05 mayo, 2007

Solomillo musical* (o el color de las canciones de amor)

Hay conciertos que son hamburguesas, con todos mis respetos a las hamburguesas. Pueden estar bien para un consumo rápido, pero te los comes, los digieres y te olvidas de ellos a una velocidad vertiginosa. Por eso dejan menos huella. Y luego están los solomillos musicales. Esos que se disfrutan de principio a fin, encontrando miles de nuevos sabores y texturas.

Lunes y el Libertad 8… hasta arriba. Ya sé que los conciertos de Marwan en Libertad suelen ser multitudinarios. Pero aquello era impresionante. Había gente esperando en la calle. Tranquilamente, disciplinadamente incluso. La sala de conciertos, hasta la bandera, aunque gracias a la larguísima espera de esa tarde (la tarde empezó en otro lugar y mucho más temprano… pero esa es otra historia) pudimos sentarnos. No en nuestra mesa habitual, pero nos sentamos.

Antes había conocido a Sandrix!, que no sabía dónde estaban sus amigos. Soy campeona mundial a la hora de pegar la hebra, pero no lo hago con cualquiera. Me tiene que caer bien a la primera de cambio. Y allí esperamos, y nos encontramos con todo el mundo. Incluso con unas amigas de la hermaníssima que dijeron que venían a un concierto de “un tal… ¿Marwan?”, al que no reconocieron aunque lo tenían… justo delante.

Al concierto, que me lío. Recién llegado de Argentina, Marwan nos informó de lo que triunfa en ese país. Resulta que es el acento… ¿español? Por lo visto todas las chicas le pedían que dijera… “cinco”. Me imagino que en el país americano no se utiliza ese número para hacer la clásica rima fácil española. En fin… con Queens al borde de la embolia por ataque de risa (buena falta nos hacía), nos pusimos más serios para esuchar Mi paracaídas. Pero volvimos a la carcajada a mandíbula batiente cuando se revelaron por fin las verdaderas influencias musicales de Marwan y Lucas, su compañero de gira por Argentina. Según la prensa de este país, los cantautores madrileños escuchan a Serrat, a Sabina… y a… ¡Ricky Martin! Y lo pusieron entre comillas y todo…

Pero es que lo de la gira ha debido ser una realidad paralela de esas que a mí me gustan, con grandes momentos cuando un ojeador de Sony le dijo a Marwan que El chándal tiene potencial de gran éxito comercial (lo cual no deja de tener mérito porque en Argentina no se dice chándal, sino equipo de gimnasia)…

Y ahí entramos en el color de las canciones de Marwan. Las canciones de amor pueden ser, o eso creo yo, de muchos colores, que van del blanco al verde oscuro. En las blancas es el amor sublimado, de ese que no se encuentra por la tierra (precisamente de ahí el color blanco celestial, como las nubes). Luego llegan las rosas, con un amor que ya parece que se pueda producir sobre la tierra, amor romántico. Las rojas son apasionadas… y de ahí a las verde clarito sólo hay un paso. En esas ya no sólo hay pasión… hay lío… Las verde oscuro… esas son las del Chivi. Directamente.

Bueno, pues Marwan tiene canciones de amor que van del rosa al verde claro. Un arcoiris donde sin solución de continuidad se colorean Ángeles, El próximo verano, Adolescente y Gigante.

Pero no sólo de amor vive el hombre (o la mujer, en mi caso). Y por eso me encantan la Canción de autoayuda y Qué pasa. Esas las canto en los pasillos de la Escuela cuando estoy en la milla verde (de esto ya hablaré, y si se me olvida, que alguien me lo recuerde). Perfectas para infundir valor y cambiar el humor. O soltar adrenalina, por lo menos.

Y tuvimos también la suerte de escuchar a Lucas. No tocó mi favorita, Devuélveme los besos, pero pudimos escuchar Óyeme y una versión. Por lo visto, las versiones se llevan mucho en Argentina. Y, de pronto, Lucas recordó que tenía una versión. De Hurricane Carter, el tema de Bob Dylan. Una de las canciones favoritas de mi madre, transformada en la triste historia de Harry Kein (aquí, el enlace a un vídeo de la canción en YouTube). Si mi madre la escucha, creo que le daría un infarto. De la impresión… o de la risa. Lo que nos pudimos reír…

Hasta tuvimos un premio. Una canción nueva, aún sin título, en la que Marwan canta por la boca de Damien Rice. O al revés. De todos los colores, de golpe, en un sola voz. Impresionante.

Y además, con este concierto, vuelvo a una de las tradiciones de este blog. El post-concierto, irreproducible. Rodeados por las fotos de Ibra, nos pasó de todo. Lo único… que no pudimos darnos nuestras tradicionales olimpiadas del fruto seco… ¿Qué pasa últimamente… que no nos ponen los platos de panchitos?


* Para los vegetarianos o para la Dra Marta, cambiamos el solomillo por una deliciosa ensalada con flores o una tortilla de patatas…

Con cámara nueva (robada, tomada prestada o algo así)… saqué muchas fotos (además, mis sujetos – mejor, mis víctimas – se dejaban…)

2 comentarios:

Queens dijo...

Gran concierto,muchas risas(necesitadas)y desconexión de la realidad.Queremos muchos así.

Anónimo dijo...

Jaja de nuevo soy karol.
Te devuelvo las gracias por tu comentario.
La foto en realidadno es mia, es de un hombre que habia por ahi con una camaraza, le de mi mail, y me mando, son bastante buenas, pero amos yo estaba al lado, para mas inforamacion decirte q soy "la getafense revolucionadora que se llevo una nariz de payaso".
Iré a las vistillas... komo faltar...
un beso.
http://karol-gop.livejournal.com/