto.

En mi oposición ya no hay quinto ejercicio. Hace dos reformas, dejaron el proceso en cuatro fases eliminatorias. Pero el cuarto se sigue llamando el quinto. Jerga opositoril.

He emergido del despacho con una bolsa de plástico del duty-free de Schiphol llena de códigos y manuales. Me hervía la sangre, para qué negarlo. Cómo se puede ser así. Y cómo puedo fiarme yo. Si es que no aprendo.

- No te preocupes, que te acerco al trabajo, que es al lado de mi casa.

Él me ha dado las gracias.

Subimos al coche y mi cabeza ya estaba en otra parte. ¿Debería ser más desconfiada? ¿No tendrán razón quienes a veces me dicen que parece que no aprendo? Pues no.

Puse la radio y sonó esto (en la versión acústica de Universo Abierto, la que me gusta, así)…




... duele porque la piel no es materia inerte...


7 comentarios:

albert dijo...

confiar no es lo mismo que ser confiado, aunque desde fuera parezca lo mismo

Kika... dijo...

Pues yo confío y soy confiada. Creo.

Besos,
K

Queens dijo...

Un beso, dos besos, tres besos... para ti, para que te traigan suerte.

isabella dijo...

Confiar en la gente es algo bueno, digan lo que digan y te pase lo que te pase. ¡Qué infelicidad la del que desconfía siempre! Seré una ilusa, seré inocente, incluso seré idiota pero prefiero eso que el "piensa mal y acertarás".
Y después de este discurso, mucha suerte para tu examen ánimos para la recta final y a ver si en breve tienes algo grande que celebrar.
Un besito

Anónimo dijo...

Tú sigue confiando en la gente pero dime dónde vive que esta noche le hago una visita. (Ya sé que suena macarra pero hay veces en las que no se puede evitar).

AROA dijo...

ayer estuve viendo al chaouen que sonó en tu radio tras el chasco ... con su duele y tiembla, pero también su ríe y vive...

Ignacio dijo...

Los momentos más aciagos de mi vida fueron los tiempos de oposición. No porque fueran duros, sino porque eran desagradables, por la gente y por el entorno. Luego pasan las nubes negras y la vida recobra su luz. Hoy en día no vivo de los resultados de esas oposiciones y hay más luminosidad en mi vida. No te quiero desalentar, sólo decirte que es un mal necesario y cuanto antes te vacunes antes volverás a ser tú misma y recobrar tu vida.
Sencillamente me salía y quería comentártelo. Suerte, Ignacio