28 marzo, 2007

Aquí te espero

Me quedé sentado esperando la llegada de la suerte, no podía tardar.
Y pasó tanto tiempo que llegué a ver sombras en color
Y pasó tanta gente por delante que nadie me vio…

Esperando nada, Antonio Vega

El lunes por la tarde, estaba esperando a Lady K en una boca de metro. Allí había mucha gente haciendo lo mismo que yo. Nada. O mejor dicho, esperar. Cuando esperas a alguien no haces nada, pero a la vez estás haciendo algo. Esperas pero no puedes hacer otra cosa. No puedes marcharte y a la vez seguir esperando.

En ese ratito, me puse a pensar qué ocurriría si todos los esperantes o esperadores se cansaran, y decidieran poner fin a su situación de espera. Me imaginé que la gente empezaba a decir “he quedado a tomar un café… ¿alguien se viene?” o “tengo que ir a comprar una cosa, ¿me acompañas?”. Se formarían un montón de nuevas parejas.

Sería una manera de conocer gente, porque cuando llegara un esperado y se encontrara sin esperante, tendría que buscar a alguien entre las personas de la boca de metro. El sistema se prolongaría hasta el infinito, cruzando vidas y caminos. Dejando de esperar, vaciando de contenido la palabra.

Me pareció divertido. Pero no creo que la iniciativa tuviera éxito. Porque al final, si esperas es porque no te quieres ir solo. O porque quieres estar con tu esperado. Aun así, me parecía una idea divertida. Pero llegó Lady K y ya no la pude desarrollar.



Reflexioncilla (a estas horas no alcanza la categoría de reflexión)… ¿Qué pasa cuando esperar se convierte en una actitud vital?...

7 comentarios:

henar dijo...

El arte culinario es sabio: si no esperas suficiente, las fabes quedan duras. Si esperas demasiado, se deshacen. Si las cueces con prisa, se rompen, y si las haces demasiado lentas, no ligan. Hay que encontrar el tempo, el de cada un@. Pero yo, que soy experta en esperar con paciencia a que germinen las flores, creo que es mejor no convertir el hecho de esperar en una característica vital. Es un rollo.

H

pd: me ha encantado esta historia de cruce de caminos que planteas... Como metáfora, me viene de miedo, ya te contaré

hidden_angel dijo...

Las esperas te vuelven filosóficas, a no ser que sean por una llamada, en cuyo caso estás de los nervios mirando el teléfono cada dos por tres. Soy una histérica y lo de las esperas no termino de llevarlo bien. Y, como soy demasiado tímida, si alguien se me acerca con ese plan, lo mismo salgo corriendo. Pero como teoría, me parece buena. Será la siguiente revolución, después de la de los banquillos.
Besinos

Kika... dijo...

A ver...
Henar: Luego me cuentas. Hoy me voy al evento ese del que te hablé, ya te contaré...

Ángel: Ya sé que te voy a tener esperando, una espera mala de esas de llamadas. No te preocupes. Al menos te saludaré...

Besitos!!!

Lady K dijo...

Vaya, todo eso por 15 minutos y un cruce de bocas de metro, Bilbao por Tribunal. Coincido con Henar, todo tiene su tempo, porque si esperaras y esperas, y sigues esperando, desesperas, te frustras, te cabreas. Y terminas preguntándote ... y hasta te respondes, dependiendo de lo cómodo del sillón o de lo bueno del café. Yo he tenido varias esperas que me cambiaron la vida.

MoMe dijo...

Me ha encantado la idea del cruce de esperandos y esperados, me parece una idea fantastica y no la encuentro tan disparatada.
Quién espera, desespera? Esperar como actitud vital, yo siempre espero algo, por costumbre, porque si. Eso si, esperar siempre cosas distintas, no frustrarse, rotar esperas y jamas perder la esperanza...no siempre funciona pero la vida sorprende, seguro!

amenabitar dijo...

Me ha encantado este post... y no puedo pasar sin dejarte un comentario... creo que iría a esperar sin necesidad de haber quedado con nadie; me gusta ver cómo empiezan las historias, y los cruces de caminos...

p.d.- Enhorabuena por tu blog... engacha :D

Un besin

Kika... dijo...

Muchísimas gracias Amenabitar!
Aquí te estaré esperando por si vuelves...

Besos
K