27 marzo, 2007

Hotel Rwanda

Hace más o menos dos veranos, estaba desayunando en La Carolina, camino de Almería, y me puse a leer un ejemplar de La Vanguardia que había en la cafetería. Siempre empiezo los periódicos por la última página, para que leerlos no me parezca una obligación.

En la contraportada había una entrevista a un ruandés (no sé si ya nacionalizado belga), gerente de un hotel. Una historia en principio sin interés, o sin importancia (¿qué hacía esa entrevista en la contraportada?)… seguí leyendo.

Paul Rusesabagina (así se llamaba el entrevistado) era ayudante del gerente en un hotel de Kigali, la capital de Ruanda, en 1994. Utilizó su astucia, sus influencias y todos los medios a su alcance para mantener a salvo el Hotel des Mille Collines y a las 1.268 personas que estaban refugiadas en su interior.

Con la historia se hizo una película, fantástica en mi opinión, que se llama Hotel Rwanda. Ayer la pusieron por televisión, la volví a ver y me volví a emocionar. Habrá gente a la que le guste, a otros les gustará menos, incluso los habrá que me recuerden la polémica que existe en la actualidad acerca de la figura de Paul Rusesabagina…

Pero no importa, porque tampoco iba a hablar de la película, sino más bien de los acontecimientos que retrata. Uno de los mayores y más rápidos genocidios de la historia reciente. De hecho, de la historia de la Humanidad. La zona de los Grandes Lagos llevaba inmersa en un conflicto armado prácticamente desde el momento de su independencia. La guerra tenía bases étnicas, pero creo que no me arriesgo si afirmo que esta no era su causa principal: de hecho, había muchos matrimonios mixtos entre hutus y tutsis, como lo era el del propio Paul. Como en casi todos los conflictos del África Subsahariana, se entremezclan el ansia por dominar los recursos naturales, las ganas de conquistar el poder y las guerras causadas por unas fronteras trazadas con tiralíneas.

Estoy aquí para mostrar el respeto de mi país a todos aquellos que sufrieron y perecieron en el genocidio ruandés.
Bill Clinton en su visita a Kigali, 1999

Todo ello aderezado, por si fuera poco, con la pobreza extrema, en muchas ocasiones el hambre, y la ausencia de acción por parte de la comunidad internacional. Es curioso cómo las Naciones Unidas habían desplegado una Operación de Mantenimiento de la Paz (OMP) en la zona. De mantenimiento. El nombre no es baladí: las OMP cuentan con armamento defensivo, y no pueden intervenir. No pueden, no está en su mandato. Su único cometido era vigilar el cumplimento de los acuerdos de paz de Arusha. Pero de poco sirve una OMP ante una situación de guerra.

Cuando la Administración Clinton llegó al poder, se me pidió que hiciera una lista de las crisis más graves a las que se debería atender […] y puse Ruanda-Burundi en esa lista. No diré quién fue, pero un alto cargo me dijo que si algo pasaba en Ruanda-Burundi, a los Estados Unidos no les importaba. Que lo quitara de la lista. Que no podíamos poner todas esas estúpidas crisis humanitarias cuando había cuestiones mucho más graves sobre la mesa.
James Woods, Vice-secretario de Defensa de los EE.UU. (1986-1994)

Las OMPs tienen otro cometido. Uno que normalmente todos olvidan. Forman parte del sistema de alerta temprana de la ONU. Este sistema debe dar la alarma ante problemas que puedan surgir sobre el terreno. Y cuando se preparaba el genocidio, UNAMIR, la Misión de las Naciones Unidas en Ruanda, tuvo noticia de ello. Sus mandos supieron que se planeaba matar a los tutsis y a los hutus moderados. Aniquilarlos, con niños y mujeres como objetivo prioritario. Los mandos de UNAMIR enviaron un telegrama a su cuartel general, las Naciones Unidas, Nueva York. El aviso decía, entre otras cosas:
Nuestro informador tiene la orden de identificar a todos los tutsi. Sospecha que es para exterminarlos. Afirma que en 20 minutos se podrá asesinar a 1.000 personas.

Y ni por esas se actuó. De hecho, se presionó en el Consejo de Seguridad para la retirada de UNAMIR. Se impidió modificar su mandato para proceder al desarme de las milicias Interhamwe (los que matan juntos), responsables de buena parte de los asesinatos. Se prohibió decir que lo que ocurría en Ruanda era un genocidio. La intervención exterior sólo llegó para evacuar a los extranjeros. Los funcionarios franceses fueron salvados, pero no así el personal tutsi de la embajada. Fueron asesinados.

Mientras tanto, en la calle las personas huían de sus propios vecinos. Pagaban para que les mataran de un tiro en lugar de a machetazos. Las tropas de UNAMIR trataban de proteger a la población sin contar con los medios para ello (murieron diez cascos azules tratando de salvar la vida de la Vice-presidenta ruandesa). Finalmente, la Operación fue retirada del país.

El resultado… 10.000 asesinatos diarios durante 100 días. Casi un millón de muertos. Cuarenta mil cuerpos fueron extraídos del Lago Victoria. Cientos de miles de refugiados. Crímenes de guerra. Genocidio en mayúsculas. Una guerra que continuó.

Me deja muy mal cuerpo. Para qué nos vamos a engañar. Por eso creo que es una buena película. Al menos para saber algo de lo que pasó. Y si se quiere aprender algo más, recomiendo el libro de Félix Vacas y José Pardo de Santayana, El conflicto de los Grandes Lagos, editado por el Ministerio de Defensa y la Universidad Carlos III.

6 comentarios:

Queens dijo...

Muchas gracias, me ha gustado saber más sobre este asunto. Si puedo leere el libro que recomiendas.

Besos

Kika... dijo...

Queens, si lo quieres te lo presto. Y si no te viene bien leerlo... una conversación con el Arquero, que lo sabe todo. Todo. Sé que su especialidad es el conflicto de los Balcanes, pero seguro que el de los Grandes Lagos te lo cuenta fenomenal. De hecho, seguro que entrará a recordarme que he cometido alguna inexactitud o lo que sea.

Por cierto Queens, ¿has vuelto ya? ¿qué tal todo, darling?

Besos y magia.
K

Lady K dijo...

Uf, me ha dejado realmente mal cuerpo.¿ Cómo podemos ser los seres humanos así? Peor que animales ...

Queens dijo...

Hola guapa, muchas gracias.Si puedes dejarmelo perfecto, asi aprovecho y leo un poco que ultimamente lo tengo muy dejado.
Ya estoy de vuelta solo era un dia de vacaciones, todo muy bien en sevilla y en lo demas tambien.
Te llamo mañana y te cuento.
Besos

VICTOR ALFARO dijo...

Aquello debió ser terrible. Terrorífico. Horroroso. Triste. Desolador. Vergonzoso. Vi la película hace un año y medio y salí del cine destrozado... y pensar que muy poquitos saben lo que pasó allí.
Por cierto, es impresionante el papel que la Radio hizo en Ruanda. Por eso me dan tanto miedo esos locutores radicales que animan al pueblo a hacer barbaridades... puede ser muy peligroso.
Besos Kika!

Kika... dijo...

Qué razón tienes, Víctor. Qué miedo daba el locutor de la Radio des Mille Collines, Georges Ruggiu, llamado al poder hutu, delatando a los refugiados...
A Ruggiu lo acusaron ante el Tribunal de Crímenes de Guerra de Ruanda (o Tribunal de Arusha), y fue condenado a doce años de cárcel por incitar al genocidio. Todo el mundo dijo que fue una condena demasiado baja, y que ello se debió a que Ruggiu era belga. Y blanco. Para que luego digan que los violentos son los africanos...

Pero no se me olvida que la radio ha hecho mucho por África. Por la educación y la información, que han llegado a muchos rincones a través de receptores de radio...

Así que, desde aquí, un beso a todos los que trabajais en la radio, alegrando, informando y educando.

Besos!
K