15 julio, 2007

Cuentecillo de veranillo

Sábado por la tarde con la inespecificidad del sábado por la tarde, en el que hay cosas que hacer pero luchan por ser inconcretas. Y así pasan las horas vibrando lentamente en mi casa, donde da la vuelta el viento. Hace calor. A ratos bochorno y a ratos sol que quema. Da igual. Me voy al parque.

Y, de pronto, todo pareció tomar un color verde esmeralda. Más bien, era una especie de reflejo, un cambio de lente, como si mirara a través de una piedra translúcida irregularmente cortada. Lo reconozco. Esta no es la sensación de película de Woody Allen, ni la de videoclip de KikaPop. Es la de cuento de hadas. Así que me pierdo, a ver si puedo escribir mi propio cuento. Cuidado con lo que deseas, Kika. Que te vas a perder de verdad, no como la hermaníssima. Cuando era pequeña, la hermaníssima jugaba a perderse en los ferrys…

Ahora mismo sólo escucho el sonido de mis propios pasos. ¿He traído provisiones? Un botella de agua del grifo y chicles de eucaliptos. De calus, como dice Tato. Para hombres de pelo en pecho, dice Lady K. Este cuento no lo puedo estar escribiendo yo. Es imposible. No me habría enviado a mí misma a un bosque extraño con esta cestita de la merienda tan rara. ¿Quién maneja los hilos de este cuento? ¿Será el calor?

Me he perdido. Ahora de verdad. No hay nadie a quien preguntar (sólo gente con pinta de asesinos o similar y parejas a lo suyo). Estupendo. ¿Por qué no darán un mapa a la entrada o pondrán carteles? En ese preciso instante, miro hacia a arriba y veo a un gato invisible (por eso vosotros no lo veis). Sonríe complacido mientas mira a cualquier parte y me indica con la pata…

(Menos mal. El Retiro empezaba a recordarme a mi escena favorita de mi peli favorita de Disney: el gato de Cheshire dándole indicaciones a Alicia en ese árbol demencial lleno de señales…)

Llego al bosque dentro del bosque, y sólo tengo que seguir la música. Saludo, y me saludan, me sorprende que no haga demasiado calor. Me siento en las sillas mágicas que han aparecido de repente sobre la arena, esperando una llegada, alguna presencia. Música.

Palabras que vuelan sobre los textos. Textos que irrumpen en los espectadores de este espectáculo de tarde, una niña con un sombrerito naranja. Miro en el bolso y yo también llevo un sombrero. Quien me haya puesto sólo unos chicles y un poco de agua ha decidido darme un sombrero. Estupendo. Si no fuera porque no me da el sol…

Y así llega un hada, con vestido de hada, de esos que no tienen más que un corchete. Y hablamos de recuerdos, presencias, ausencias y detalles. Hada de libros, con libros y brillante de tecnología. Parece que vamos recobrando – lentamente – el timón de este cuento.

Pasa la tarde, y le enseño al hada un sitio en el que la vida se tiñe de naranja y mi madre y yo hacemos la novela*. Y así, entre vermú y anchoas, pasa despacito la noche. La conversación, llena de puntos suspensivos. De bodas temáticas aunque las hadas no queramos casarnos.

Pongo el cartelito de fin. De momento.


Los trovadores del bosque… Pedro Herrero y Carlos Aguado. Hoy, otra oportunidad para verlos en el Bosque del Recuerdo, en el Parque del Retiro. Muy recomendable. Para llegar sin el Gato de Cheshire, lo mejor es entrar por la Puerta del Parterre y girar a la derecha… Hoy repiten…

La noche de ayer… me inspiró tanto que llevo todo el día escribiendo. Ya llegará el resto…

*... hacer la novela… ya lo explicaré… y si se me olvida, que alguien me lo recuerde…

1 comentario:

yo también me perdí dijo...

cuando llegué a casa me brotaban las palabras. Salí al balcón a tomar el aire y a intentar ordenarlas. Si lo tuyo son las realidades paralelas, yo soy paralela total.

Tengo foto de las anchoas....