09 mayo, 2007

Me da igual el sol

… peor para el sol
que se mete a las siete en la cuna
del mar a roncar
mientras un servidor
le levanta la falda a la luna…

Peor para el sol, Joaquín Sabina

Quería croniquear un concierto desde casa. Lo que son las cosas, me hacía hasta un poco de ilusión. Y también quería escribir un texto acerca de un tema candente. Pero el concierto ha empezado tarde, lo que me va muy mal con mi actual régimen espartano de levantarme pronto para estudiar. Y además la señal llega entrecortada, muy entrecortada. Podría decirse casi que es señal picada. Sinceramente no me veo cualificada para contar un concierto interruptus. Y el tema de actualidad... he decidido que lo voy a escribir al alimón con Lady K.


Me acabo de quitar el collarín, y con él parecen haberse marchado los dos proyectos de texto que tenía. ¿Y ahora qué hago? Dos opciones. Una supone no trabajar nada y buscar en el fondo de armario. El fondo de armario es una carpeta del ordenador donde tengo textos que son fruto de la verborrea, o de la desesperación, o del exceso de imaginación. Los he mirado, pero la mayor parte de ellos son tristes o desesperanzados. Y no están las cosas como para expandir la tristeza o la desesperanza. Opción dos. Trabajar un poco y contar algo. Algo bonito si puede ser. Para que los que entren buscando la crónica no se enfaden (no podía ir con collarín al concierto). Lo mejor de todo es que tengo algo que contar.


Un día soleado no implica necesariamente felicidad y florecillas. Arcoiris y gente cantando por la calle. Nada de eso. Puede hacer un día expléndido, como diría Tato. Pero que tu corazón, por el motivo que sea, vea nubes por todas partes. Que una neblina pertinaz se instale en el alma. Y entonces estás triste alrededor de todas las felicidades, y encima te sientes peor aún por no hacer lo que los demás.

Lo mismo se aplica al revés. Puede que el día sea soleado y caluroso, y eres feliz porque veinticuatro horas antes eras aún más feliz, sentada en el balcón, riendo tras haber dormido dos horas. En ese estado, se ven flores hasta cuando caen chuzos de punta.

O puede que el día empiece de forma indiferente. Sin saber siquiera si hace sol o hay nubes. Porque da igual o porque tienes que quedarte en casa y es preferible no mirar por la ventana, por si acaso te dan tentaciones de irte a estudiar al parque. Porque cundirte, no te va a cundir, pero por lo menos te pones morena.

También es posible que el día que haga te dé igual. Pero por otros motivos. Porque tienes que ir a trabajar metida en un zulo donde no hay luz. Con un vestidito de azafata de esos de fibrilla, que quedan muy monos pero con los que se suda la gota gorda. Y de un humor de perros porque tienes un problema complicado de resolver. Casi imposible. Mejor... uno de esos que tienen muchas soluciones, pero todas son malas.

Cualquiera de las cuatro situaciones vale. Y ayer, cada situación era una persona. Una persona a la que quiero.

Yo soy la que está en casa estudiando, a la que le da igual el sol, pero que está contenta mientras trata de memorizar las alianzas de las Crisis balcánicas. Más o menos contenta, algo optimista, quizá incluso un poco anestesiada para no pensar demasiado. Tengo que terminar de estudiar y de repente me cuentan el problema. Ese que tiene muchas soluciones, pero todas malas.

Después leo un mensaje de sufrimiento. De dolor interior. Y eso me ha sacado definitivamente la nariz del collarín. He decidido hacer algo. Y al principio no se me ocurría nada. Diez minutos después, sabiendo que difícilmente salvaría el mundo, me he propuesto intentarlo al menos.

A la que está contenta no le decimos nada. Que está muy bien, disfrutando del sol aunque podría estar disfrutando de la lluvia. Cegando a los demás con su brillo mágico.

Algo podré hacer por la del zulo. ¡Ya está! Voy a arreglarle el myspace, que lo tiene hecho unos zorros. Y a ver si mandando invitaciones por ahí le consigo amiguitos nuevos. Se va a llevar una sorpresa (espero que no me fallen los adds)...

Y a la que está triste sin saber el motivo... voy a intentar averiguar la causa del mal rollo. Preguntando. Y si no hay respuesta, le echaremos la culpa a la primavera. O al tiempo. Y voy a amenzarla con contarle otra vez el chiste del supertomate, el de la ejecución y el de... los dos en la moto. Y el del pájaro de 100.000 kilos. Hasta que se ría. Y al final se ha reído ella contándome algo muy gracioso.

No me han fallado los adds, y el myspace (sería mejor decir suspace ji ji ji) ha quedado coquetón. Además he ido a buscarla aunque ha tenido que conducir de vuelta. No me han fallado los chistes (y eso que contarlos con gracia por el Messenger…).

Aquí está el escuadrón sonrisas para lo que haga falta. Por todas las veces que me animáis vosotras a mí…


La foto… Franjas de igual grosor de color, de Sol LeWitt…

El mejor mensaje de ayer… ¿Cómo que …? ¡¡Pero si esa es fan mía y se llama Kika!!… y a la hermaníssima no le tembló nada la voz…

3 comentarios:

david dijo...

Mis pobres nubes, qué os habrán hecho. Con lo buenas que son ellas, y siempre asociándolas a la tristeza y al mal rollo. Y el sol por lo visto es la felicidad. ¡Ja! Cuando he salido hoy al mediodía de felicidad nada, era un martillo enorme que me aporreaba mi pobre cabeza paranoide.

¡Que Gollum sabía lo que decía! Sol malo. Nubes buenas. Luna, cojonuda. Sobre todo si es cierto eso que no lo es pero da igual y está hecha de queso, yum.

Eso de los mensajes salvavidas mola. Pensar que con unas palabritas le podemos estar dando a alguien un flotador para que descanse las piernecillas...

La hermaníssima dijo...

Mi trabajo en zulito-landia al fin ha terminado!!!Aunque me he sentido protegida en mi zulito, lamiéndome las heridas entre montañas de extractos bancarios, memorias y relojes de plástico que hacemos pasar por relojes de oro y diamantes....
Cuando he salido al mundo exterior, ha venido a mi mi decisión-nada-buena y he tenido que refugiarme en una cafetería. el camarero no me ha entendido que quería un té y me ha puesto un café que ha provocado que no haya podido aguantar más las lágrimas. El pobre hombre ha pensado que era por su equivocación y se ha quedado con tal cara que le he tenido que regalar un boli...

acrobatas dijo...

Yo también tengo una carpeta de esas llena de textos a los que quiero recurrir a veces y pocas los utilizo porque normalmente son tristes o demasiado grises...

Un besito guapa!