07 septiembre, 2007

Cinco minutos más de vida

Decía Luis Piedrahita en uno de sus monólogos que si recogiéramos las pelusas que se van acumulando bajo nuestras camas podríamos reconstruir con ellas nuestro cuerpo y ser inmortales. Me encanta ese monólogo, Lady K me lo regaló en un CD que escucho por la mañana cuando estoy un poco triste (los que me vayan a llamar LuisPi friki que se muerdan la lengua).

No hay tema de pensamiento (o si hay alguien cerca, de conversación) más trascendental que el de la vida y la muerte. Tengo que reconocer que me da bastante miedo la muerte. La propia no tanto, aunque también. Sobre todo me asusta la de las personas que quiero. Creo que eso se relaciona con mi idea de que en la vida casi todo tiene solución… pero claro, la muerte no. Eso me inquieta muchísimo porque tengo tanta gente maravillosa y especial alrededor que me gustaría que fueran inmortales.

Así que, cuan Lord Voldemort, siempre me he pensado en cuál es el secreto de la inmortalidad. Y – raro en mí – he llegado a una conclusión. Está en el recuerdo. Sólo dejamos de morir cuando nuestro recuerdo coloniza la conciencia de alguien. Cuando nos dibujamos en la cabecita de otra persona, aunque sea un momento y sin venir a cuento. De hecho, creo que es mejor que nos recuerden sin venir a cuento. Eso es memoria pata negra, de la buena, el recuerdo espontáneo que tanto valoran los especialistas en investigación y técnicas de mercado.

Un día el Lobo me preguntó a qué aspiraba en la vida, y me di cuenta de que sólo tengo una aspiración: que algún día, alguien se acuerde de mí y con eso me dé cinco minutos más de vida. Él dice que no debo preocuparme, que como soy un hada soy inmortal por mí misma… o no. Como se quedó dudando – y los Lobos deben saber algo sobre hadas – reiteré mi anhelo de hacerme inmortal en las mentes de otros, que será el espacio que tenga una vez que deje mi sitito en esta dimensión. Sólo aspiro a eso. Que no es poco, por otra parte.

He decidido que recordar a las personas, especialmente de manera espontánea (de esos momentos en los que te quedas con una sonrisa tonta), prolonga la vida. De los que están por aquí y la de los que han muerto. Al acordarnos de alguien, le damos cinco minutos más de presencia en este mundo, lo que no está nada mal. Y además nos hacemos un poco más eternos nosotros mismos.

Repartamos vida entonces.

(Aunque dice mi madre que, tal y como soy yo, sería capaz de volver si me quedase algo por hacer. Id llamando a Iker Jiménez…)


Todo esto… ha sido por el post de hoy de Vega
, donde se acordaba de mi teoría de los cinco minutos…un beso…

3 comentarios:

vega dijo...

otro beso para ti. más minutos de vida para mi en tu post... a este paso conseguiré mi sueño de llegar a viejecita arrugada, rosacea y sonriente...

y tú, claro, serás inmortal. ya sabes que yo solo creo en ese cielo y ese infierno: el de la forma en que nos recuerdan los demás!

acróbatas dijo...

Ufff, hoy me siento muy identificada con tus palabras. Empezando porque me encantan muchos de los monólogos de Piedrahita!!! Sobre todo cuando le escuchaba por la mañana en "No somos nadie", y me sacaba una sonrisa para todo el día...

Y luego, porque yo también tengo un pánico atroz a la muerte... y ese pánico se hace más grande y más grande si pienso en la gente a la que quiero... Es un tema del que no me gusta hablar, me pongo siempre muy nerviosa... así que voy a dejarlo aquí.

Un besito linda. Siempre consigues revolverme por dentro, no sé cómo lo haces... pero me encanta, eh? ;-)

Kika... dijo...

Vega... gracias de nuevo entonces. Nos encaminamos a una nueva inmortalidad... Besos

Vanessa: Mi amiga Lady K me regaló un CD con los monólogos grabados. Me troncho, soy muy friki de LuisPi...
Y sobre la muerte... me da un miedo terrible. De verdad. Así que yo también lo dejo aquí. Y más porque después de este post, a partir del que ya está colgado aquí arriba, empiezo una pequeñísima reflexión sobre el concepto de tragedia, el sentimiento trágico o lo que sea. Empiezo con los fados...
Y seguiré por aquí con las cosas que revuelven por dentro (a mí la primera) pero con cuidadito...
Besos,

Kika