21 septiembre, 2007

La mirada de Denzel Washington

Ay, Dios mío. Hoy he ido con la hermaníssima a correrme una buena juerga en… la consulta del oftalmólogo. En nuestro caso, oftalmóloga.

Es la leche. Una vez que atraviesas el umbral de la puerta, quedas abducido como si la consulta fuera una nave extraterrestre. Sabes cuándo entras… pero ni idea de cuándo sales. Nada de ir en coche, porque es zona de parquímetro y con toda seguridad te han puesto una multa cuando salgas.

¿Cómo encontramos a esta oftalmóloga? Gracias a la hermaníssima, que como tiene todo tipo de parejas: parejas de mus, de póker, de bolos, de piragüismo, tenía una pareja de baile cuya madre se dedicaba a arreglar los ojitos de la gente. Y lo hace muy bien. Pero tiene un sistema absolutamente extraño, y no sé si terapéutico. Te toca esperar un siglo en la sala de espera, aunque si lo necesitas ella te dedica un siglo a ti en la consulta, lo que está bastante bien.

Y lo mejor… es capaz de descubrir, cuan doctor House, lo que te pasa con sólo mirarte. Tiene a su disposición catorce cacharros que se supone que deberían ser la base de su diagnóstico, pero no lo son necesariamente. Ella mira y pregunta. Escruta la manera de parpadear, memoriza el movimiento ocular de cerca y de lejos. Te dice ¿ves peor sin las gafas o a pesar de ellas? Con preguntas de este tipo te deja absolutamente descolocada (esta se la ha hecho hoy mismo a la hermaníssima) y obtiene la verdad con una especie de mayéutica médica en la que te hace un lío considerable para que te aclares.

Ella fue la que descubrió mi insuficiencia de convergencia. Y que veo chachidelavida, menos cuando me pongo nerviosa. Me diagnosticó con una frase que todavía es objeto de risas en mi casa.

- ¿Tú sabes lo que tienes?
- No, la verdad.
- Mira, tú tienes la mismita mirada que el actor ese de Hollywood. Sí, mujer, ese… ¿cómo se llama? ¡¡¡¡Denseeeeerrrr Guansinto!!!!
- ¿Cómo?

Me quedé pensando treinta segundos a ver qué podían tener que ver mis ojos (grandes, azul-verdoso, pupila casi siempre dilatada, el sol me molesta…) con los del actor estadounidense. Y no les encontré el parecido.

- Ay, Kika, es que cada vez que lo veo en la pantalla digo: mira, otro con disfunción acomodativa. Como tú.

Esta mujer me mata. Directamente.

Hemos salido de allí esta mañana con catorce recetas de colirios varios, toallitas, una mandanga para las pestañas de la hermaníssima y la recomendación de que me compre una lupa. Que veo muy bien y no voy a terminar con gafas como Denzel, mi compañero de patología. Bueno. A una no le dicen todos los días que mira como las artistas americanas. No me lo habían dicho ni para ligar.

Esa consulta médica es una realidad paralela. Paralelísima.

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