07 marzo, 2007

Tertulia

Este post no debería estar aquí, pero a veces se cuelan las cosas en lugares a los que no pertenecen. Sucede con frecuencia en mi vida, y especialmente en Kikel. Creo que he explicado en alguna parte que pertenecí a una tertulia, a la que siempre acudí – a falta de otro sentimiento – con escepticismo…

Kikel, armonioso pero desordenado. ¿Se puede ser armonioso y desordenado a la vez?

Creo que sí. Me he dado cuenta de que últimamente sé cada vez menos, y creo cada vez más. Se explica fácilmente: puedo ser un hada, pero mi existencia tiene poco sentido si otros no creen en la kikamagia. Para dar ejemplo, creo la primera. Creo la que más, justificando de alguna manera mi propia existencia y mi realidad paralela. Muchas preguntas.
¿Qué te preguntas, Kika? ¿Qué te respondes?

Eso me ha lanzado al terreno gris de la doxa, y no de la episteme – en griego, de la opinión, y no del conocimiento – y sin embargo, no me preocupa. Estoy segura de que mi compañero en las tertulias de La Antigua, ese que era guapo y fumaba como nadie, me miraría con conmiseración mientras pensaba en mi mundo, sin entenderlo. La ignorancia mata, Kika. Quizá también lo hagan las creencias. No. A mí me mata más lo absoluto y lo inamovible.

El guapo me habría mirado. Otra vez, con sus ojos sorprendentemente concretos. Como de científico o de economista y no de humanista-sociólogo-jurista-filósofo o algo así. Pobre Kika, la amante de las cosas diminutas, la estudiosa de lo común. La que no se guía por lo que es importante, sino por lo que le gusta. Craso error.

Quizá mi guapo de la tertulia tuviera razón. Pero ya no la tiene. Porque pisó la realidad paralela y no pudo salir de ella. Creo que ahora va por ahí estudiando algo carente de importancia. Carente de importancia para él. A mí me habría encantado, aunque no niego que quizá el objeto de su estudio seguiría siendo igual de pequeño, poco importante… común en definitiva.

Igual que aquel poema que le escribí, el que lo metió en mis realidades paralelas y lo llenó de magia diez minutos. Empezaba, aliterando la pe como si fuera el sonido de las gotas que caían por su espalda…
… pequeño poema de amor pegado a tu piel…

Al final, un poco de magia cambia casi cualquier cosa. No coloca en un plano superior ni inferior. Sólo da otra perspectiva que incluso puede estar equivocada. Poco importa. Eso ya se arreglará.

Es extraño experimentar que las cosas que ya no te duelen sólo habían dejado de hacerlo porque no las habías revivido.


La foto… me la ha cedido mi amiga Jalbi (no soy yo, es ella), experta conocedora de la fauna tertuliana…

2 comentarios:

vega dijo...

ah!! la antigua!! q tiempos, q recuerdos, q vermú de grifo!! aquella fiesta de disfraces, yo vestida de geisha, o aquel otro día con el hombre de los mil vicios que vino a hacer 24 horas de terapia conmigo y me dejó agotada... los camareros de la antigua estuvieron a punto de llamar a la policía porque pensaban que era un delincuente y yo su víctima... tu post me ha recordado las largas historias: pero como ves ni una sola tertulia trascendente, ni un sólo poema ni nada... solo la vida siendo divertida o asquerosa pero pasándome por encima en cualquier caso... y el vermú de grifo y las croquetas!!

Kika... dijo...

Las croquetas, los calamares... todo... qué bar como Dios manda...

Besos!