08 julio, 2007

¿Dónde está el Doctor House?


19:30h
Sala de Urgencias de un hospital. Médico clasificador.
Anoche podía haberme ido a una fiesta. O a un concierto. Pero me fui al hospital en plan afterhours. Porque ir a urgencias a las siete y media de la tarde un sábado de verano es lo mismo que aceptar que sólo sabes cuándo entras. Lo de salir… pues tarde, seguro. No me gustan los hospitales. No sé si es que no me gustan, en general, o si me dan miedo, en particular. Creo que las dos cosas, o la segunda lleva a la primera. O quizá sea al revés. Si eres el enfermo, ir al hospital es malo, pero al menos crees que te vas a curar. La espera que conlleva ir de acompañante es directamente insoportable. Y hoy me toca de acompañante. En Urgencias primero te tienen que clasificar. Te adjudican una gravedad, te estiman un dolor. Supongo que hay que hacerlo. El problema es que el dolor propio nunca duele igual que el ajeno.

21:00h
Sala de Urgencias de un hospital. Sala de espera
.
Llevo más de una hora y media contándole historias estúpidas a mi abuela. Mi madre parece esculpida en cera, sé que está preocupada pero no lo dice. Quizá desea interiormente que me calle, pero esa, ahora mismo, me parece peor opción. En este momento me gustaría ser la hermaníssima, porque a ella no le dan miedo los hospitales, y porque tiene eso que se llama presencia de ánimo. Esa cualidad que la hace rocosa, casi imperturbable. Finalmente, mi madre se levanta a preguntar. Un médico le responde muy mal, a mi madre, que es la educación personificada… pero se han equivocado con el papel de mi abuela. Estaba en otra bandeja. Ahora la llaman.

22:00h
Sala de Urgencias de un hospital. Sala de espera.

Volvemos a esperar. No me he movido de aquí. Los enfermos son en su mayoría gente mayor. Los pocos jóvenes que hay están peor. El chico tapado con una sábana tiene fiebre y tiembla a tres metros de mí. Su hermana – supongo – lleva encima siete collares, cinco pulseras, tres colgantes y cuatro pendientes. Todo de oro. La chica del pelo rubio oxidado es guapa, pero trata infructuosamente de ocultar una cicatriz bajo en ojo izquierdo. Sus gafas de montura aparatosa apenas la disimulan. Su novio, el enfermo, se oculta tras una columna con cierto pudor ante el río de miserias humanas (todas con dignidad, eso sí) que es esta sala de espera.

23:30h
Sala de Urgencias de un hospital. Sala de espera.
Desesperación y mansedumbre. Sobrevivimos al cambio de turno, a las primeras ambulancias del sábado noche. Me estoy mareando y creo que voy a vomitarme en los zapatos. Es un buen sistema el de las Urgencias: te hacen esperar horas hasta que el enfermo sane de forma espontánea o los acompañantes se pongan enfermos.

23:57h
Sala de Urgencias de un hospital. Sala de espera.

Por fin llaman a mi abuela. Mi madre pasa con ella, así que yo, a esperar, haciendo la novela de la gente. La de la chica con minifalda de cebra y las piernas mal depiladas. La de la señora que lleva un paquete de compresas en una bolsa del Alcampo.

00:15h
Sigo aquí. En el mismo sitio.

La sala no se vacía, y miro el cartel que dice que no hay que agredir a los médicos. No quiero agredir a nadie. Si acaso, a quien administra el hospital y tiene tan pocos médicos. En las Urgencias de House no hay cola, ni malos modos, ni nada de eso. Tampoco en las del Dr. Vilches. Pero Lady K siempre me dice que el Dr. Vilches no está en la Seguridad Social. Que eso lo han puesto en la tele para que creamos que los hospitales no son como son en realidad. De poco me sirve – al menos ahora mismo – pensar la suerte que tenemos con la sanidad pública. O con cualquier sanidad, me da exactamente igual. Respeto a los médicos, a las enfermeras, a los celadores. Hasta a los recepcionistas. La Dra Marta lo sabe bien. Pero eso no hace bueno lo que pasa.

(Al final de todo – llegamos a la una a casa – le recetaron una medicina a mi abuela. Esta mañana han venido unas enfermeras encantadoras a inyectársela. Pero ha sido hacerlo, y entrarle terribles picores, mareo y calores varios. El medicamento contiene vitamina B, y mi abuela es alérgica. He tenido presencia de ánimo y le he indicado a la enfermera que podía ser eso. En efecto. Un Urbason y lista. Miro el informe de Urgencias. En la primera página pone ALÉRGICA AL COMPLEJO B. Pues eso.)

6 comentarios:

hidden_angel dijo...

Me alegro de que tu abuela esté un poco mejor. Ir a urgencias es toda una experiencia porque, una vez cruzas esas puertas, puede pasarte de todo. Recuerdo cuando me metí un porrazo que el médico me estaba tocando la parte de la herida y le dije que me dolía. Muy amablemente me pidió que me callara porque quejándome no podía examinarme a gusto.
Yo no sé dónde pillan a algunos médicos en serio.
Eso sí, creo que la única serie en la que he visto a gente en la sala de urgencias ha sido en Urgencias (valga la redundancia). En Hospital Central también hay un porrón de gente en la sala, pero no la sacan nunca. No ves que cada vez que llega alguien, siempre les despachan a la salita y les dicen "ya irá el médico a hablar con ustedes" o "ya le avisaremos".
Besinos

Queens dijo...

Guapa!! Espero que tu abuela se mejore. Muchos besos para ella, para tu madre y para ti.

Henar dijo...

Me alegro de verte por aquí y que todo quedara, en principio, en un susto.

Un besazo,

H

vega dijo...

espero que tu abuela se ponga bien pronto, que se le pasen los dolores y que no tengaís que volver a urgencias...

que el ventilador sea suficiente y aguantes el calor, el ruido, y los demás aspectos q dificultan notablemente el estudio.

besos analgésicos!!

Kika... dijo...

Hola guapísimas!
Muchas gracias. Aguantamos como podemos, pero aguantamos...

Besos,
K

Dra marta dijo...

Por desgracia el hospital universitario Princeton-Plainsboro de nueva Jersey es Ficticio en todos los sentidos...La realidad ni se le parece y además se cometen más errores de los que se deberían cometer...No nos queda otra que aguantarnos y esperar y esperar y esperar...
un besazo