30 octubre, 2007

Clave de bóveda

Quiero ser tu instante…
quiero que llores por mi hoy
Dueño y esclavo, La Musicalité

Cuando imagino cómo somos las personas por dentro, invariablemente me viene a la cabeza la misma imagen: una centralita telefónica de esas antiguas con un montón de agujeritos que no se sabe demasiado bien a dónde conducen. O la sala de control de un reactor nuclear: palancas, cables, resortes, carteles en ruso… que poco le dicen a quien no sabe usarlos.

Vamos así por la vida. Cubiertos de botones que ignoramos dónde están y a qué nos conducen. Resortes del pasado, recuerdos, actitudes, lecciones aprendidas, heridas cicatrizadas y otras que lo están menos. No nos damos cuenta de que cada una de esas palanquitas expone a la luz y al viento un poco más de nosotros mismos.

Para conseguir algo de alguien sería suficiente con saber qué botón apretar. Clic. Y ya está. Pulsar donde hace falta daría acceso a los vericuetos más ocultos, a las claves de cómo soy, de cómo somos. Hay personas que parecen haber nacido con la mano inglesa en las manos, o con unas gafas especiales para ver esos botones. Así consiguen lo que quieren con mucha facilidad, bien sea manipulando, bien sea convenciendo. Emplean el poder que les da la información con precisión mecánica, capaces de despertar lo peor (o lo mejor) del otro, no con ánimo de comprenderlo mejor, sino con otros fines normalmente mucho más prosaicos y a menudo, terriblemente torticeros.

No siempre es así. El uso de la información o el conocimiento de los resortes ocultos de los demás es moneda común. Quizá no se haga con la precisión casi macabra del manipulador, pero se hace. Así, sabemos qué decirle a un ex para llevárnoslo a la cama. Conocemos los resortes, y quizá no calculamos, no hacemos sumas y restas sobre nuestros cuadernos emocionales, pero seguimos tratando de empujar las palancas ajenas hasta el punto exacto.

No necesariamente se trata de modificar la conducta ajena. En ocasiones, simplemente es cuestión de obtener información. Lo que se guarda dentro y lo explica todo. Los más ocultos pensamientos y experiencias. La clave de comportamientos que parecen inexplicables.

Otras veces, pasamos por delante del resorte, podríamos obtener de todo, nada, cualquier cosa. Y como el resorte no se ve, si no se pertenece a la clase de personas que van con las gafas especiales o la llave, se pierde la oportunidad de mirar dentro de un alma ajena sin obstáculo alguno. La oportunidad de verlo todo claro y cristalino, sólo con pulsar el botón correcto.

El otro día alguien pasó de largo. Tal vez porque es demasiado noble como para hacer cálculos canallas. Puede que porque caminaba por mi escote sin mirar más allá. Y yo, con la guardia baja. Casi le dije dónde estaba la clave de la bóveda, esa piedra que, al desaparecer, provoca el derrumbamiento del techo. El hundimiento sin remisión. Nada de agua: tocada y hundida. Directamente.

Habría bastado con una pregunta, pero no la hizo.

Y todo siguió igual.

6 comentarios:

albert dijo...

pues a mí me suena lo de la central nuclear, pero está claro que homer simpson está al mando, eso explicaría muchas cosas...

Kika... dijo...

Como digo muchas veces (ya sé que está mal autocitarse, pero en fin):

"El sadismo de la autoridad competente está fuera de toda duda"

Si hay autoridad competente, qué sádica es. Lo que pasa es que yo creo que ni Dios, ni Homer Simpson... que somos nosotros, Albert, apretando botones sin saber ni cómo ni por qué...

Besos y magia...
K

distimia dijo...

Totalmente de acuerdo con lo escrito. A veces me parece imposible que no puedan dar en el clavo después de que yo les ofrezca tantas oportunidades para hacerlo. Ésa es una de las cosas de la gente que más vacía me hace sentir.

Saludos.

vega dijo...

he vuelto a la vida (osea que he sacado las narices de papelajos para volver a meterlas en los blogs del mundo). tengo mucho atrasado, pero de momento me he leído este post y sabes lo que creo? que si lo hubiese dicho tampoco habría bastando porque lo habría dicho mal, o tarde, o alto, o bajo, o demasiado brusco... y porque al final lo de los resortes no es tan sencillo...
Espero que igual signifique bien para ti!!!
Besos!!

Lilith dijo...

Resortes, botones ocultos... conversciones a medias, en clave, pistas encriptadas, miradas que dicen todo en un instante... Todo es perfecto en teoría, pero la realidad es prosaica (yo también me cito a mí misma), y las cosas casi nunca salen como deberían. Es posible pasarse toda la vida esperando a que alguien se fije en ese botoncito marrón que parece una peca; lo importante es no caer en la trampa de la melancolía y dejarlo pasar desapercibido (porque según tu teoría, todos tenemos resortes susceptibles de ser ignorados, no?)

Kika... dijo...

Lilith, no podría haberlo dicho mejor. Chapeau!!!

Besitos boca abajo!

K