31 mayo, 2007

Historias de la puñetera oposición (VI): Cumpleaños (bis)

Sólo la hermaníssima es capaz de ponerse dos veces tacones y de celebrar dos veces su cumpleaños. Porque a dos cumples nos apuntamos todos, pero lo de los tacones (y los que la vieron el sábado pasado escalando las escarpadas cimas de las calles de Lavapiés lo saben) es otro cantar. La hermaníssima es mujer de tacones sin restricciones, de humor ácido con menos restricciones aún… A veces tiene mucho de humor, y otras mucho de ácido. Pero los mejores momentos se producen cuando ambos ingredientes se mezclan, como en un cóctel fashion de esos que le gustan al Lobo, a Lady K o para el caso a mí. Porque me da que la hermaníssima no es mucho de cócteles…

Así que aquí me tenéis, tratando de envolver un regalo que ha elegido ella misma, sin tiempo material para sorprenderla. Se lo compré hace un mes, a lo mejor se le ha olvidado… Huy, qué mal me está quedando el envoltorio… seguramente se debe a que envolver una cosa encima del temario no es buena idea. Hala, todo al suelo.

Y ahora a escribir algo chisposillo. Pues no se me ocurre nada. Ay, sí, que creo que voy a poder poner algo que me parece graciosillo aunque no sé si ella se reirá porque no le gustan tanto los chistes malos como a mí. Qué le vamos a hacer. Es lo que tiene vivir con una Géminis (del ascendente no me acuerdo), que un día se levanta mirando para Antequera y al día siguiente, hacia Estocolmo. Y tan tranquila.

Mañana es su cumple: el que celebramos el sábado pasado en el Barbieri porque yo no puedo zascandilear por ahí a dos días de mi examen. Y el que celebra ella desde mañana por la mañana hasta el día 1 de madrugada, porque se va a ver a su marido en concierto (esto de tener marido estando soltera sólo lo puede hacer la hermaníssima)…

No sabía qué más poner, así que voy a contar una historia que me regaló ella esta mañana.

No cojo mucho el autobús, soy mujer de coche. Motorizada, como diría Cotorroa. A todas partes. Pero esta mañana me planté en la parada esperando al único autobús rojo que para ahí. Los demás son verdes y no cargan viajeros, sólo descargan.

Sola con mi uniforme de azafata, zapatitos de tacón, el pelo suelto. La azafata estrella de la rueda de prensa. Y el autobús sin venir.

¿Y si ha pasado tanto tiempo que el autobús rojo entre los verdes ya no para aquí?

Hago la señal. Para el autobús rojo, pero no el que yo esperaba. Subo tan nerviosa que pico el viaje y luego pregunto. Al revés de cómo debe hacerse.

- ¿Para delante del hotel de colorines?
- No, pero no te preocupes.

El conductor jovencito me ha mirado y se ha inventado una parada donde antes no existía. De vuelta a casa, se lo he contado a Kika, y lo he remachado con una frase de las mías. Hermaníssima pura.

Todavía hay gente buena en este mundo.

4 comentarios:

La hermaníssima dijo...

Guau!!!Un post para mi solita!Muchas muchas gracias!Ahora por la mañana tengo que hacer unas cosillas pero luego salimos a comer juntitas OK?
Por cierto, qué buena pinta tiene la tarta esa, sintética hasta decir basta...ñam ñam ñam!

Kika... dijo...

Pues acabo de mirarlo. ¡La tarta esta se COME! (Aunque parezca mentira)...

Besitos...
K

Henar dijo...

¡¡¡FELICIDADES, HERMANÍSIMA!!!

vega dijo...

Felicidades a la hermanísima (otra vez). Que los conductores se sigan inventando paradas para tí muchísimo tiempo.

Y Kika: ánimo, un día menos!! moral

Besos a tutiplén!!