03 mayo, 2007

Lobo-hombre en Lavapiés

Eran las nueve, la hora de llegar tarde. Y yo llegaba tarde pero no fui capaz de hacerlo con honores, a lo bestia, sin importarme quién esperaba. Así que avisé, y ni siquiera llegué tarde de verdad. Unos minutos y avisando. Supongo que no contabiliza, pero es que sólo las mujeres fatales llegan tarde de verdad. Y yo, de mujer fatal – al menos a sabiendas – nada de nada.

Las chicas buenas no deben dejar que los lobos suban a sus coches. Porque son malvados. Malvados en el buen sentido de la palabra, que lo tiene. Lo curioso de conocer a un lobo es que enseguida lo comparas con el resto de los animales… se descreman, se separan como el agua y el aceite. Quedan los lobos… y el resto.

He dicho que las chicas no pueden andar con lobos. Las hadas sí. He comprobado que cada hada tiene su lobo, que le guarda los pasos y protege sus vuelos.

Así que iba yo con el Lobo hablando acerca de lo que yo decía que quizá eran chorradas y lo que él decía que eran cosas importantes. Mis reflexiones sobre los límites del sufrimiento humano llevadas del sufrimiento físico al sufrimiento emocional. Del más extremo al que comparativamente es más suave y duradero. Quizá sea este último el más cruel y costoso. Y el Lobo me decía que era una reflexión importante, creo que porque sabe el respeto que le tengo al sufrimiento humano.

Que el Lobo te haga un hueco es complicado. Tiene la agenda como la de un Ministro o un artista de éxito. Pero por poco que sea, sé que siempre tengo un pedacito de su tiempo. Y lo aprovecho, aunque un buen lobo te deja siempre con ganas de más.

Caminando por la calle, con el paraguas y las caras aún sorprendidas por haber logrado cuadrar agendas, el Lobo y yo mirábamos las luces de Lavapiés, la gente arremolinada alrededor de la boca de metro y el cajero, pegados entre sí. Todo para ver a Luis Felipe Barrio y Matías Ávalos. Más bien, el concierto era la excusa para entregar una pulsera que iba unida a una fiebre hadística y al coma emocional inducido por una sobredosis de BisolGrip.

Entre una canción y otra, monólogos/diálogos de todo tipo. De los casi hipocondríacos del hospital del Dr. House, donde todo el mundo se cura, hasta los fatalistas sobre goteras en las obras domésticas. Algo acerca de una violonchelista rubia. Y entre monólogo/diálogo, las canciones. Con algunas versiones como Tu nombre me sabe a hierba, rebautizada como Tu nombre me sabe a hierbas. Almas en croquetas e imágenes potentes, de esas que sólo Luis Felipe y Matías saben construir. La voz de Luis Felipe acariciando las canciones y el Lobo que se convertía cada vez más en lobo. No sé si por obra y gracia de la música. Me inclino más por las palabras. Pero no lo sé.

Y así pasó la noche, porque necesitábamos hablar. Y sé que él estaría contento si supiera que todo pasa. Que ya está pasando. Quizá hasta estaría un poquito orgulloso de mí…

Todas las hadas tenemos un Lobo (este puente me han presentado, cibernéticamente, a otra pareja Hada-Lobo). ¿Por qué funciona este tándem extraño? Lo ignoro. Pero mi Lobo no me lastra, me deja volar y me hace tener el impulso irrefrenable de gritar por las ventanillas. No sería igual si lo que él me dijo me lo hubiera dicho un animal inferior, sospechoso de mentir o retorcer los sentimientos. Las palabras de los lobos pesan mucho más. Ellos, menos mal, lo saben. No hablan en balde y las extienden como tiritas sobre el alma.



Mañana… contaré algún otro concierto, y un descubrimiento en el YouTube, y cómo voy a formar parte del Equipo A…y… y… y…

Y os dejo también... el segundo minuto transparente, el fotopoema...

7 comentarios:

Lady K dijo...

Más que malvado me gusta la palabra maligno. No me preguntes por qué porque no tengo ni idea. Precioso el fotomontaje,cielo

Kika... dijo...

Ok, añado maligno a mi reserva de palabras descriptoras de lobos... gracias por lo que me dices del foto-montaje-poema-transparencia...
No soy digna, no soy digna...
Y más gracias aún por decirme que había gestionado bien cierta situación... mmmmmmm... de esas situaciones que te levantan el ánimo y lo que no es el ánimo...

Magia, magia... y más magia!
K

vega dijo...

uy!! me he perdido algunas cosas pero veo que no tantas como pensaba.
me alegra que hayas tenido un buen puente y neuronas de vacaciones.

a mi me pasa como a lady k, me gusta el fotomontaje!

nos vemos!! besos

Kika... dijo...

Gracias!
Besos y magia, K

Anónimo dijo...

Hace ya muchos años, por una razón que ya nadie alcanza a recordar, a cada Lobo se le asignó un Hada al que guardar los pasos y proteger sus vuelos. No importa la distancia que los separe, o el tiempo que transcurra. El Lobo siempre está. Tiene que estar. Como el sol cada mañana. Como la marea. Porque nunca se sabe cuándo el Hada piensa en el sufrimiento humano. A veces el Hada carga con mucha responsabilidad y muchas preocupaciones, tantas, que su magia puede perder fuerzas. Es en esos momentos cuando el Lobo ha de aparecer. Para escuchar el suave aleteo de sus alas tristes y poner tiritas a su alma. Para que el Hada no deje de brillar. Con luz propia. Como siempre.

Algunos Lobos tienen suerte.

Algunos Lobos están orgullosos de sus Hadas.

hidden_angel dijo...

Pequeña caperucita. Te dejo sola un puente y me entero de que andas por ahí con lobos. Es que los pobres no han aprendido que no deben fiarse de las niñas buenas?
Ya me pondrás al día porque, como diría el arquero, esto cada vez está más escrito en clave.
Besinos

Kika... dijo...

Y yo estoy orgullosa de ti.

Mucho, mi Lobo.

Besos de hada (aleteo de mariposas en los labios...)
K