06 julio, 2007

La resaca de lo fortuito

Ahora canto los jueves. Salgo de la academia tarde, con ganas de entrar en los bares, de pasar de todo, porque termino cansada, pero más o menos contenta.

Olía a incienso. Dijo que como en las iglesias. Aquí siempre huele así, en esta esquina de la Puerta del Sol. Con su acento cadencioso y sus maneras lentas. Tú vas con tu horario. Una hora menos. Y yo estoy sola (ahora ya no) y cansada (ahora ya tampoco). Los hielos derretidos en las copas me dicen que me vaya, pero, de pronto, un clic. ¿Iba a marcharme? ¿De verdad? No, me quedo.

Y eso que sé de antemano que esto es algo pasajero.

Que el hilo que nos ha unido es tan fino como el nylon de tres ceros, y de consistencia frágil como las cuerdas podridas de mi guitarra. Si va a durar poco, mejor no me separo demasiado, que no se rompa, que la electricidad siga fluyendo. A veces fluye continua, y al minuto siguiente su exceso amenaza con derretir este cable. Los debo se convierten lentamente en puedo, y los pudores en ganas. Menos mal que no nos conocemos demasiado. Dejaré que sigas con tu acento, con tu cadencia, con tus canciones, yo tomaré la primera decisión que será la última de esta noche. Porque a partir de ahora, del instante, del clic y de la electricidad, seguiré cantando bajito, riendo bajito, corriendo hasta el coche gritando bajito…

… hasta el rincón donde los hilos se convirtieron en madejas desordenadas. La escalera de caracol me recuerda que puedo dibujar sus círculos y sus recovecos. Sé de antemano que van a estar allí. Contando las espirales de los cuerpos, recordándome a Gaudí, enredándome en las casualidades, lo fortuito, las curvas. En mi abismo, olvidada por todo, dejada a un lado en la escucha del hilo musical físico de los vecinos de enfrente. Los reflejos de cristal coloreado en el techo, curvas de nuevo. Suspiro o vaharada, ya no lo sé. Ni tampoco si el aire era mío o suyo. Perdida, es jueves (ya no, es viernes), una decisión, él se marcha (qué glamouroso, a los sanfermines), me voy.

Tengo cosas por hacer y ahora mismo me dan igual.

Correos que contestar, decisiones que tomar.

Pero me voy a quedar un rato con la resaca de lo fortuito (y pensando que me gusta cantar los jueves). Sonrisa tonta.


Por cierto… después me di cuenta de dónde venían los reflejos de cristal de colores. Y no eran cristales, eran reflejos de cuadros, de joyas, de vidrieras…

1 comentario:

Henar dijo...

GUAAAAAAAAAUUUU!!!