22 mayo, 2007

Pequeño juego sin consecuencias

A veces me pregunto por qué ocurren las cosas. El motivo, si es que lo tienen. Incapaz de llegar a ningún tipo de conclusión, sólo he podido moverme hacia la inevitabilidad de las conscuencias. A cada cosa le sigue otra, no necesariamente siguiendo las leyes inmutables del universo. O quizá sí.

Ahora pienso que quizá todo fue un juego. Los sábados por la tarde y los domingos por la mañana. Y me pregunto si habré dejado alguna señal sobre tu piel. Como las medusas y los peces venenosos, que quizá encuentran el placer más perverso marcando a sus víctimas, levantando ampollas mientras cambian de color y se marchan igual que llegaron con su leve roce.

El juego no debía tener consecuencias. Porque sólo era un juego. Nada más que eso. Y debía llegar un momento en el que ninguno de los dos existiéramos para el otro. Borrados por el viento, sin conversaciones cruzadas.

Pero ahora me doy cuenta de que no era un juego, y sonrío. Me veo en las vueltas de tus pantalones. Puede que sea lo único que te haya dejado. Lo único que te queda de mí. Y eso no es poco, porque con mi forma de ser no puedo aspirar – ni quiero hacerlo – a modificar comportamientos. Siempre quejándote de que te quedaban largos, nunca te dije lo que podrías hacer. A mí me quedaban largos también, y yo me los arremangaba. En el juego yo era como soy, y él era como era. Así debía permanecer todo.

Seguí mirándole. Y pasé de la sonrisa a la carcajada. El juego tuvo consecuencias. Para los dos. Creo que para él más que para mí. Porque yo ahora me río. Y él me lleva sin darse cuenta en las vueltas de los pantalones.

El pequeño juego tuvo sus consecuencias…

La más importante para mí (lo que le pase a él no me importa demasiado) es la sonrisa que me produce darle vueltas al bajo de los vaqueros. No hay mucha gente que sonría haciendo eso.


Y es que con la gente no se juega. Yo sólo le seguí la corriente. Él fue quien decidió jugar, pero ha aprendido - espero - que todos los pequeños juegos tienen sus consecuencias.


Actualización (corazón roto)... Clari (los que la conocéis sabéis quién es, y algunos incluso degustasteis su tortilla de patatas en las Vistillas) tuvo una angina de pecho el domingo por la noche. Por eso hablé de corazones rotos, porque se le rompió de verdad. Parece que ahora está mejor y que la lesión del músculo cardiaco no es grave. Quienes me conocen, saben lo que la quiero, porque forma parte de esa familia paralela que me he organizado...

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