26 julio, 2007

En-amor-(h)adas

Este fue uno de los textos que se quedaron atrapados en mi ordenador cuando la pantalla se puso negra. Estuve un día entero escribiendo, así que hay más. Irán saliendo de la nevera, tiritando, volviendo a la vida después de haber sido criogenizados. Pobres. Como Walt Disney.


Quiero tener un superpoder nuevo. Uno que las hadas no tenemos.

Cuando conozca a algún hombre que me guste remotamente, que me entre por los ojos del alma (ya que con mi sistema de percepción de la belleza no tengo otros ojos que esos), querría poder darle al fast forward y llegar a la primera conversación de más de diez minutos que estuviera de Dios o del destino tener. Con ver esos diez minutos antes de empezar a enamorarme, me evitaría muchos problemas. Todas las hadas nos evitaríamos muchos problemas. Y no es porque seamos muy enamoradizas, que tampoco. Es simplemente porque cuando un hada se enamora pasa de todo, empiezan a colgarse los ordenadores, se descargan las baterías de los coches, y se extiende a su alrededor un olorcillo bien conocido a almendras dulces y arena de playa (o lo que proceda, porque cada hada tiene su aroma).

Con esa conversación veríamos un pedacito de futuro. Pero lo importante no sería, precisamente, el hecho de pertenecer al porvenir. En absoluto. En diez minutos de conversación veríamos detalles, cuestiones aparentemente nimias que nuestro ojo nublado no nos permite apreciar después. Un simple momento de prolepsis (un flash forward, digamos), ahorrando algo de sufrimiento. O de dolor. O de confusión.

Quizá veríamos la felicidad en términos absolutos.

Porque… ya puestas a parar el tráfico, a hacer brotar flores por donde pisamos y a desencadenar todo tipo de desequilibrios…



Me gusta el título… es como una ecuación o algo así…

Ninguna foto es mía… son todas de photobucket (hay cosas preciosas)…

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