17 septiembre, 2007

Sunday morning

Perdóname por no cortarte
con el cuchillo de la tarde.
Repetiré mil veces
que no debo atravesarte
de palabra, peor de pensamiento,
de obras inacabadas
el domingo de madrugada.
Perdona por no besar
lo que creo que encuentro.
Los cumplidos del frutero,
el pastel de chocolate,
brizna de hierba pegada en el zapato,
la uña del pie inquieto
semidesnuda y liberada.
Perdóname por no explicarte
la manera de cazar luces.
Tamizadas por las hojas
apergaminadas, fluorescentes,
soleadas, muertas a ratos entre
la indecisión y fortaleza
de quien no quiso abrazar la tarde.


of all the Monday through Fridays
we joined the crusade
of all the Saturday nights
in which we were made
of all the exorcisms
I've done with your ghosts
still it's Sunday morning
I miss you the most

Sunday Morning, Ani DiFranco

(Perdonadme… vosotros por el momento lírico).

7 comentarios:

Lara dijo...

Si los momentos líricos hay que perdonarlos... yo debo de estar ya ardiendo de purga, ¿no?


Esta mujer me gusta y me asusta y me embrutece un poco. Difranco...

Pero ¿y tú?

¿Qué haces que no tienes esa mano en perpetua actividad? ¿Qué haces que no nos regalas más momentos líricos? Dale fuerte, Kika.

Por cierto, ni honor ni leches.

Un beso muy fuerte, y sacúdete el lunes, igual que hermosamente te has sacudido el domingo.

Kika... dijo...

Lara, muchas gracias. Qué más puedo decir... me he emocionado...

(iconito de esos a los que le caen lágrimas)

Muchos besos.

nán dijo...

salgo de la clandestinidad para preguntar si el poema es tuyo. Si lo es, tiene versos excelentes, como los dos primeros. (Y eso casi siempre hay que decirlo). Si el poema es de di Franco, como la cita, bien elegido.

Kika... dijo...

Hola Nán!
El poema es mío. Muchas gracias en nombre de los dos primeros versos (yo también creo que son lo mejor del poema)...

Besos,
K

nán dijo...

Pues debes seguir: aquí, en la blogosfera, es donde aprendemos todos. Esos 2 son los mejores (me parece) pero todo está muy bien.

Ánimo y besos.

Anónimo dijo...

Lamentaré
todas aquellas tardes veladas
en que tu cintura de niebla
gira en el templo y canta.
Del sol emerge tu alma.
De la hierba tus sueños. Y esa brizna, aletea, en tu uña, coqueta.

A veces no hace falta saber cómo se cazan las luces.

Se adelgaza tu verso. Arañas mis labios. Tu mirada. Oceánica. Como siempre.
Trémula, ávida y sedosa, se desliza.
Sinuosa.
Algo canta en el agua.
No son dos viejas. Sonríe.

Muero cuando te desnudas.
Es tu silencio infinito lo que me roba el aliento. Anida tu alma.
Inagotable.

Porque un brunch no es sólo un brunch ni un domingo es sólo un domingo. Es la lágrima indecisa que no quiso abrazar la tarde.

Un domingo cualquiera.

Kika... dijo...

Gracias. Así, sin más alaracas. Con una fanfarria, qué narices.