19 julio, 2007

El cortito

LuLi, mi ahijada, es una fuente inagotable de sorpresas. Le gusta que le cuente cuentos (inventados), y siempre me pide uno cuando me voy a marchar. O por teléfono. Kika, cuéntame el cortito. Y es que un cuento corto puede ser igual de divertido que uno de esos largos en los que el personaje principal da vueltas por el mundo sin parar.

Lo que ella no sabe es que normalmente el material de mis cuentos, la gasolina que se inflama en mi imaginación, me la suele proporcionar ella misma, con sus casos y sus cosas. Y aunque ahora casi no puedo escribir, que tengo que hacerlo en una hoja o en uno de mis interminables cuadernos, siempre tengo un minuto para inventarme un cortito. Así que el nombre se ha quedado para casi cualquier cosa, un poema cortito, un texto cortito... un café cortito.

Como el tiempo y las dificultades técnicas hacen que el de hoy tenga que ser un cortito, os dejo con un minuto transparente, un poema venganza, una constatación de hechos. Y es que lo cortito no tiene por qué ser peor...

Sé que me has querido...
Y tú lo sabes.
Sé que me has amado...

Y sé que tus hijos llevarán mi nombre.




La imagen... Oriental Poppies, de Georgia O'Keefe

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