29 agosto, 2007

Apuesto el resto

Para los apostadores nocturnos. Esos a los que les gustan las timbas ilegales de póker, en locales poco aireados, llenos de humo. Esos que saben perfectamente que apostar es cosa de suerte, en el fondo. Una buena mano o una mala bien jugada. Pero suerte al fin y al cabo. Los apostadores nocturnos siempre me esperan en las esquinas, en las barras de los bares. Saben que me gusta jugar. A veces me despluman y otras soy capaz de dejarles sin un duro.


Debe ser una mierda que nadie apueste por ti. Lo malo es que como tienen que hacerlo los demás, puede que pase el tiempo, se consoliden las conductas y al final termines por ser el último caballo de la taquilla de apuestas. Ese que paga a tres mil contra uno, pese a lo cual nadie pone un sólo euro. Nada.

No sé si los demás apuestan por mí. Creo que a veces sí, que otras no. Y entonces voy y sorprendo: la nadadora del país sin piscinas que adelanta a los que parecen tener aletas en los pies.

Seguro que te da igual que nadie apueste por ti. Al final, no importa más que el autoreconocimiento, una especie de autolibro de autoayuda que sirve para creer que somos mejor de lo que somos al final de todo. Si nadie apuesta, peor para ellos. Será que no saben lo que valgo. Aunque creo que nadie da nada por lo que eres precisamente porque saben lo que vales en realidad.

Yo creo que es triste. Preguntar y que la respuesta sea la misma: no importa si son amigos o enemigos. Que nadie esté dispuesto a apostar dinero, a creer que harás lo que prometiste, lo que deberías. Pero es verdad, ya lo he dicho, que no es triste lo que no se sabe.

Lo que quizá querrías si te importara que a otros les doliera. En plena calle, pensando qué es lo que pasaría. Un euro cada uno.

Ni siquiera yo di nada. Yo, la que siempre tiene fe. La que cree en el ser humano. Apuesto el resto, aunque sepa que no hay nada, a pesar de que muchas veces sólo lo haga de farol.

Lo siento. Se terminó la adhesión incondicional y el dinero perdido. No habrá más apuestas. Quizá algún día algo cambie y me sorprendas.

Debe ser una mierda que nadie apueste por ti.


Mañana… algo más almeriense de pura cepa, o más divertido, o distinto. Lo que no le quita razón a este texto, que la tiene. Y por eso lo publico.

A ver si… me pongo con el calendario de conciertos. Ya empezamos a calentar motores en esta nueva temporada…

4 comentarios:

vega dijo...

lo que yo digo: la timba infinita!! pero qué cuernos pasa???

y en esto yo me remito a quique gonzález: "hay que creer en CIERTOS seres humanos, en estos tiempos que pasan" Pero ciertos no son todos...

Y la confianza... es una putada. Yo la doy casi siempre gratis, así de entrada. Me es más facil la vida así, más cómoda y más agradable, aunque haya quien me considere excesivamente ingenua. Y me cuesta perderla también, pero una vez que la pierdo... buf, para recuperarla...

Kika... dijo...

Sí, a mí me pasa igual. Yo prefiero pecar de confiada. Y además recaigo, no te vayas a creer que logro ser monolítica. Con todo y con ello, debe ser un asco que nadie apueste por uno. No por el hecho de la apuesta en sí, sino por lo que ello quiere decir. Que nadie cree en ti.

Y como yo defiendo la magia, me parece horrible pasar un sólo día sin creer en algo...

Besos,
K

Kika... dijo...

Ah! Y sí, me encantan las timbas. Y las apuestas en el hipódromo. Lo único que me falta es jugar compulsivamente a la bonoloto. Pero, la verdad, eso tiene bastante menos glamour...

Besos,
K

acróbatas dijo...

Niña, en esas timbas tú siempre tienes que salir ganando, sea quién sea el jugador... Porque tienes una luz especial y magia, ¿recuerdas?

¿Cómo vas con los estudios? Te echaba de menos por aquí. Un besito grande.