28 abril, 2007

La balada del poeta y la peluquera

Una noche de esas que empiezan casi a la hora en la que terminan, me contaron esta historia. Cuando traté de recordarla, los detalles se habían emborronado y sólo quedaban retales de recuerdo. Me dio igual, como siempre, porque soy cuentacuentos y todo lo relato doblándolo como si fuera hierro al rojo vivo de mi memoria. Ya me lo dicen todos, que los cuentos… los cuento como quiero. Como se lo conté a él, la voz bajita, los ojos de misterio, la voz a medias entre convencida de sí misma y avergonzada de la palabra futura.

Sólo recuerdo que ella brillaba en la barra del bar. Igual que las escamas de las sardinas. Quizá tenía algo de espina también, la mujer de que olía a rosa y llevaba el brillo iridiscente de las escamas.

Algo le pasaba a él, pero no lo recuerdo bien. Así que voy a rellenar los espacios de imágenes que no existen, como quien rellena grietas con cemento o silicona para amalgamar los recuerdos, para evitar que se enmohezcan. No sé si era ciego, o si le faltaba un ojo, o si se había transformado en hombre-lobo una noche de luna llena. Diré que era mago. Hacía trucos de magia de esos que se nota que son trucos, de as en la manga, de los que precisan que el público parpadee lentamente para creérselos.

No preciso quién dijo hola, porque da igual. Quien se acercó y dijo una frase sobre la primavera. Creo que fue él, pero no podría jurarlo. E insistió en hacerle un truco de magia con sus dos manos izquierdas, mal colocadas, defectuosas para la magia.

Sorpresa. Ella tenía una caja en las manos. O dentro de la cabeza, que para el caso es lo mismo. Ábrela. Y él le dijo que no tenía llave. La tienes alrededor del cuello, mago sin magia, le dijo mirando a medias el hueco de su hombro. De la caja salieron volando las esperanzas, pero sobre todo las esperas eternas de la mujer con escamas de sardina y esqueleto espinoso, de raspa brillante en un plato ajeno.

Él dijo que le daba miedo (estoy segura de este detalle). Puede que fuera su brillo escamoso, o lo que salió de la caja. Para que no tengas miedo, me transformaré en lo que quieras. Él la miró un minuto con la mirada pensativa de morderse los labios y le dijo que en peluquera de barrio. No necesito transformarme, soy la mujer sin pasado, sin nombre, sin canciones a su cargo. Desde ahora, la peluquera de barrio que te pide algo a cambio. Para mí serás un poeta maldito, y escribirás la balada del poeta y la peluquera, el poema de las tres de la mañana, de la quinta copa. Si no sabes escribir, da igual. Píntamela con tus lágrimas en la servilleta del bar.

Me gustaría recordar que todo terminaba en un reconocimiento. Que las cosas se fosilizaban en las miradas entrecruzadas del poeta y la peluquera. Pero sé que el final no era así. Que todo lo que pudieron construirse fue una casita de hielo en un vaso de tubo que duró lo que la noche que ya había terminado. Y cuando él miró a su alrededor a la mañana siguiente, la peluquera se había marchado. Sin lágrimas sobre el colchón, con el olor de su cabello aún sobre la almohada.

A él ya no le gustan las sardinas (recuerdo bien este detalle, porque a mí ya no me gustan las anchoas). Tampoco soporta el brillo de las arañas de cristal ni de las piedras preciosas. Supongo, y seguro que me equivoco, que fue por el brillo que tenía ella. O por no haber podido escribir la balada. Después de todo, no era poeta.

La pareja… la fotografía es de Robert Doisneau, y son Picasso y Françoise Gilot en 1951. Gilot fue la única mujer que abandonó a Picasso… y como venganza artística (o como cubismo llevado al extremo, qué sé yo) la retrató con la cara partida por la mitad…

Cuentos chinos… los hechos son verdaderos por definición… no como los cuentos (hay veces que me gustaría que fuera al revés)…

¿Es que no puedes soportar mirarme?... esta frase estaba en el cuento, pero no sé dónde… Es como un motor viejo, despiezado. Lo vuelves a montar y siempre sobran piezas, pero el motor sigue funcionando. Así que esta frase se queda fuera.

3 comentarios:

david dijo...

Haces que duela leerte. Llego yo con mi borrachera, con el primer chofer de mañana, el tipo que nos llevará hasta el punto donde el coche número 2 y el chofer número 2 nos recogen para irnos rumbo norte hasta que tropecemos con el mar que pille más cerca, y por las cosas de entretener al chofer número 1, al tipo que se ha pasado la noche a base de cocacolas por eso de los controles de alcoholemia, al llegar le he puesto una copa y le he puesto los videos de Bill et John, y cuando el pobre hombre, frisando la inconsciencia, ha dicho que no podía más, yo, que mañana no soy chofer, ni número uno ni número dos, sino pasajero que pretende dormir la mitad del viaje (la mitad castelana: la mitad de la que ya tengo fotos) me he puesto a visitar blogs. Quién ha escrito, quién ha actualizado. Casi nadie, es puente, es normal, pero tú, oh sorpresa, sí lo has hecho, para escribir este cuento de mago y peluquera, para dejarme sin palabras. Sí, por eso escribo tanto, porque estoy sin palabras, y lo disimulo así, escribiendo mucho, pintando el vacío, llenando de letras esta ventanita y borrando la mitad que el alcohol me hace equivocar al primer y segundo intento, hábil torpeza.

En fin. Lo voy a releer, y me voy a ir a echarme la siesta, porque para el tiempo que falta para que nos vayamos no da para un sueño normal, tiene que ser una siesta. Lo voy a releer, y me voy a ir, contento y bostezante y, lo sé, aunque no tenga nada que ver, preguntándome si habrás visto aquella película que se llamaba El marido de la peluquera.

No hay mago, pero hay peluquera. No hay trucos, pero es una historia genial. No tiene nada que ver con esto, pero es algo que me has recordado, y que vale la pena recordar.

Feliz puente, o fin de semana, o lo que toque. Chau.

Kika... dijo...

Muchísimas gracias. Doy a gracias a lo que sea por tu ataque de "horror vacui" que te ha llevado a escribir, a escribir bonito y contestar de algún modo a mi peluquera y mi poeta.
Duerme en tu viaje, la parte que puedas, y me acordaré de ti porque yo no puedo dormir en nada que esté en movimiento.
Y del marido de la peluquera... una frase (espero que sea de esa película)...
"El fracaso sólo demuestra que el deseo no fue lo bastante intenso"

Y por favor, que no te duela leerme... tengo bastante con lo que me duele escribir a veces.

Besos,
K

sandrix! dijo...

Hola Kika!!! MEnudo conciertazo el de hoy, ha estado muy bien.
Espero q esta noche disfruteis un monton y q no os acosteis muy tarde!!
Un besazo pa ti y para la hermaniiiiiiiiisima!!
;)