06 mayo, 2007

El día de mi madre

Para mi madre, aunque no lo lea.


Para mí, todos los días son el día de la madre. El día de mi madre. Estoy segura de que en cuanto empiece a escribir me voy a quedar parada, pensando en qué decir. Pero no por falta de palabras, sino por exceso: se me agolpan todas y el filtro de mi cabeza deja de funcionar, se bloquean en torno a los agujeros del colador, como los posos de café. Y se detienen. Tengo que limpiar ese filtro mental, darle golpecitos como hacen en los bares con las cafeteras. Se caen los posos y vuelta a empezar.

Lo que voy a escribir sonará cursi aunque yo no lo quiera. Así que no me voy a esforzar por evitarlo. O quizá sonará demasiado contundente, o quien lo lea se aburrirá. No lo sé, pero tengo que escribirlo – esta pulsión me suele poseer – para que quede negro sobre blanco. Blanco sobre azul verdoso.

Decía que para mí, todos los días son el día de mi madre. Así es. No tiene vuelta de hoja. Siempre digo que la evolución en mi familia va al revés: mi madre es la que mejora la especie. Más guapa, más inteligente, más trabajadora. Y, al contrario de lo que podría parecer, llevo bien tener un modelo así.

Soy lo que soy, tengo la magia que tengo y puedo hacer lo que hago en gran medida gracias a mi madre. Es una influencia positiva, una roca a la que me ato cuando vienen las olas, la madre de todos los opositores. La que enamora a quien la conoce. Y en mi vida, las olas han venido muchas veces con demasiada fuerza. Lo que sí que he tratado de hacer ha sido tratar de protegerla de mí, de mis tristezas y altibajos. He intentado hacerlo de alguna manera, aunque no sé si lo he logrado. Sé que no ha dormido alguna noche. Al final van saliendo las cosas, supongo. Por eso cuando la gente me pregunta qué quiero hacer cuando apruebe mi oposición, yo siempre digo que retirar a mi madre. Aunque no sé si ella querría. Porque es igual en casa que fuera: puede hacer que cualquier cosa funcione. Creo que lo necesita. Así que no sé si se retiraría…

Mi madre ha pasado por el mundo dejando una huella. Es justo lo que quiero hacer yo. Trabajando mucho para que nunca faltara nada. Durmiendo poco y poniendo al mal tiempo buena cara. Como las madres de las hadas. Y cada vez que pienso que he sufrido en la vida (ella dice que la gente como yo venimos a la vida a hincharnos a sufrir), sé que no ha sido nada en comparación con lo suyo. Porque tiene una vida de película. Como para contarla. Quizá algún día lo haga. Así que me he vuelto una optimista incurable por comparación. Y por ella. Porque cada vez que hay una crisis, ella dice que podríamos estar peor. Mucho peor.

Estoy atada a mi madre desde mi nacimiento, más de lo normal, o eso creo. Dice ella que quienes llegamos al mundo con algo de tragedia estamos abocados a hacer cosas grandes. LuLi y yo nacimos así. Dicen que también le ocurrió a Picasso. Pero mi tragedia fue que mi madre casi murió al nacer yo. Ella afirma que te mueres y no te das ni cuenta… menos mal que alguien sí que se dio cuenta. Las dos hemos visto el final del túnel. Y vivimos para contarlo.

A mi madre le gusta el té, las patatas guisadas y Leo Minax. Casi nunca comemos patatas guisadas porque no nos gustan nada ni a mí ni a la hermaníssima. Pero vamos a ver a Leo Minax siempre que toca. Y yo le relleno el frasco de las bolsas de té para que nunca le falten. No sé si se da cuenta. A veces dice que ha venido un duende o un hada a poner té y azúcar en los botes de cristal de la cocina. Pero como en mi casa siempre han pasado fenómenos paranormales, supongo que lo achaca a eso.

No sabe que soy yo. O hace que no lo sabe.

Y me hace ilusión, para qué engañarnos.

3 comentarios:

vega dijo...

si te lee tu madre eso de la evolución... te cuelga del palo mayor, por lo menos.

si lee lo demás seguro que le encanta!! es un regalo casi tan bueno como lo del té... tú celebras todos los días el día de la madre... qué bueno!

yo a la mía la veré con una semana de retraso pero tenemos su regalo envuelto encima de la mesa del comedor para que no se nos olvide meterlo en la maleta!!

besos

david dijo...

Me hacéis sentir como el capullo miserable que en el fondo siempre tengo bastante claro que soy. Yo aún tengo que buscarle un regalo, a la buena mujer.

Aunque tengo una idea coquetona al respecto, eso sí, y tiempo hasta el miércoles para sacarla adelante.

Y yo también casi me llevé por delante a la buena de mi madre al nacer.

Pero prefiero no pensar en eso y sí en lo de ser un capullo. Anda que. Ya me vale. Si es que.

hidden_angel dijo...

Jop, qué bonito. Supongo que tu madre pensará que vosotras habéis mejorado la especie pero nunca está mal recordarlas que somos lo que ellas han hecho de nosotras.
Creo que la tuya no hizo un mal trabajo así que se merece un buen regalo.
Muchos besinos y espero que estés mejor