30 marzo, 2007

Regálame tu suerte...

No sé si voy a poder contar bien el concierto de ayer. Yo, la cuentacuentos, llena de palabras, con dificultades de expresión. Eso es bueno, creo. Supongo que querrá decir que todavía guardo algo del concierto, que estoy respirando el oxígeno musical del jueves por la noche. He prometido que lo iba a contar. Lo cuento, aunque con la seguridad de que no voy a hacer justicia. Y eso me intranquiliza.


Ya sé que no se puede ir a un concierto preocupada por cosas que en realidad no son importantes. Pero bueno. La mente humana es así, aunque tengo que reconocer que cuando llegamos a la Galileo y vi la cola que había en la puerta se me pasó todo. De incógnito, tranquilamente, esperando. Al menos no éramos las últimas. La anticipación de días anteriores en el foro de Luis Ramiro hacía pensar que habría mucha gente. Muchísima. Pues había aún más personas de las que pensaba. Luis Ramiro cuida a su público. Se nota. Y ellos lo cuidan a él.

No me suelen gustar los conciertos de presentación de disco. Normalmente el artista se dedica a repetir lo grabado, así que casi termina dándote igual quedarte en casa con el CD puesto. Eso mismo lo dijo en algún momento Luis Ramiro. Y es cierto. Pero no había nada que temer porque en cuanto empezó el evento (o show nocturno, como diría la Dra Marta), ya nos dimos cuenta que de presentación al uso, nada. Nada de reproducir lo ya visto, o mejor dicho lo ya oído.

Los temas del disco estaban acompañados por otras canciones. Flor de invernadero al lado de El reloj. Muchos tiempos, soledades y palabras esdrújulas en la música de Luis Ramiro. Ya he dicho en alguna parte que las canciones con palabras esdrújulas me derriten. Así que me emocioné con Esdrújulo, sabía que me iba a pasar pero no pensé que ocurriría, habiendo otras canciones de amor y desamor más románticas y probablemente más propicias para la lagrimilla. Supongo que es porque esas palabritas, o el ritmo que despiertan en mí, retumba por mi interior. Algo así como las ondas que causa una piedra al caer en el agua. Me están volviendo a faltar las palabras.

Conchita subió a cantar El Arrepentimiento y hubo una versión especial de 4 estaciones con DJ Tango. Un cantautor con un especialista en música house. Y en ese momento comprendí (premio para el hada despistada de la última fila) algo más del concepto que está detrás del disco Castigado en el cielo. Tengo que admitir que la primera escucha me desconcertó. Ahora empiezo a verlo más claro. Aunque me sigue gustando más en directo. Mucho más. No me puedo olvidar tampoco de la banda, que estuvieron fantásticos. Ni de un público totalmente entregado, que cantaba todas las canciones. La sirena coreada por una sala Galileo llena hasta los topes. Humano con una proyección de una resonancia magnética de un cráneo (lo de la resonancia me lo dijeron las doctoras Cristi y Marta). Preciosas las imágenes proyectadas, que además le daban a Luis Ramiro un aura mágica, iluminada, casi mística. Y me dijeron que desde casa se vio muy bien. La retransmisión debió ser un lío, con muchísimos comentarios, Marwan conectado desde Argentina (bueno, y la hermaníssima desde casa)…

Y Los siete pecados, a capella, desde el centro de la sala (que se suba en nuestra mesa, decía Lady K). Con eso de... gula porque eres mi menú del día y lo que sobre me lo como recalentado… frase prestada que algún momento de gloria me ha dado últimamente...

Castigados en el cielo. Llenos de estrellas. Y un disco firmado con una dedicatoria imposible.

No. Imposible, no. Mágica.


No, si ya lo decía yo… he hecho el experimento de contar cuántas esdrújulas y sobreesdrújulas había en este post… y me salen diecisiete… no está mal…

Lo siento… se me olvidó la cámara…

Hoy… Ensamble Barbieri, a las 21:30 h en el Café Barbieri (Calle Ave María 45, metro Lavapiés).

1 comentario:

vega dijo...

gracias por contarlo para los que no pudimos ni estar en la sala ni siquiera verlo por central musical en directo. Mientras espero el diferido, te leo y se me hace la boca agua!!!