13 abril, 2007

Y al final del cuento…

Querido Soltero de oro,
Qué extraña es nuestra realidad paralela. Se compone de constantes giros de 360 grados. Cuando giras así, la teoría dice que has cumplido un ciclo completo. Pero todos sabemos que si das una vuelta, vuelves al punto del que habías partido. Todo permanece igual, pero ha sufrido los efectos inequívocos del movimiento, del desorden, del espacio que hay que transitar para girar 360 grados.

Las tormentas dejan huellas sobre los barcos. Supongo que con las almas humanas ocurre igual. Y que casi es mejor acostumbrarse a los cambios que comporta girar noventa grados, o ciento diez. Incluso he llegado a preferir que mi vida se mueva en sucesivos giros de ciento ochenta, que lo trastocan todo, que lo dificultan, lo modifican o lo imposibilitan. Casi cualquier cosa es mejor que quedarte igual pero con más sufrimiento.

Te conocí y no eras soltero. Giraste para serlo, aunque parecía imposible. Ciento ochenta grados y la realidad más paralela, la vida más insospechada. Cuando recobraste el control de la nave, la veleta viró y te volvió a colocar en el principio del camino. Ya no eras el mismo, pero estabas en el mismo lugar existencial.

Lo mismo me ha ocurrido a mí. Decir que sigo igual que siempre sería mentira. Pero lo contrario sería una blasfemia mayor. Yo también he girado 360 grados. Como si la vida fuera una caprichosa figura de baile que no entiende de principios y finales. Supongo que aceptar ese continuum es madurar. Sin embargo, sigo sin entenderlo. No es lógico. Y, si me lo permites, no es económico. La realidad, obstinada en construirse de forma paralela: conóceme, la quería, te quiero, conócete, ya no te quiero, vuelvo a quererla.

Un giro total. Me planteo cuánto podré soportar girar sin moverme. Porque si me va a ocurrir, tengo mucho perdido y muy poco ganado. Quizá sólo gane conocer el final. Porque el final después del giro es estar como estoy ahora. Todo habrá cambiado para que todo siga exactamente igual.

Y al final del cuento, como siempre, cicatrices.

Besos,
K


La frase en cursiva… prestada de As de guía, de Tontxu…

4 comentarios:

vega dijo...

no sé... pero no creo que el giro sea un círculo perfecto nunca, quiero creer que hay avances, que la voluta empieza en otro punto diferente (volvemos a las espirales). escribí un relato hace tiempo en el que un personaje le dice a otro:

"Decidiste evitar las cicatrices, no querías cicatrices. Carne viva, todo el rato las heridas abiertas. Eso es lo que querías. Eso tuviste. Dolor autoprovocado. Supongo que pensabas que las cicatrices eran marcas imborrables. No te diste cuenta de que sólo significan heridas curadas. Heridas curadas... ¿No lo entiendes?"

y en este caso opino como mi personaje. así que las cicatrices no son malas, no son la peor opción (o incluso son la mejor opción cuando ya hay heridas)
pero espero que en vuestros cuentos esta vez no haya cicatrices y sí finales felices (dioss q rima más cutrecilla)!!

Kika... dijo...

Esto de girar y quedarte igual aunque todo sea distinto es curioso. Y todo por un email que me llegó ayer en el que el Soltero (este es un personaje de la vida real) me contaba dos historias sorprendentes en las que todo había ido girando, cambiando... para volver a su punto de origen. No sé si me explico. Si miráramos el principio y el final de la historia, son exactamente iguales. Pero en el centro han ocurrido muchas cosas, de ahí lo del giro de 360 grados.
Yo también prefiero pensar que la vida es una espiral, pero la muy malvada de la vida va y me desmiente...

Ah! Y lo de las cicatrices... estoy de acuerdo contigo. Mejor eso que la carne viva. Aunque simplemente lo constataba: después de un giro de 360 grados todo sigue igual. Todo menos las cicatrices.

Besos,
K

hidden_angel dijo...

Después de ese tipo de giros, parece que vuelves al principio. Pero no es cierto. Es sólo una sensación. Porque, mientras que tú regresabas al inicio, tú has ido cambiando por el camino y el mundo, that sonabitch of life, ha seguido su camino sin importarle nada lo que pasara contigo.
Es como estar en el principio, pero en una realidad paralela. Es como tener un giratiempo con el que avanzas pero retrocedes, mientras al resto del mundo le siguen pasando cosas. Y tú sólo tienes las cicatrices del proceso.
Besinos

((Kika))

Lui dijo...

Cada día me sorprendes más... Lo que dices me ha encantado y, cuando he leido tu post, he pensado, tengo que decir algo, pero algo muy conciso, y he pensado en hacer un comentario corto, como:

"Joder...."

o quizás

"Chapó",

pero claro, un comentario corto y lui no son compatibles.

Efectivamente, la vida es un continuo giro en el que pasas (o no, dependiendo de la velocidad de giro) varias veces por el mismo punto. Es como la moda, o como la Historia, igual siempre, pero distinta.

Pero lo importante no es el lugar dónde estás, sino qué es lo que hace que tu vida sea diferente. Y estoy seguro que en ese movimiento giratorio, ocurren o pueden ocurrir (sólo depende de uno mismo que ocurran), cosas que nos hacen diferentes (unos de otros, e incluso nosotros de nosotros mismos hace unos minutos) y sobre todo, cosas que diferencian el "vivir porque respiras" del "vivir porque vives".

Ahora estoy leyendo un libro (aun no te lo recomiendo porque lo acabo de empezar) que entre otras cosas habla sobre ello. Se llama "Aprender a fluir" de Mihaly Csikszentmihalyi. Ya te contaré.

Ayer estuve con una amiga que acaba de enfrentarse a la muerte de un familiar que tenía 29 años. Y, en estos momentos te das cuenta que muchas veces no "vivimos" porque estamos absortos en gilipolleces varias.

Lo único que te digo es que no es malo visitar una ciudad muchas veces, pero haz de cada visita algo diferente e inolvidable. No es malo regresar.... no mejor, No es malo avanzar a un sitio en el que ya has estado, pero vivelo de forma nueva y diferente. No es malo girar 360 grados, lo que es malo es revivir la historia en lugar de inventar una nueva historia. Porque lo pasado, fuera bueno o malo, pasado fue...

Besos