30 junio, 2007

La cuarta cuerda

… virtue is relative at best
there's nothing worse than a sunset
when you're driving due west…



Iba a hacer otra cosa, pero no sé qué pasa últimamente que me cambia el humor. Lucho por no resbalar, por no volver a caer en mis errores habituales. Y reincido a pesar de la lucha, tengo mis querencias, alguna preferencia, cientos de ganas de hacer lo que quiero. Pero no puedo.

Ayer, concierto y fiestas en Chueca. Era curioso escuchar música en un bar mientras que quizá el cuerpo me pedía calle, correr, gritar, perderme. Que se me tragara la noche y se me trabara la lengua para dejar de contestar a esa voz interior que se supone que tengo.

Pues no estaba. Se había callado dejándome sola, con mis cuatro palabritas mal ensayadas, mis tejados y mi maraña personal en la que no quiero, no sé, no puedo decir que no y lo digo.

(Y todo esto porque he oído un ruido raro dentro de la funda de la guitarra. Se ha roto la cuarta y no tengo cuerda de repuesto porque la usé para arreglar la guitarra de Luli. No quiero salir a la calle a comprarla. He arrancado los trozos rotos sin ningún cariño y ahora lloro porque tendría que tener repuesto y sin embargo la condeno a sonar incompleta porque estoy cansada. Son las once, estoy cansada y sin cuarta cuerda. Y los buenos músicos – yo no lo soy – saben que cuando una cuerda se rompe, es bastante probable que pronto empiecen a quebrarse las demás).

Definitivamente, cuando apruebe me compro una guitarra nueva. Una elección más reponsable: con una caja más pequeña, con un mástil más estrecho. Por qué elegiría yo este instrumento cuando apenas tengo fuerza en las manos. No me lo explico.


La foto… es Ani DiFranco (las líneas del principio son de su canción Virtue), ella sí que toca bien y sabe de guitarras. Estoy segura que cuando se le rompe una cuerda no llora.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dejando de lado la globalización (está claro que el mundo o se arregla con una copa en la mano o es mejor callarse), te diré que siempre he querido tocar la guitarra así que me agencié una acústica.
Como no era capaz de hacer dos acordes seguidos me hice con una española. Incapaz de que aquello sonara a algo reconocible, por fin me compré una guitarra eléctrica.

Fue entonces (después de arruinarme), cuando me di cuenta de que espiritualmente puedo apreciar la música pero físicamente soy incapaz de crearla.

Ya te dejo, solo una cosa más. Me has recordado a unos versos de Béquer:



–¿En qué piensas? –me dijo.
–En nada...–En nada, ¿y lloras? –Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino.

Kika... dijo...

Me han gustado los versos. No te equivocas, van bien con mi estado de ánimo de hoy.

(Pero si me gustaron tus comentarios!!! Pero es que también adoro el debate - el debate, no la discusión - y quería contestarte...)

Para qué engañarnos, no todos los anónimos son tan encantadores como tú. Sigue pasando por aquí, por favor.

Besos,
K