31 agosto, 2007

La manzana de la discordia

Nota previa… este post está inspirado libremente en este texto de Lady K (es el trozo en cursiva). El original, aquí


Una noche cualquiera en un bar cualquiera. Supongo que lo especial de las cosas es algo que decidimos nosotros mismos. En realidad, el momento no tenía nada de común, era extraordinario de pleno derecho. Incluso extraño. Pero ella no le daba la importancia que merecería, porque no creía en el merecimiento, y menos en el de los momentos.

O quizá no le concedió la importancia que merecía por instinto de supervivencia. Si se le da demasiada importancia a las cosas que los demás desprecian, se sufre. Y mucho. Así que se sentó en la mesa cualquiera del bar cualquiera, esforzándose por pensar que sus compañeros de mesa eran gente cualquiera también.

Tan bien le salió, que empezó a hacerse parcialmente invisible sabiendo que alguna de esa gente cualquiera, una pequeña parte, la miraban con esos ojos reservados a lo que interesa. A lo que intriga, como poco.

Así, invisible a ratos, siguió hablando, sonriendo, aleteando las manos, mirando con ojos a medio camino entre el despiste y las ganas de redención. Sin estar, estando. Sin escuchar, pero sabiendo que algo pasaba. Al final terminó por oír a través de otra cara.

Y con lo que supo, empezó a buscar trabajo en el periódico. Detuvo el dedo sobre un anuncio cualquiera.
SE NECESITA DESESPERADAMENTE MANZANA DE LA DISCORDIA. LAS INTERESADAS PUEDEN ACUDIR A UN BAR CUALQUIERA UNA NOCHE CUALQUIERA. ESPEREN AL MOMENTO DE EXALTACIÓN DE LA AMISTAD.

Decidió marcharse con una sonrisa en los labios. Pensó que quizá no valía para el puesto. Que era posible que no le dieran el trabajo. Pero sus otros oídos pensaron que sí.

… Ella estaba guapa, como siempre, distraída pero guapa. Podía haber irrumpido en aquella conversación diciendo: Buenas, vengo por la plaza de Manzana de la Discordia ahora que veo que queda vacante. Si pudiera ser roja, mejor, creo que me va más. Podría haberlo hecho tranquilamente si hubiera querido. Y hubiera sido divertido. Sí, así, a bocajarro, como un elefante en una cacharrería.

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