08 agosto, 2007

Estampas costumbristas de Madrid en verano (V): En los aeropuertos

Ahí me quedé. Mirando al frente como una imbécil. Saludando con la mano en una especie de gesto automático, repetitivo, estúpido. Haciéndome la fuerte, la que no siente nada, la que es capaz de ponerlo todo por encima de los sentimientos.

Él había decidido marcharse, crearse una nueva vida al otro lado del mundo. Y decidí crecer aquel día, ser fría, no patalear ni quejarme. Que no me doliera. Pero para cuando quise darme cuenta, tenía una herida que sangraba invisible en mitad del aeropuerto, un nudo en la garganta que no debía importarle a nadie porque no luché por él, porque pensé que eso era lo que debía hacer. Dejarle marchar.

Tardé en superarlo, para qué engañar a nadie. Me hubiera gustado decirle lo que realmente sentía, lo que oculté por miedo. Aunque los dos lo sabíamos, ya me lo dijo. Para todo lo que hablas, tu amor es silencioso. Silencioso pero contundente. Silencioso pero ineludible, transformador, redentor de mí y de la contraparte. Si se deja. Si me deja.

Me dejó (amarle). Y me dejó en el aeropuerto negándome la tragedia. No lo hice mal del todo. La señal inequívoca es que ese momento no se encuentra entre mi corta lista de arrepentimientos personales. De hecho, sólo tengo un arrepentimiento personal que todavía me duele tanto que no sé si alguna vez podré perdonármelo.

Pero volvamos al aeropuerto, cuando lo que ahora es la T1 (Salidas) tenía el glamouroso nombre de Salidas Internacionales. Pensé que después de aquello nunca podría volver a esa tierra de nadie emocional llena de pantallas y mostradores. Claro que pude. Tanto, que trabajé allí. Tanto, que viajé desde allí.

Conozco todos los rincones de las viejas terminales. Los mejores sitios para sentarse o comer (quedan cada vez menos). Los sitios donde estaban las papeleras que desaparecieron tras el 11-S. Han quitado hasta el estanco, en estricto cumplimiento de la ley anti-tabaco. Hay una terminal nueva, ya no se usa el Dique Norte (lo que después fue la T3).

Y hace unos días la policía tiroteó a Washington, el sintecho cuyo techo era la T1. El que llevaba abrigo incluso al sol en verano. Escribía sin parar en sus cuadernos, quizá un poco como yo escribo en los míos. Con los tiros, recordé la historia que había olvidado voluntariamente. La del día en el que decidí hacerme la fuerte, la madura, esa a la que no le importa nada y me dejé un trozo de alma en el aeropuerto. Creo que ahora lo veo todo de manera más sincera, menos dolorosa. De hecho, ya no me duele ni me amarga, ni nada.

Sólo me recuerda a esa canción de David Broza con letra de Pablo Guerrero (al que conocí hace poco gracias a Leo Minax – casi me da una parálisis de la emoción, mitómana que es una)…
La ciudad se extiende en manchas de tinta
Como un libro abierto que nadie leerá
Me han vuelto a perder las maletas
Están en La Habana y yo en Portugal

Soy un pez que solloza en su acuario
Un árbol sin ramas, no sé qué hago aquí
Tengo sueño, he perdido la nota
Con la dirección de mi hotel en París […]

La ciudad se extiende en manchas de tinta,
En ríos de sombra sobre un cielo gris
Añoro tu cuerpo de luna de plata
En los aeropuertos me acuerdo de ti…


Este es un post dedicado… para mi africano blanco (não te esqueço), el que me dijo un día que a él le pasó lo mismo. Hacerse el fuerte en el aeropuerto. Besos.

Broza… qué grande…

10 comentarios:

vega dijo...

Broza enorme.
Tu post precioso.
Odio las despedidas, pero no sé hacerme la fuerte y me alegro.
Alguien que me quiso no sé si mucho pero sí sé que bien me dijo hace muchísimo tiempo que había que saber despedirse, que es difícil marcharse o dejar marchar, pero tb es necesario. Y que hay que hacerlo bien. Y él lo hacía muy bien.
Sigo intentando aprender... y lloro en los aeropuertos, las estaciones de tren, las puertas que se cierran... A veces entre risas y fingiendo que no (fingiendo fatal, claro, porque finjo muy mal)

Ya te dije un día, kika, que me gusta la gente que se arrepiente de cosas, y que no soporto a esa que dice que si volviese a nacer lo haría todo igual.
Pero también está bien saber que algunas veces lo hicimos bien a la primera, como tú en lo que cuentas aquí!!

Besos sin despedidas tristes (más bien de reencuentros)

Lilith dijo...

No nos conocemos en persona, pero siempre te leo por culpa del Arquero.
No me gusta dejar comments en los blogs de quienes no conozco (por aquello del qué dirán? No, por educación, como no se mete uno en una conversación ajena en el bus, aunque den muchas ganas), pero esta es la tercera vez que me siento especialmente identificada con un post tuyo. Junto con otro montón que me han gustado, ya es hora de que me pase el salto del blog del Arquero y te añada al mío.

No me gustan las despedidas, soy incapaz de llorar mientras tienen lugar, por muchas ganas que tenga de llorar cinco minutos después. Y como, sobre todo, no me gusta ser la persona que se queda a este lado de la barrera y con ganas de llorar, me paso la vida huyendo... aunque eso, si se piensa bien, es triste también.
Y con estas tres negaciones, te dejo.

Kika... dijo...

Vega, claro que tengo mis "pentimenti" vitales. Partes que he pintado y no me han quedado como deberían. Me equivoco, y mucho. A veces puedo arreglarlo, y otras no. Tengo incluso algún arrepentimiento que me perseguirá mientras viva como una especie de recordatorio que me impulsa - a veces - a hacer las cosas mejor. Aquel día en el aeropuerto lo hice todo lo mejor que pude. Quizá hoy, casi diez años después, lo habría hecho de otra manera. No lo sé. Pero sí que estoy de acuerdo con quien te quiso bien en que la vida es una sucesión de despedidas. Hay que saber despedirse lo mejor posible o, por lo menos, intentarlo. Eso no quiere decir que me guste despedirme. Uffff.

Lilith, ya te he contestado en tu blog, pero yo también odio las despedidas y eos de estar en el lado malo de la barrera. A veces hay que huir. Por muchos motivos. Por eso me encuentro incpaz de recriminarle nada a la gente que huye.

Pero esa, como la de mis grandes arrepentimientos, es otra historia.

Besos a las dos (y magia)!
K

PS... De lo de Broza. Es que el otro día Lady K y yo nos reíamos acerca de los contornos tan líquidos, lábiles y desdibujados de la noción canción de autor. Y lo más curioso del tema era que, si tuviéramos que salvar diez discos de los que tenemos (yo tengo muchos discos, en doscientos paré la cuenta) quizá sólo uno o dos serían de eso que llamamos canción de autor. Ahora, las dos salvaríamos uno de Broza. De hecho, salvaríamos el mismo...

La hermaníssima dijo...

en el aeropuerto no sólo hay salidas (jajaja), sino tb llegadas, que suelen ser alegres. Ya no queda nada!

Kika... dijo...

Pues claro, hermaníssima. Recuerda el principio de "Love Actually", en el que dicen que si quieres ver amor en estado puro, en todas sus versiones y facetas, que vayas a la sala de llegadas de la Terminal One en Heathrow...

Besos!!!!

Kika... dijo...

(bueno, vale, que ya te veo la cara)... Se ve amor en todas sus facetas siempre y cuando no hayas ido allí a trabajar!!!!

Más besos!

Henar dijo...

y en la de barajas? QUE VUELVO MAÖANA!!!! YUJUUUUU

Kika... dijo...

En la de Barajas también!!!!! Madrid no es lo mismo sin ti!!!!!

Yupiiii!

Besos!

piedra_de_sol dijo...

Hace dos meses me planté a las 6 de la mañana en Barajas para volar rumbo a Berlín... sin DNI... todo un peregrinar de un lado a otro... hasta el último rincón de la T4 a poner una denuncia exprés que resultó no valer de nada... arrastrando el maletón... menos mal que Broza también está entre los diez discos que yo salvaría... y suelo llevarlo en mi mp3 siempre que viajo largo... puse esa canción en repeat_one y no paré... y me hice amiga de la mujer de la compañía, que no me cobró el cambio de billete... y hasta me alegré de volar un día mas tarde :)

Kika... dijo...

Hola piedra de sol! (fui a comentar a tu flog, pero no deja si no eres socio...)
Podríamos considerarlo como el primer milagro brozariano aeroportuario. Menos mal que al final se arregló todo (aunque tuvieras que volar un día más tarde).

Besos y magia (te veo por aquí o donde sea)!
K