23 abril, 2007

Nothing is funnier than unhappiness

El dramaturgo irlandés Samuel Beckett estrenó en 1957 la obra de teatro "Fin de partie". El título es una expresión francesa que hace referencia al momento final de las partidas de ajedrez, cuando quedan pocas piezas y, por tanto, pocos movimientos que hacer. Hay que ir a ver esta obra con buen ánimo, porque reflexiona sobre los extremos humanos. O sobre nada de eso. Porque Beckett seguro que se reiría de las interpretaciones que se le dan a su obra. O eso creo…

Está por todas partes, sólo que antes no lo veía. Mejor dicho, no lo sentía, porque ahora sé que existe aunque siga sin verlo. Algo grande está esperando ocurrir. Quizá no pasaba porque yo misma no se lo permitía. No dejaba respirar a los acontecimientos porque me agarré muy fuerte de su cuello para no caer al vacío. Era un personaje de teatro que había llegado al fin de la partida.

Pero igual que en el teatro, de pronto llego a una acotación (o didascalia, que así se llaman también las indicaciones que el autor da al director y los actores) que dice, como en la obra de Beckett “un tiempo”. Pasa un tiempo, sin definirse porque es el tiempo que yo quiero que pase.

Ahora decido yo y estoy sentada en el centro. Ya he visto hasta qué punto se puede soportar el sufrimiento. O no conocemos nuestro límite o éste no existe. Y nos agarramos a lo que conocemos en el vano intento de no caer, de que nada cambie. Como animales de costumbres. Y resulta paradójico que el propio intento desesperado de mantener lo que se tiene termine por causar estrangulamientos de energía vital.

No me va a volver a ocurrir. Porque sólo si soy feliz puedo hacer felices a los demás. Porque sólo cuando me dejo llevar por mi propia energía brillo, brillan los que están a mi alrededor y no me siento como un personaje sin frases, sentada con una sonrisa estúpida en medio de un escenario vacío.

Los teatros sólo van a estar vacíos si decido no llenarlos. Las lágrimas van a brotar cuando yo decida llorarlas. Parecen haber vuelto las palabras a la vez que se han marchado las ganas de odiar.

Recobrada la insensatez (te echaba de menos),
desterrada la tristeza,
me enfrento al final de esta partida con la seguridad de que el cambio
que huelo en el aire,
que siento bajo los pies descalzos,
que late bajo el vestido que fue de mi madre cuando estaba embarazada y que yo me pongo ahora embarazada de futuro,
será para bien.

Si no, lo provocaré yo, pasando las páginas hasta encontrar el final. Y abriendo después el libro por el principio.


Me quedo con la frase que tiene el Ángel Oculto en su nick... Try again, fail again, fail better (Samuel Beckett)…

El título… una frase de la obra de teatro…

Esta noche… Lucía Caramés en Clamores (21:30h)… yo no me lo perdería…

4 comentarios:

david dijo...

Qué triste y qué vital suena eso, a la vez. Me estás recordando una canción de Anathema.

En fin, felicidades por la vuelta de la insensatez. Espero que sea de la variedad divertida. Y respecto a la tristeza, tampoco la destierres, qué culpa tendrá la pobre. Ponle un platito con leche, sécala el pelo, y con el tiempo la tendrás revolcándose por los rincones y persiguiendo moscardones a la carrera. Y suerte con los finales y comienzos de los libros.

Kika... dijo...

Tienes razón David, el texto salió de una mezcla entre esperanza y tristeza. De las ganas de morirme (metafóricamente) a las ganas de vivir.
Por lo que leo en tu comentario, no te parece algo raro. Y eso me parece maravilloso.
Besos,
K

hidden_angel dijo...

Hay veces en las que tocas fondo y cuando empiezas a asomar la cabeza y crees que no puedes tocar más abajo, la vida (que es una zorra) se ríe de ti y te empuja.
Pero la sensación de volver a sacar la cabeza, de respirar, de quitarte (o ponerte) el velo y darte cuenta de que no todo es tan malo como pensabas, que en realidad sólo tenías que aprender a mirar y a intentar ser un poco más feliz es increíble.
Me alegro de que estés brillando de nuevo. Porque tu luz es increíble.
Besinos

Kika... dijo...

Muchas gracias. Eres mi ángel.

Besos,
K