13 octubre, 2007

Mil maneras de escribir el verbo saber (y sus derivados)

Lo hice.

Al principio, me daba una cierta vergüenza reconocerlo.

No sé si ese correo electrónico me pilló en un momento proclive a la autoflagelación. O si hice clic sin pensar. Ay, qué peligro tienen los hipervínculos.

No sé si lo que vi le asciende a la categoría de cabrón, quizá sea así. Mejor cabrón con pintas que desequilibrado emocional. Mejor verdad que mentira, ¿no? No lo sé. Me sentó regular la ración de realidad. Estuvo a punto de darme un cólico gástrico de imágenes antiguas mezcladas con otras nuevas. Al menos, habría vomitado frases, minutos, amores, opiniones. Ni siquiera pude hacerlo, porque no puedo odiar. O mejor, porque no quiero hacerlo. Porque darle carpetazo al expediente sólo supone que las cosas terminan. Es una especie de segundo final. O el tercero, no lo sé. El final de nada, porque nada ha terminado en realidad. Quizá sólo haya acabado de mutar o haya llegado a otro sitio. Y sigo sin querer odiar, aunque hace mucho que no hay amor. Lo llaman bagaje. Yo lo llamo biblioteca emocional. En el fondo es lo mismo.

No sé si buscaba el premio miss ex sufrida de platino o algo similar. Lo ignoro. Sólo sé que me sentí imbécil, como el miércoles después del examen de portugués, con mi carpeta rosa llena de hojitas sobre el fado y el bacalao, Brasil y las relaciones hispano-portuguesas. Me preguntaron algo totalmente distinto, inesperado. Y sobre lo que no sabía nada. Estoy empezando a hartarme de que alguien en alguna parte suponga que soy una especie de ente omnisciente, con la sonrisa plastificada a prueba de balas de una vedette de revista, capaz de hacer malabarismos con la PESC y los disturbios del sudeste asiático. Pues no. Todo tiene un límite.

Claro que se supone que no tengo derecho a quejarme. Que hago lo que quiero. Y no me quejo… hasta que tengo que hacerlo, porque si no, reviento.

Y más que nada, me quejo por tener que ser la juez del concurso Por un euro, diga una obviedad sobre Kika y su situación actual. Parece mentira. Unos, preguntando lo evidente. Y yo, viendo lo que no debería. Haciendo el master en sentirme estúpida. Por correspondencia. Bueno, no sé si al final ha sido mejor. Dicen que de los errores se aprende. Pues entonces sé más que antes, lo que no está mal.

Aunque hay cosas que no sé si prefería no saber.


Este post raroraroraro (que no de amor friki, el amor friki es bonito a su manera)… es para Lady K. Por dejar que me quejara y comprender que lo hiciera. Y prometiéndote que te voy a dedicar un poema bueno que tengo en el horno. Y gracias por sujetarme el pelo en esa vomitona emocional (perdón por el símil).

El dibujo… es Little Miss Naughty (ya puesta a poner una Miss, mejor a esta)…

Mi querido Fox Mulder… cierro un expediente. Abro otro. Besos, Dana Scully.

4 comentarios:

Lady K dijo...

Ya sabes que lo que hago lo hago encantada. Esa Miss Naugthy me recuerda unos libros que cierto jugador de hockey me regalo hace mucho mucho, cuando yo era otra. El creía Little Miss Shy... Fíjate, aquel también traía regalo...

Kika... dijo...

Lo que son las cosas. Little Miss Naughty y Little Miss Shy (aunque mi madre dice siempre que soy Little Miss Chatterbox).

Muchas gracias y muchos besos. Nunca ganarás el concurso de obviedades (no las dices nunca).

Besos,
K

Irene dijo...

¿¿Que no tienes derecho a quejarte...??? Pero bueno ¿qué es eso? ¡Arriba la queja, viva la protesta y larga vida al pataleo!

¡Besos rebeldes!

Kika... dijo...

Ole!!!!

Besos,
K