20 octubre, 2007

Los últimos veinte euros

Ayer por la tarde salí de cantar y vi que me quedaban veinte euros en el monedero. Como digo siempre, con veinte euros llego a fin de mes, porque ya apenas me quedan vicios en los que gastarme el dinero. Triste, pero cierto: o no me quedan vicios o he dejado de considerar que mis vicios lo son. Así que estaba en plena Puerta del Sol, con el monedero en la mano, pensando qué hacer con el billete azul. Rechacé la idea de meterlo a plazo fijo, la idea de guardarlo, la idea de gastarme una parte y emplear el resto en otra cosa. Realmente necesito unos zapatos. Pero mis últimos veinte euros no son para algo que necesito. Tienen que ser para algo que quiera, o al menos para algo que prefiera.

Si fuera rica, creo que sería compradora compulsiva.

Pero no. Así que decidí que compraría un disco. Uno que costase menos de veinte euros (la maldita restricción presupuestaria, lo único importante que aprendí en la carrera). El de Quique (González). No, ese no, que el single no me ha convencido todavía. Voy a preguntar a ver si ha llegado ya el nuevo de Ani DiFranco. Y, por fin, más de un mes después de su supuesto lanzamiento mundial, ya podía hacerme con Canon, porque así se llama la retrospectiva o la colección o lo que sea. Decidí comprarlo, aparte de porque me gusta lo que canta y cómo toca la DiFranco, porque mis canciones favoritas no estaban entre las 36 seleccionadas (47 en realidad, porque con el disco doble recibes uno de directos con once cortes más). Genial. Lejos de pensar que lo que tengo es mal gusto o un oído enfrente del otro, me pareció que quizá era la oportunidad de escuchar a la little folksinger de otra manera.

Me lo llevo. Y me sobran dos euros para… ufff. Con dos euros yo hago maravillas.

Dale al play, Kika. Dale. Clic.

Podría decir que Ani DiFranco es responsable de una parte de mi educación musical. Y de mi educación sentimental también. El primer álbum suyo que compré fue Not a Pretty Girl, que se editó en 1995 pero que cayó en mis manos en 1996, cuando terminaba el instituto, en medio de una crisis existencial que empezó siendo un crujido al estirar los brazos y terminó en terremoto. Me pareció que Ani lo explicaba todo, y que superaba a la que yo consideraba la mejor cantautora norteamericana hasta entonces, Suzanne Vega. Claro que no voy a entrar en qué es la canción de autor, tema que aborrezco, porque además considero que Ani DiFranco es también una gran guitarrista, con un estilo propio, una especie de staccato rompecuerdas. Aprendí que la guitarra, cuando se escucha con atención, cuando se toca como lo hace ella, es melodía, pero también es percusión, eco, vibración en estado puro.

Canta sobre casi cualquier tema. Del compromiso político de sus primeros discos, con temas como la orientación sexual, el aborto, la guerra, el feminismo la política norteamericana, los malos tratos, la pobreza y las diferencias sociales y raciales… a sus canciones de amor. Porque Ani se enamoró (se distrajo, dice ella) en 1998, y desde entonces combinó activismo con sentimientos, frases a bocajarro, confusión, humor, ironía y desorden. Paralelamente, hubo una interesante evolución musical. Y lo mejor de todo es que no sabemos hacia dónde irá ahora, después de tener una hija y haber grabado un disco como Reprieve, crítico con la administración Bush.

En Canon hay poca cosa nueva. Porque el único material que ha vuelto a grabar han sido cinco clásicos con nuevos arreglos. Entre ellos, destaca una nueva versión de Napoleon, escucha que debería ser obligatoria para cualquiera que vaya a dedicarse a la música profesionalmente (ay, si algunos escucharan más a la DiFranco) y una bellísima Overlap, con esa estrofa que dice…
I build each one of my songs out of glass
so you could see me inside them I suppose
or you could just leave the image of me
in the background I guess
and watch your own reflection superimposed (*)

Durante un tiempo, estuvo de moda criticar a Ani DiFranco. Por mujer, por lesbiana (es bisexual, según creo, y tampoco opino que eso importe demasiado), por haber creado su propia discográfica, por innovar, por no innovar, por su compromiso político, por sus posiciones a veces maximalistas… por cualquier cosa. Lo curioso es que casi nunca se metían con su música. Por eso, y sólo por eso, merece la pena escucharla, aunque hay mucho más.

No hace falta dedicarle los últimos veinte euros (supongo que estará en el eMule). Pero yo lo he hecho encantada, para qué engañarnos.



*… hago cada canción de cristal
supongo que para que me veas dentro
o quizá puedas
dejar mi imagen como fondo
y ver tu propio reflejo superpuesto…

Si alguien se atreve… buscad dos conciertos de Ani en fabchannel
...

(me gasté los veinte euros, luego el médico me recetó algo para la sinusitis y no tenía ni un duro...)

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